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Opinión
Etiquetas:   Momento de reflexión  

Padres malos = Hijos malos

Octavi Pereña
Octavi Pereña
miércoles, 9 de septiembre de 2009, 01:59 h (CET)
Un niño de 11 años es injuriado por un compañero. El agresor acostumbra a ser un malhablado que frecuentemente usa palabras groseras y que no se esconde de decirlas incluso ante sus padres. Nuestro “héroe” presume ante sus amigos que fuma, incluyendo algún porro. Tampoco se amaga de que de vez en cuando no asiste a clase y se vanagloria de mirar a escondidas imágenes eróticas por Internet. A algunos de sus amigos de clase les cae la baba oyendo sus heroicidades. El padre del niño vejado se queja al del maltractador y recibe la respuesta de que deje en paz a los niños y que se las arreglen solos. Que no interfiera en sus asuntos.

Es cierto que hasta cierto punto se debe dejar que los niños arreglen entre ellos sus diferencias y que se debe evitar un proteccionismo excesivo. Pero es una cosa totalmente distinta que un niño zurre a otro. Los padres deben velar para que sus hijos sean expuestos a lo peor que su entorno les ofrece. No deben permitir que vean cualquier programa de televisión ni todos los CDs para niños, ni iniciarlos en la pornografía permitiendo que vean imágenes no adecuadas a su edad. En defensa de su actitud laxa algunos padres afirman que no debe sobreprotegerse a los niños. Es cierto. A un niño de 11 años que todavía carece de discernimiento se le debe proteger del mundo perverso que le envuelve, de la misma manera que no se lo dejará jugando en la calle en medio de un tráfico intenso. Los padres deben proteger a los menores de los daños morales y espirituales que les puede ocasionar el ambiente turbio que les rodea de la misma manera que se preocupan de protegerles de daños físicos que les pueden ocasionar su imprudencia.

A medida que el niño crece y afirma su personalidad será capaz por sí mismo de enfrentarse a las inevitables ilegalidades morales y éticas que se dan en los otros. A los 11 años no sabe hacerlo solo. Necesita la ayuda de sus padres y de adultos fiables. Ante la evidente necesidad de ayuda, ¿cómo se puede ser indiferente a los peligros que corre si se le deja solo? ¿Cómo pueden ser tan estúpidos algunos padres que crean en la teoría que sostiene que la felicidad del niño radica en dejarle hacer lo que le plazca? Ante las evidencias, ¿cómo se puede llegar a la fatal conclusión que a ningún niño se le debe limitar acceso a Internet, que no se debe controlar a ningún niño, que a ningún niño se le debe impedir que trate irrespetuosamente a sus padres, maestros y compañeros?

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