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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Vivir de pie

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
martes, 8 de septiembre de 2009, 01:37 h (CET)
Así, como reza el título del artículo, tendremos que vivir en no demasiado tiempo, porque ya no cabemos en el planeta. Esperemos que a los gobiernos se les ocurra poner barras, para al menos poder conservar el equilibrio con el traqueteo de la realidad.

La cuestión no es un asunto menor. En los albores de la revolución industrial, hace apenas dos siglos, éramos ochocientos millones de personas y ya rondamos los siete mil. Siete mil millones de seres que precisan ropas, que comen, que preferiblemente deben vivir en casas con muebles y todo eso, que defecan, que consumen por entretenimiento, que gustan de tener coches y de irse de vacaciones a lugares paradisíacos donde los pobres les sirvan como a dioses, etcétera. Imagínese, por ejemplo, que si todos los chinos tuvieran la costumbre de usar papel higiénico cuando van al baño (si también lo tuvieran), sería preciso cada día un bosque del tamaño del más frondoso y tupido de España, además, claro, de las químicas que procesen la celulosa y tal, con la contaminación que ello conlleva. Un asunto nada baladí, ya digo. Si entramos en lo demás, pues, bueno, lo mismo pensarían de otra manera esos iluminados que creen que todo va a seguir igual porque ellos ya tienen tomadas las medidas para el pijama de madera, o aquellos otros que porque son propiedad de una ideología (donde está la olla tengo el credo) juran y rejuran que todo está de perlas.

Cierto que Dios dijo aquello de creced y multiplicaos, pero no hacía falta que fuera por un número tan grande, digo yo, porque lo hemos hecho por casi ocho y medio en menos de dos siglos. A este paso, en dos mil doscientos seremos nada más y nada menos que casi sesenta mil millones de almas. La peste, vaya. A ver qué planeta aguanta ese tirón si siendo los que somos ya comienza a escasear de todo, comenzando por lo más básico como el agua, que si no llueve a tutiplén ya veremos cómo termina Aragón y Cataluña o Castilla y Valencia con eso de los trasvases. Me da a mí que en menos que canta un gallo la tenemos liada y salimos como tres por cuatro calles.

Parece que controlar el incremento demográfico no estaría de más, aunque no por ello creo que deba recurrirse a la guerra o al aborto. La primera idea, por supuesto, les parecería la mejor solución a nuestros guerreros americanos tan amigos de fumigarse a lo que sea que camine sobre dos pies, y la segunda a l@s feminista@s pro aborto; pero quizás hay otras soluciones tan eficaces o más que no requerirían métodos tan expeditos. Una de ellas sería que todos nos hiciéramos homosexuales durante un par de decenios, reduciendo así la población a la mitad entre besos y caricias inocuas; la otra sería establecer un criterio de un solo hijo por mujer, y sin duda se obtendría el mismo resultado al mismo tiempo que algunos -pocos- podrían conservar su antinatural heterosexualidad. Yo me inclino por lo segundo, porque soy un pervertido.

Lo que a todas luces me es difícil de comprender, sin embargo, es que sabiendo que hay lo que hay, los gobiernos primen la natalidad y todo eso. A veces, sólo a veces, me da por pensar que es así porque son tan inconscientes e irracionales como parecen; pero otras, no sé, como que me da el tufillo de que no se hace nada porque ya saben a ciencia cierta de que esto no tiene remedio desde hace mucho y se ha dado el grito de sálvese quien pueda. Cuestión de simple aritmética. Mientras, no estaría de más que nos fuéramos acostumbrando a vivir de pie: cabremos muchos más, aunque alarguemos la agonía.

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