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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

El desequilibrio de las desigualdades

Marino Iglesias Pidal
Redacción
lunes, 7 de septiembre de 2009, 06:14 h (CET)
Las desigualdades, desde el momento en que no somos unidades de serie, son insoslayables, pero deberían ser equilibradas para no vivir eternamente enfrentadas.

La lucha, incruenta, de comparsas congénitos cimentada, sacando pecho en la voz y con la libertad de abanderada, contra ese bochorno social que significa la distancia abismal entre un estatus y el opuesto, es el argumento fundamental que esgrime la Confabulación Mundial, quiere ser, de Vivos – eufemísticamente Democracia -…

¡Qué digresión tan rotunda se ha impuesto en mi pensamiento! No puedo evitar el someterme a ella.

Nada más teclear el guión siguiente a “Democracia”, me fui a ver el famoso cuadro de Delacroix “La Libertad conduciendo al pueblo”, y me quedé tan enganchado, que no puedo seguir con lo iniciado. Ahora me apetece titular: “PARA FILOSOFAR SÓLO HAY QUE EMPEZAR”. Aunque, bien pensado, aun admitiéndolo como sinónimo, pero sabiendo que siempre hay matices que hacen diferentes los significados de vocablos que parecieran decir lo mismo, en esta oportunidad, creo que iría mejor “especular” que “filosofar”, mas no lo voy a cambiar, lo dejaré meramente apuntado.

Pues nada, que me quedo mirando el popular cuadro y, claro, natural, digo yo, lo primero que veo son las tetas al aire de la Libertad, y me pregunto: ¿Sería Delacroix un visionario precursor del topless? Sigo… Es una mujer robusta… Lleva el pelo estirado y recogido bajo el sombrero de manera que no oculte nada, despejado el cuello y, sobre todo, su rostro. El rostro de una fémina sofisticada que se resiste a estropear su maquillaje, evidente en el trazado de las cejas, los ojos y el color y contorneado de los labios… ¡Oño! Al abandonar su cara una miasma se perfila: la mancha peluda de la axila. No me cuadra mucho… Y sus brazos… Sus hombros… Podían ser algo más femeninos… ¡Usti! ¡No será un hermafrodita! ¡Genial! La libertad, por fuerza: hermafrodita o asexuada, en su concepto perfectamente retratada. De otra forma no sería libertad, estaría condicionada. ¿Habrá sido esa la intención del pintor?

De cualquier manera. Ahí, en el cuadro, tenemos la Libertad. Ostentosamente arrolladora. Desinhibida. Imparable… Sin embargo, no me parece que sea necesaria mucha atención para apreciar sus ojos hinchados, la dilatación y el tono sanguíneo de las aletas de la nariz y el gesto blando de la boca, signos todos ellos de un proceso, si no presente reciente, de llantina.

¿Por qué llorará la Libertad?

Para ella, atemporal, tanto el pretérito como el futuro son presente, de ahí que la respuesta, al surgir meridianamente clara, apabullante y asombrosamente fácil, nos hace absolutamente comprensible su llanto.

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