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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Réplica intransigente

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
domingo, 6 de septiembre de 2009, 08:10 h (CET)
De tal envidencia, se desprende tal ingenuidad; se hartan con la proclamación, con la propaganda, sólo eso, de que cuentan con cada uno de nosotros para cada actividad en la sociedad. De ahí lo chocante de la ingenuidad, lo creemos al segundo pantallazo televisivo. De tales silencios, por que se callan un sinnúmero de certezas; tales artimañas que brotan por todos los resquicios, mientras se silenciaban observaciones y razones, alguien tramaba. De las ausencias de argumentos, resulta que topamos con el argumento definitivo y osado en grado extremo. Es el nuevo ADALID TOTALITARIO, moderno e intolerante. Nos la metieron doblada con mil triquiñuelas y apaños, con el arte magistral del trapicheo disfrazado de concepto global. Seremos muy despreciados si no tragamos con ese único argumento multicultural ¿Cuál es su sustancia?

De muchas maneras se propaga el desprestigio de la ESCRITURA como transmisora del conocimiento. Se citan sus insuficiencias y se nombra al “Silencio de la escritura”, como un concepto ya contrastado. ¿De qué habla quien escribe? ¿Sus palabras qué grado de la realidad transmiten? ¿Qué quedó como intenciones? Se carga tanto el énfasis en las limitaciones, que casi nos convencen de la imposibilidad para reflejar de manera adecuada los hechos y circunstancias. Admitamos la compleja precisión del lenguaje y la confusa aplicación de sus términos. Reflejarlo como silencio parece excesivo; sin ser absoluto, algo aportará el texto, nos refleja un determinado contenido. Una incompletud de lo escrito no equivale a proclamar su nulidad.

Si los lenguajes utilizados se han tergiversado hasta la saciedad, se resiente sin remedio la COMUNICACIÓN. ¿De qué estamos hablando? Las palabras se confunden. Como consecuencia se acumulan las dificultades para la elaboración de un registro de datos y para una narrativa satisfactoria de la Historia. Llegados a esta falta de sintonía, nos apabullan con el “Silencio de la Historia”. Con unos matices u otros, nos vienen con otra proclamación oscurantista, la asimilación histórica es otra nulidad. No habría Historia, es lo que queramos establecer nosotros. Pasaron los eventos, se desconocen otros muchos avatares, y los métodos varian según cada historiador. Con ese estilo de prestidigitación, nos birlaron otro mecanismo para el asentamiento de los ciudadanos comunes. Nos quitaron un importante punto de apoyo.

No se paran en escrituras o historias invalidadas, siguen tirando del ramal en esa dirección. Según estos razonadores, a quién nadie debiera discutir, ya que son los oráculos modernos; el sujeto se encuentra desarraigado, ni existen lecturas de fiar, ni la Historia consigue aportaciones comprensivas de la realidad. Queda así plasmado el “Silencio de la experiencia personal”; cada individuo no estaría en condiciones de analizar una vivencias desmadejadas, volátiles e inconexas. ¿Admitiremos sin más la impotencia ante el establecimiento de conexiones útiles? Enfocamos estas manifestaciones con una credulidad asombrosa. Nos disfrazan de liberación a una TRAMPA INSIDIOSA de la que hablaremos enseguida, le dan rango de un absolutismo impresentable.

Como si el ímpetu de lo nuevo tuviera las respuestas a todas las incógnitas, lanzan denuestos contra todo aquel con la suficiente osadía para atreverse a pensar por sí mismo. Que usted tiene una creencia o una fe, ¡Cómo se le habrá ocurrido! Si le dio por la búsqueda de fundamentos para la moralidad, a pesar de los votos y de las mayorías, ¡Apúrese!, le tacharán de majadero o de peores cosas. Por decreto, han instaurado también el “Silencio o desestructuración de las religiones”. Estamos muy pobres en cuanto a demostraciones, unos y otros, aunque se recogieran centenares de firmas. Por esas razones no es factible la rotunda negación de creencias, fe y fundamentos de las religiones. A fe que les resulta incomodísimo eso de que alguien se permita insinuaciones, ideas proyectivas propias, atisbar nuevas ilusiones o esperanzas.

Las dudas permanecen. ¿Nos han estropeado el sombrajo? ¿Estamos en cueros? ¿No disponemos de ningún agarradero? ¿Somos desgraciados y desvalidos como una realidad inamovible? ¿Disponemos de otros recursos? Ante las numerosas incógnitas, encontronazos dificultosos y penurias, uno se siente abocado a la renuncia, a la muerte dulce de la acogida global; como contrapartida de la anulación personal; desde fuera nos aportarán las respuestas pertinentes, sus respuestas. Es decir, se silenciaría a cada uno como particular. Mas no consiguen revertir la TERQUEDAD BIOLÓGICA. Esta es la que se opone a la inutilización de la experiencia propia del individuo. Las tramas sociales, culturales o meramente físicas, se justifican a través del filtro de cada unidad personal; sin esas expresiones acaba eliminándose el juego global. A no ser que planteemos un mundo sin humanos.

No obstante, esta insistencia de la biología particular, el individuo es la unidad básica; se desarrolla también con una actitud nefasta. La PEREZA acomodaticia que impide la reivindicación de las áreas que le son propias a cada sujeto. Esa falta de actuación, favorece el olvido de las particularidades, quedan aparcadas. Como consecuencia viene la frustración, los sufrimientos melancólicos, los reconcomios y el sentimiento de desarraigo; un auténtico deshaucio humano. ¿Qué le queda de humano si renuncia a las exigencias particulares? J.L. Pinillos dijo, el movimiento humano es ascendente o no es nada: ni derechas, ni izquierdas, ni local, ni general. Aunque no hablaba de cotas montañosas, sino de la mejora en las cualidades. Desde fuera presionan con distracciones y engaños; pero es evidente otra constante interior, un enemigo dentro de cada persona, la indolencia que incapacita para planteamientos frente a la apisonadora foránea.

Se trataría de una réplica voluntaria que reúne varios condicionantes. Desde muy pequeñito, en las sucesivas edades, se nos mantiene abierta la posibilidad de contestación. Ahora bien, disponemos también de muchas otras oportunidades, silencios, ocultamiento, otras preocupaciones, anhelos inconfesables, dinero, posición social, o cualquier otra. Como mínimo se nos presenta una TRILOGÍA REPLICANTE de adhesión voluntaria. La más negativa de los que no tienen ganas, sapiencia, ni argumentos para tomar posiciones particulares. Hay un grupo numeroso de indiferentes, no se inmiscuyen, no participan en las controversias; si bien suelen apuntarse prestos a las protestas. Con un tercer componente, quienes piensan y manifiestan sus ideas, proyectos, razones; con un éxito variable según el ámbito donde se manifiesten. Con un respeto para cada posicionamiento, quien replicó con sus argumentos será quien pueda exigir con más propiedad.

Sin una respuesta digna, no estaremos presentes, sencillamente. El maná llegó sólo una vez. Si nos agreden con problemas, violencias, leyes sectarias, o nos envuelven en un revuelto de seres anónimos; ante un muestrario tan feroz y extenso, el mejor recurso, ¿El único?, es la INTRANSIGENCIA INTERNA que mencionamos hoy. ¿Sin ella, cómo se generará una respuesta enérgica?

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