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Etiquetas:   Buñuelos de viento   -   Sección:   Opinión

La misión de paz de Afganistán no es una guerra

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
sábado, 5 de septiembre de 2009, 08:09 h (CET)
A veces los hechos son puñeteros. Te vas a Afganistán a llevar paz a espuertas y van los afganos y te atacan durante seis horas. Te vas a Afganistán a sonreír mucho y van los afganos y te mandan unos pepinazos del copón de oros. Te vas a Afganistán a estrechar manos y van los afganos y se te quedan con el brazo. Y es que los afganos no tienen la suerte de conocer las bondades, el optimismo y la hermosa palabrería de la Alianza de las naciones zapateril.

A Zapatero le he alabado siempre, la de bofetadas dialécticas que he recibido por ello, que nos sacara de la guerra injusta, troglodita y chapucera de Irak. Pero entonces se sacó de la manga la guerra de Afga... Quiero decir que fuimos a Afganistán en misión de paz, a llevar mantas, a curar a los afganos (y a las afganas, claro) y a ganárnoslos con nuestro buen rollito para que los talibán no se adueñasen del país y nos montasen la tercera guerra mundial. Éramos la versión del siglo XXI de Sor Citroen, vaya.

Zapa nos vendió aquello como una ocasión, como otra no vieron los siglos, de solidaridad, de amistad, de entendimiento internacional y nos dijo que nuestros soldados eran unas almas de la caridad tras cuyas pisadas iban besando los afganos (y las afganas). Como es habitual en él nos colocó su palabrería vana y huera y vacía y sin sentido para al final meternos en un follón de no te menees. Follón en el que a lo peor como occidentales nos corresponde estar, no lo niego. Pero, insisto, no es esto, el mundo de Yupi que nos vendió Zapatero. Zapahuero.

Ya habíamos dejado algunos muertos (“Víctimas del terrorismo” se empeñaban en decirnos con el lenguaje políticamente correcto del momento) por los caminos polvorientos y dejados de la mano de Alá de Afganistán, pero nunca habíamos estado seis horas bajo el fuego talibán. Estar siendo atacado seis horas y terminar sin bajas, causando trece muertos al enemigo, supone una grandísima preparación profesional de nuestros militares. Y militaras. No, “enemigos” no debemos decir, llamémoslos... “contrarios”, que es más correcto.

Me ponen a mí seis horas simplemente a mirar por la ventana y termino de los nervios. Seis horas seguidas son muchas horas para mirar por la ventana o para ver a la vecina en bikini. Lo largas que se tienen que hacer seis horas seguidas sirviendo de blanco al enemigo. Bueno, al enemigo no, que hemos quedado en que aquello no es una guerra. ¿O sí?

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