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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Los acaudalados

Ángel Morillo (Badajoz)
Redacción
viernes, 4 de septiembre de 2009, 05:47 h (CET)
Un déficit público que aumenta de manera vertiginosa y alcanzará una cifra cercana al 10% para final de año (unos ciento veinte y un mil millones de euros, que mejor no traducir a pesetas…, escrito ocuparía menos que en guarismo) ha hecho que el Gobierno se replantee una subida de impuestos antes de que la ruina total no tenga remedio.

Se dice que subir impuestos no es socialista, pero uno piensa que subírselos a los que más tienen si lo es y, desde luego, lo que no es socialista en absoluto es suprimir los que afectan a los ricos y poderosos y a las clases privilegiadas como es el caso del impuesto de Patrimonio “derogado” -con el más que beneplácito de la oposición de derechas- y que ello suponga poner en entredicho el mantenimiento de la protección social.

Mas, como las rentas bajas ya no son bajas sino que, con las previsiones de más de cinco millones de parados ya mismo, estarán casi desaparecidas y no se las va a poder “ordeñar” más –las ubres están secas- hay que tirar de las rentas de los que más ganan y de los anteriormente citados, los ricos y poderosos y los privilegiados.

En esta ocasión parece ser que no hay disyuntiva entre cobrarles más a unos –los de siempre, los que menos tienen- o a otros -los que apenas ponen nada y dudo que, aún así, esta vez lo hagan- porque, como he dicho antes, en las faltriqueras de los primeros sólo queda calderilla.

Por una vez (habrá que hacer una cruz si cuaja, claro) el Gobierno socialista ha anunciado, tratando el tema, que suprimirá las ayudas de los 400 € del IRPF y los 2.500 € del cheque “bebé” para todas las rentas que superen los 24.000 €/año, como pudiera hacer el año próximo con la deducción por vivienda. Y, obviamente, “Los Acaudalados” han puesto el grito en el cielo, pues, como es bien sabido, son acérrimos de las ayudas universales.

Si, como parece, hay mucha más gente que no llega a los 1.000 €/mes (unos 18,3 millones de trabajadores) y queremos que mejore el consumo que es lo que puede traer empleo, es a estos a los que hay que excluir de cualquier subida de impuestos y de suprimirles cualquier ayuda. La supresión de ayudas y la modificación del IRPF debe comenzar cuando la unidad familiar supera los antedichos 24.000 €/año y, apurando un poco, excluyendo de Renta a los que no llegan a 16.000 €/año, que, por cierto -¡qué vergüenza!- son casi todos los trabajadores extremeños “desgraciadamente”.

No hay que olvidar –el Gobierno no debe olvidar- que si quiere que los que más ganan y los que más tienen contribuyan al Estado del Bienestar (aunque sólo sea del suyo y de unos pocos más -los trabajadores llanos sólo queremos que se preserve nuestra dignidad-) tendrá que modificar el IRPF y hacerlo más justo; deberá cambiar o “eliminar” eso de las sociedades de capital variable (sicav) por las que los más ricos sólo pagan el 1%; variar el tratamiento fiscal de los deportistas de élite; transformar la legislación sobre Sociedades (anónimas y limitadas) y la Ley de Módulos de los Autónomos; mutar la legislación bancaria (de la Banca mejor no hablar); perseguir el fraude fiscal –de los de “arriba”, no como ahora se hace- y la economía sumergida y avanzar en la fiscalidad medioambiental; suprimir sin más un buen número de Cargos, Altos Cargos, Personal de libre designación, Asesores, etc. y revisar sus emolumentos que son, en algunos casos, escandalosos. Y, sin la menor duda, recobrar el Impuesto de Patrimonio, pues las mansiones, los chales y muchas cosas más no se las pueden llevar “Los Acaudalados” a Mónaco o a las Islas Caimán.

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