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Los talibanes de la Ciencia

Ángel Ruiz Cediel
Redacción
jueves, 3 de septiembre de 2009, 03:52 h (CET)
La Ciencia nació para explicar la existencia y el universo sin precisar recurrir a Dios o a la fe y huyendo del fanatismo religioso imperante que solía hacer chicharrón con quienes contradecían sus postulados; sin embargo, la Ciencia se ha convertido a su vez en aquello que tanto odiaba, y es ya, si no una religión, lo más parecido que podría llegar a serlo. Cuenta con su clero, tiene sus liturgias y no le faltan sus dogmas, e incluso se complace en sacrificar a quienes, aun siendo científicos titulados como ese clero, discrepan o contradicen los postulados oficiales. Si algún científico no es evolucionista, pongo por caso, o sostiene la existencia de la energía libre o niega el Big Bang, sencillamente es denostado con una furia y un resentimiento que en nada desmerece a los clérigos talibanes de la Inquisición. Y, cosa curiosa, tiene mucho más visos de ser cierto el creacionismo, la realidad de la energía libre y la falsedad absoluta del Big Bang que los criterios oficiales.

La Ciencia creó su método infalible, pero siempre ha fracasado en casi todos sus principios. Es más, no hay ni uno que haya soportado el paso del tiempo, y siempre ha terminado por llegar un científico osado, al menos lo bastante como para mantenerse en sus trece y soportar las persecuciones de los oficialistas, que ha desdicho lo que se tenía por dogma científico. Ahí tenemos a Copérnico, a Newton y a tantísimos otros cuya relación somera es imposible. Nada ha sido más efímero que un dogma científico; pero es que, además, sucede lo mismo con las absolutas certezas que hoy sostienen su chiringuito, y hacen falta baldes y baldes de agua para tragarse lo de la materia oscura, lo de la energía oscura, lo de la sopa primordial y la santa madre del Misterio, confirmando que la Ciencia se ha convertido en una mera y absurda religión, porque ni siquiera tiene un dios de chicha y nabo que llevarse a los rezos.

Negaron el calentamiento global, y aquí tenemos los resultados. Hoy, claro, nadie lo hizo, pero basta con tirar de hemeroteca. Lo mismo sucede con el Big Bang o el evolucionismo, que no se soportan ni con estructuras de hormigón armado. Háganse una idea de que para que por azar se generara la más simple de las proteínas que permiten la vida, serían estadísticamente necesarios unos cientos de miles de millones de años más de los que tiene el universo; de modo que imagínense qué no sería necesario para que se crearan todos los elementos precisos para la vida —incluso los más complejos, compuestos por decenas de miles de elementos en secuencias extremadamente precisas—. Pero la Ciencia sigue negándolo, sosteniéndose en un absurdo erre que erre.

Lo peor del caso, es que la energía libre no sólo existe, sino que hay miles de ingenios funcionando día y noche suministrando energía, y nadie los hace el menor caso. ¿La razón?...: contradicen el Primer Principio de la Termodinámica. Pero funcionan, seguramente porque no saben leer o porque lo que diga ese principio no les importa demasiado. Desde Tesla para acá —y es más que posible que mucho antes—, la comunidad científica, o los señores a los que sirven, no sólo han impedido por todos los medios que esta tecnología viera la luz para bien general de toda la especie, sino que con su actitud han favorecido este sistema predador y contaminante que nos conducirá a todos —también a ellos— a la extinción, porque las energías actuales están en manos de unos pocos desalmados que harán todo lo necesario para que quien quiera usar energía pase por caja.

Muchas y muy sólidas son las razones para replantearse la operativa de la Ciencia misma, pero la que personalmente más me atrae es la que contradice su postulado fundamental de que toda existencia es debida al azar y la evolución es debida a la adaptación de la vida al medio. Por ahí, fracasa lo primero en que desde aquella sopa primordial que mencionan, sin tener por qué los quarks buscan la manera de formar partículas; las partículas, átomos; los átomos, moléculas; las moléculas, compuestos; y los compuestos, vida, todo ello orquestado magníficamente por una mano o una mente incognoscible, pero evidente, porque ninguno de esos elementos tendría necesidad de nada de todo ello. Lo segundo, que me parece aún más sublime, es la que reza la cuestión de la adaptación, de donde nacería la inteligencia como método principal de supervivencia, derivando después en Ciencia y Tecnología; sin embargo, aunque casi todo se puede explicar por ese método, queda pendiente el asunto del inútil arte, y de alguna parte hubo de venir. El arte, sea pintura, literatura, escultura, etcétera, es la prueba más evidente de que la vida es algo más que carne. Es más, es lo que define la vitalidad de una cultura, de un pueblo o de una especie. Lo demás, son mandingas.

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