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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

Violencia juvenil

Octavi Pereña
Octavi Pereña
miércoles, 2 de septiembre de 2009, 06:29 h (CET)
Los recientes hechos ocurridos en Isla Cristina y Baena, en los que dos grupos de adolescentes en los que había menores y que violaron a dos menores, ha impulsado a la fiscal de menores de Sevilla, Auxiliadora de la Rosa, a decir. “Ya nos gustaría a todos saber lo que está pasando”. La fiscal cree que los chicos le dan muy poca importancia a la sexualidad: “sorprende que le hayan perdido el respeto, quizás porque forma parte de lo cotidiano”, porque no son conscientes de la gravedad de sus actos.

Ante el incremento de la violencia infantil y juvenil pocos son los que dudan en considerar la situación de fracaso social, lo cual hace que unos enfaticen la necesidad de endurecer la represión cambiando la Ley del Menor , mientras que otros insisten en que es necesario mejorar la educación.

En el debate que se ha abierto respecto al tema hay unanimidad en reconocer que la sociedad en conjunto fracasa a la hora de transmitir a los más jóvenes valores que favorezcan el respeto al prójimo y, en concreto a la mujer. En este sentido se responsabiliza conjuntamente a la familia, la escuela, los medios de comunicación, los amigos, a la hora del fracaso en transmitir valores que socialicen.

Una sociedad de trastornados, ¿qué valores puede transmitir? El Dr. Luís Lázaro dice no es que no tengan valores, sino que “tienen los que les hemos transmitido los adultos: deseo de satisfacción inmediata, tolerancia a la violencia y falta de respeto”. Si nos fijamos en las noticias que reflejan el estado en que se encuentra la sociedad adulta vemos que abundan los hechos que en parte por mimetismo los chavales reproducen. Silvio Berlusconi es un modelo destacado del mal ejemplo que los adultos impartimos a niños y adolescentes por lo que hace al comportamiento sexual.

En los dos delitos que comentamos los agresores han actuado en pandilla porque se estimulan mutuamente a hacer el mal. En el libro de Proverbios, Dios, presentándose como si fuese un padre que avisa a su hijo del peligro que correr, dice: “Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, y no desprecies la dirección de tu madre……Hijo mío, si los pecadores te quieren engañar, no consientas. Si dicen: ven con nosotros, pongamos emboscadas para derramar sangre, espiemos sin motivo al inocente” (1:8,10,11). Como vemos el problema de la violencia juvenil lo arrastramos desde hace siglos. Esto no es motivo, pero, para que los padres desechen la responsabilidad que pesa sobre ellos de educar a sus hijos. Proverbios apela a esta responsabilidad: “Instruye al niño en su camino, y aún cuando sea viejo no se apartará de él” (22.6).

La infancia y la adolescencia se caracterizan por la falta de madurez: “La necedad está ligada en el corazón del muchacho, pero la vara de la corrección la alejará de él” (22:15). En Proverbios hallamos diversas referencias a la vara como instrumento de disciplina, pero también se encuentran en la Biblia otras que nos alertan a que nos excedamos. Martín Lutero, el conocido reformador alemán del siglo XVI, en su infancia sufrió los excesos disciplinarios de su padre. En la madurez dijo. “Ahorra la vara y arruinarás al niño, esto es verdad, pero al lado de la vara ten una manzana para dársela cuando se porta bien”. Corregir sensatamente es lo que con urgencia hace falta aprender a hacer. Si en épocas pasadas se dieron excesos de disciplina, hoy nos hemos ido al otro extremo: se ignora lo que es disciplinar y se ha perdido el valor educativo que tiene cuando se hace con sensatez.

El conocido siquiatra Luís Rojas Marcos nos advierte. “La simiente de la violencia se siembra en los primeros años , se cultiva a lo largo de la infancia y el fruto maligno se recoge en la adolescencia”. Ante los acontecimientos que comentamos, que por cierto no son aislados, muchos se preguntan: ¿Qué hemos hecho para llegar hasta aquí? En vez de hacernos esta pregunta nos hemos de hacer esta otra: ¿Qué no hemos hecho para llegar hasta aquí? Para algunos lo que nos ha llevado hasta aquí es el concepto hedonista de la vida que exige la satisfacción inmediata de cualquier deseo sin importar el coste y el daño que se pueda hacer a otros. Se ha llegado al concepto hedonista de la vida por haber abandonado a Dios. Esto es lo que no se ha hecho: tener en cuenta a Dios. El resultado de este olvido salta a la vista. Pero el Señor Jesucristo espera que nos volvamos a Él para enderezar lo que se ha torcido y corregir el mal que hemos hecho.

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