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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Por qué debemos permanecer en Afganistán

Marie Cocco
Marie Cocco
miércoles, 2 de septiembre de 2009, 06:07 h (CET)
Nunca olvidar, rezan las pegatinas de los coches, que a menudo llevan la imagen de las Torres Gemelas humeantes superpuestas a las barras rojas y blancas de la bandera.

Pero nos hemos olvidado. O por lo menos nos hemos olvidado de que los ataques terroristas perpetrados el 11 de septiembre de 2001 exigieron que fuéramos a la guerra en Afganistán.

Esta guerra vuelve a prender, y cada día parece superar alguna cota nueva - la del mayor número de muertos de las fuerzas estadounidenses e internacionales, un recuento de las bajas norteamericanas que hace de agosto el mes más letal. El cansancio de la opinión pública se recrudece. La CNN ha descubierto recientemente un acusado descenso del apoyo al esfuerzo bélico. El Washington Post descubría una opinión más preocupante: una pequeña mayoría dice ahora que la guerra de Afganistán no valía la pena.

Esto es alarmante, e inexplicable.

En menos de dos semanas, la fosa polvorienta del Bajo Manhattan que ahora es una obra volverá de nuevo a ser terreno sagrado, mientras las familias de los muertos se reúnen en lo que es, para la mayoría de ellas, la tumba de sus seres queridos. Nueva York volverá a escuchar el sonido triste de las gaitas, y la ciudad guardará silencio mientras se leen uno a uno los nombres de los fallecidos. La ceremonia en el Pentágono será menos pública, pero no menos conmovedora.

A menudo he sentido rechazo hacia la politización del 11 de Septiembre, y hacia cualquier iniciativa de cualquiera de los partidos políticos por sacar réditos de su conmemoración. Tal vez ahora, sin embargo, necesitemos este recuerdo, porque muchos olvidan.

Se olvidan de porqué estamos en Afganistán - porque fue allí, en un país distante de pobreza, enfrentamientos tribales y hostilidad histórica hacia los extranjeros que se permitió que echara raíces una red terrorista sofisticada, que floreciera y que tramara el espectacular ataque. Afganistán es hoy una vez más como un avispero.

Que George W. Bush echara a perder el esfuerzo es trágico. El ex presidente engañó a la nación en la creencia de que la invasión de Irak era necesaria para la lucha contra el terrorismo, y dedicó más recursos a la guerra allí de los que dedicamos a la crucial guerra de Afganistán - un error histórico.

Pero no es excusa para cometer ahora otro error catastrófico.

El flaqueante apoyo de la opinión pública al esfuerzo de Afganistán, afirma el experto en terrorismo de la Universidad de Georgetown Bruce Hoffman, es consecuencia de la distracción de Irak y el hartazgo de la opinión pública con la guerra. "Combine eso con la crisis económica, el hecho de que no ha habido un ataque grave desde el 11 de Septiembre, y la sensación de complacencia se instala - que vicia las lecciones del 11 de Septiembre", decía en una entrevista.

El Presidente Barack Obama prometió durante su campaña reorientar los recursos estadounidenses de Irak al esfuerzo por arrebatar Afganistán del férreo control de los Talibanes y de las garras de la pobreza, la corrupción y la anarquía regional que permitieron que Al-Qaeda hiciera del país un refugio. Abandonar la estrategia naciente de Obama allí antes de ver si puede funcionar es una locura.

Y sería una traición.

Los Demócratas activistas de izquierdas que dieron a Obama la candidatura presidencial Demócrata el año pasado basándose en su oposición a la Guerra de Irak son los que se están agriando más rápidamente con Afganistán, según las encuestas. En mayo, un primer indicador del descontento izquierdista emergía cuando la Cámara votaba una legislación de gastos de guerra a la que 60 congresistas - Demócratas izquierdistas en su mayoría - se opusieron. "No creo que el presidente pueda asumir que va a tener el apoyo del pueblo estadounidense en Afganistán", dice Lee Hamilton, presidente del Centro Internacional Woodrow Wilson y ex miembro del Congreso de Indiana. La disidencia en la Cámara, según Hamilton, es una "clara señal de peligro".

Obama viene escuchando muchas quejas - alguna de ellas a mí - entre incondicionales que están molestos con el curso de la legislación sanitaria, su política con los detenidos y otras cuestiones. Estos problemas se desvanecen cuando se ven en el contexto de un fracaso en Afganistán y un Pakistán más problemático que podría surgir de una retirada precipitada de América.

"Puede argumentar que estamos muy implicados, que estamos en medio de una empresa quijotesca - salvo que aún hay al-Qaeda", dice Hoffman. "Si no tenemos éxito - y el éxito para mí es la estabilización de Afganistán y la consolidación de Pakistán - nos enfrentamos a otro 11 de Septiembre".

Obama tiene que sacarnos de nuestra complacencia, y pronto. El fanatismo de la administración Bush fue repulsivamente político. Pero a veces tenemos de qué asustarnos realmente. Si hemos aprendido algo del 11 de Septiembre, debemos entender que el momento ha llegado.

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