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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Presentándoles a "Moscatel", un toro condenado a muerte

Julio Ortega Fraile
Redacción
martes, 1 de septiembre de 2009, 15:51 h (CET)
Me gustaría que conocieran a Moscatel. Tan dulce nombre es el de un toro cárdeno oscuro, de cuatro años y medio de edad, que pesa 540 Kgs. y que va a morir el 15 de Septiembre, pero él, por suerte, permanece ajeno a tan estremecedor y próximo destino. Se lo traigo aquí porque creo que es honrado y necesario que sepan de su existencia. Moscatel ya ha sido presentado a sus verdugos, los lanceros de Tordesillas, muy satisfechos de ver al fin encarnado un deseo alimentado durante todo un año, que es el tiempo que ha transcurrido desde que en 2008 dieran muerte a Valentón, la hasta dentro de muy poco última víctima de la tradición del Toro Alanceado. Y digo que este animal merece salir del anonimato en el que permanece sumido más allá de determinados círculos taurinos, porque si el resto de los ciudadanos hemos de cargar con la justa vergüenza de ser cómplices en esta salvajada cometida en nuestro País, tengamos al menos la valentía de ver cara a cara a aquel de cuya tortura y muerte somos todos responsables, y no nos escudemos después en la cobarde disculpa de la ignorancia.

Lo de "cara a cara" es sólo una expresión - hecho que sin embargo no resta validez al conocimiento de esta realidad - porque lamentablemente no puedo mostrar aquí ninguna imagen de este ejemplar al que tan pocas horas de vida le quedan, ya que si lo hiciese tendría que utilizar alguna de las fotografías que aparecen en la Página del Patronato del Toro de la Vega, a las que no se han olvidado de incluirles un logo perteneciente a esta pavorosa Fundación para que a nadie se le ocurra emplearlas sin su consentimiento, so pena de una más que probable denuncia por su parte. Ya lo ven, ellos son así, capaces de arrebatarle la vida a un ser vivo lentamente, viendo como se desangra y recreándose en su inmenso miedo y en el padecimiento físico atroz que le procuran; la agonía de un toro les colma de placer, pero no toleran que alguien se atreva a "robarles" una imagen. ¿Recuerdan a Juan Lado, el que mató a su pastor alemán a palos sin saber que estaba siendo grabado y luego interpuso una demanda al Grupo Musical Lyvon, alegando que habían dañado su imagen?. No sé por qué, pero me ha venido a la mente en estos instantes.

Moscatel nació y fue criado en una "fábrica de condenados a muerte". En esta ocasión en la "prestigiosa" Ganadería de Victorino Martín Andrés, donde a los animales se les prepara desde su primer minuto de existencia para servir de carnaza a los más atávicos instintos que habitan en el hombre, aquellos a través de los que da rienda suelta a su violencia, que son la expresión de la profunda crueldad a la que es capaz de llegar el ser humano - el animal superior gracias a su racionalidad - cuando la víctima no es él, sobre todo si disfruta del amparo legal para ejercitarla y en este caso así es, pues esta nauseabunda costumbre goza del beneplácito y hasta del imprescindible apoyo mediático y económico de la Administración.

Este animal, durante el lustro escaso que ha pasado en el corredor de la muerte, en alguna de esas dehesas que sirven de argumento para que los ganaderos de toros de lidia proclamen a los cuatro vientos su comprometido ecologismo, habrá sido sometido a tientas para determinar cuál iba a ser su destino. En un proceso de selección siempre abundante de dolor y que no pocas veces finaliza con los pitones del eral partidos o con alguna de sus patas rotas, estos hermeneutas del sufrimiento aprecian el estilo, la embestida, la soltura, el empuje o la fuerza, entre otras características estudiadas en la criatura durante esta siniestra evaluación, para determinar tanto el uso que se les va a dar como la idoneidad de la vaca que los ha parido, sustituyéndola por otra si la mansedad de los torillos no les convierte en aptos para este turbador negocio. Y luego nos dicen que el toro de lidia se extinguiría de no ser por las corridas, cuando su existencia es debida a un continuo experimentar con seres vivos desechando a aquellos que no reúnen los requisitos mínimos exigidos. No se trata más que de la alteración de una especie por intereses económicos y no es el toro lo que desaparecería sino los beneficios de los ganaderos, pero claro, es mejor disfrazar con embustes el verdadero motivo para hacer más vendible su continuidad.

En función de estas inquietantes sesiones, Moscatel podría haber sido elegido para ser toreado en alguna plaza de primera y embadurnar con su sangre el traje de José Tomás, a la par que engordar el ego y la cuenta corriente de este matador ganador de una Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes. También hubiera podido acabar en algún ruedo de inferior categoría, donde tras afeitarle los cuernos y ser debilitado de forma inmisericorde antes de la corrida, serviría para que algún diestro poco hábil ofreciese a la afición la ración de morbo y de sufrimiento que ésta demanda. Igualmente y a tenor de sus condiciones, pudiera ser que todavía novillo, se emplease como objeto de entrenamiento para novilleros adolescentes recién salidos de alguna Escuela de Tauromaquia, y que su agonía en la arena se hubiese multiplicado y prolongado por culpa de la impericia de estos matarifes púberes, como hemos podido comprobar hace bien poco en las noches taurinas celebradas en Valladolid. A veces, considerados inválidos para la lidia cara al público, su final es ser toreados a puerta cerrada, lo que es acáso más terrible, puesto que no hay más testigos que aquellos que defienden a capote, espada, banderilla y puñal la vergonzosa "Fiesta" y no serán estos, seguro que no, los que vayan a privarle al toro de cualquier episodio de salvajismo adicional que tenga lugar durante esas prácticas en las que nadie ajeno puede comprobar qué es lo que allí ocurre.

Y por último, aparte de aquellos destinados a sementales o los que por no reunir los requerimientos mínimos para ser “asesinados” a cambio de dinero son directamente sacrificados, quedan los que como Moscatel, son vendidos a los ayuntamientos para ser torturados durante cualquier festejo con la disculpa de celebrar unas jornadas en honor a alguna virgen o santo. Toros que embolados, alanceados, ensogados o acompañados de cualquier otro adjetivo estremecedor, son en definitiva toros martirizados para que algunos ciudadanos se diviertan, unos cuantos hagan caja en sus negocios y también para que los equipos de gobierno locales, ofrezcan la dosis de crueldad que determinados ciudadanos exigen a cambio de asegurarse su apoyo electoral.

Ese es el pasado a menudo doliente de Moscatel y su trágico y ya efímero presente. El futuro no existe para él; dentro de tres semanas saldrá al campo en Tordesillas, “Campo del Honor” lo denominan, donde le esperarán cientos de lanceros, unos caminantes y otros jinetes, pero todos con un mismo objetivo: atravesar con su lanza el cuerpo de este toro. Su agonía, de interminables minutos o de horas eternas, dependerá de la habilidad de esta horda embrutecida pero en cualquier caso, la agonía y el miedo de Moscatel están garantizados, así como su muerte atroz en nombre de una tradición repugnante que algunos elevan a la categoría de sagrada.

Tal vez sea por la cercanía de ese ignominioso martes de Septiembre, pero los aficionados a ver como el Toro de la Vega sufre, mientras limpian de sus lanzas los restos de la sangre seca de Valentón para teñirlos de la todavía fresca de Moscatel, a medida que llega la fecha van llenando sus bocas de aberrantes justificaciones para esta salvajada, al tiempo que arremeten cada vez con mayor vehemencia contra todos aquellos que expresan su rabia, su dolor y su incredulidad por la pervivencia de esta muestra de saña y de encarnizamiento catalogada de interés turístico. Ante todos estos, los que ven en el Toro Alanceado cultura, arte y diversión, es donde Moscatel ha sido presentado y probablemente ninguno de ellos, ha sentido el menor asomo de compasión o de vergüenza por saberse partícipe de semejante demostración de cobardía y de vileza. Nadie de los allí presentes, se habrá parado a pensar que este animal siente el dolor igual que lo haría un ser humano.

No faltarán aquellos que en su descargo, aseguren que de todos modos este toro habría acabado en el matadero. Sin entrar ahora en el espanto que tan a menudo encierra todo el proceso de la ganadería destinada al consumo, parece que se olvidan - o quizás los evitan de forma consciente - de dos aspectos que no pueden ser en modo alguno ignorados: lo profundo y prolongado del terror y del sufrimiento del toro durante esta macabra ceremonia, así como lo aberrante de que su celebración sirva de motivo de alegría para unos cuantos hombres y de enseñanza para los niños allí presentes, muchos de ellos soñando con tener la edad para convertirse en lanceros y alentados por sus padres. La muerte del animal les trae sin cuidado y no es la inevitabilidad de ese hecho una razón para excusarlos, sino que a su absoluto desprecio por la vida del toro, se suma lo que realmente les entusiasma: la oportunidad de ser los que acaben con su existencia y de experimentar el placer que les causa saberse dueños y señores de esa desvalida criatura, pudiendo descargar sobre ella sin mayores consecuencias que el reconocimiento de sus pares, toda la ira que les atenaza las entrañas y que ha adormecido en ellos cualquier atisbo de sensibilidad y de compasión. El de Tordesillas es un peldaño muy alto en el embrutecimiento del hombre.

Ya saben quién es Moscatel y espero que el 15 de Septiembre, a las once de la mañana, estén en la cama, en su coche, en el trabajo o en la playa, les venga a la mente la certeza de que en esos instantes, este toro cuya imagen, todavía vivo, pueden contemplar en la Página del Patronato del Toro de la Vega, comienza una sórdida carrera inexorablemente perdida, por escapar del acoso y del sufrimiento. Mientras a esas horas el corazón de aquellos que ahora están leyendo esto seguirá latiendo, recuerden que el de este condenado a muerte empezará a apagarse, que su cuerpo será una masa sanguinolenta cubierta de heridas, que intentará respirar pero el aliento le faltará mientras su vida se derrama por las múltiples hemorragias y que al fin, vomitando sangre, morirá ante las miradas impasibles a su padecimiento de la turba allí congregada para firmar ese crimen. Los lanceros satisfechos, Victorino Martín con más euros en el bolsillo, el Ayuntamiento y la Junta de Castilla y León con la labor cumplida, el Patronato del Toro de la Vega con nuevas fotografías para incluir en su Página y Moscatel, a formar parte de la ya tan extensa lista de toros asesinados en Tordesillas, donde comenzarán a pensar en el Toro Alanceado de 2010.

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