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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Cómo se puede triunfar en Sanidad

E. J. Dionne
E. J. Dionne
martes, 1 de septiembre de 2009, 05:29 h (CET)
El Presidente Obama aún está a tiempo de garantizar una importante legislación sanitaria este año si aprende de sus errores en los últimos meses y dedica más tiempo a recordar a los estadounidenses porqué tuvieron apetito de cambio fundamental una vez.

La Casa Blanca perdió de vista la necesidad de realizar una argumentación clara de que la reforma proporciona beneficios concretos a los asegurados, así como a los que no tienen seguro. En ausencia de un conjunto coherente de argumentos por parte de los reformistas, los partidarios del estatus quo llenan el vacío - a menudo con mentiras descaradas.

El gobierno también dio señales contradictorias y confusas sobre su postura en materia de la opción pública. Esto provocó un gran revuelo en la izquierda y magnificó el papel que juega la opción pública en el debate público - que, paradójicamente, es exactamente lo contrario a lo que tenían previsto los lugartenientes de Obama.

Y sus ayudantes no preveían hasta qué punto se cargaría el ambiente en el Senado, donde Max Baucus, el presidente Demócrata del Comité de Finanzas, permitió que Charles Grassley, su homólogo Republicano en la comisión, tensara las negociaciones de manera indefinida sin llegar a ningún compromiso de votar a favor del proyecto de ley.

Los líderes del Senado señalaban a Obama ya en junio que querían que interviniera más activamente para forzar la postura de Baucus. La administración se abstuvo, esperando poder retrasar su participación más contundente hasta después de que tanto el Senado como la Cámara hubieran aprobado sus proyectos de ley. Pero el fracaso de Baucus a la hora de alumbrar una propuesta de consenso antes del receso veraniego se sumó a la sensación de caos legislativo y ello alimentó la incertidumbre en torno a lo que aspiran los reformistas.

A pesar del verano de descontento de la sanidad, los partidarios del cambio están en mejores condiciones de lo que sugieren las crónicas políticas de las últimas semanas. La Cámara está a punto de aprobar una ley a principios del otoño que incorporaría la mayor parte de los principales objetivos de Obama. Y Obama va un año por delante del calendario con el que se encontró la administración Clinton en la década de los 90.

La batalla sanitaria no alcanzó su culmen legislativo hasta el otoño del segundo año de Clinton en el cargo. Obama, por el contrario, ha forzado un enfrentamiento con un montón de tiempo a su favor antes de las elecciones a la Cámara, lo que le da más margen de maniobra.

Pero los partidarios de la reforma dicen que si Obama quiere vencer, tendrá que ser mucho más claro con lo que está defendiendo.

Los estrategas Demócratas así como los congresistas argumentan que para el principal grupo de electores, los asuntos que importan son el elevado coste del seguro, su miedo a perder la cobertura si tienen enfermedades anteriores a la firma de la póliza, y el hecho de que las políticas a menudo no cubren operaciones necesarias y a veces limitan las prestaciones.

"Pagan sus pólizas, pagan sus primas, y después el médico les dice que tienen que hacerse unas pruebas y descubren que su aseguradora no las cubre", decía Anna Greenberg, experta Demócrata en encuestas. "Ése es el tipo de cosas que inquieta a la gente".

John Marttila, otro asesor Demócrata de referencia, argumentaba en un memorándum dirigido a los líderes del partido que "la ruina por gastos médicos despierta una profunda empatía, miedo e indignación moral" y que los reformistas deben destacar como objetivo central "que ninguna familia estadounidense debe quedar arruinada por pagar facturas médicas colosales".

Mientras tanto, al no hacer una defensa fuerte y entendible de la opción de protección pública, la administración ha dejado a muchos confusos con lo que es exactamente.

El senador Charles E. Schumer, Demócrata de Nueva York, sostiene que la Administración debería utilizar una analogía simple para sostener la idea de que el gobierno tiene la capacidad para ampliar las opciones que tiene la gente. "En mi estado y en todos los estados, tenemos excelentes universidades privadas y excelentes universidades públicas," decía. "La gente tiene una elección."

Marttila en general está de acuerdo con el análisis de Schumer, pero añade que es un error que los reformistas pongan demasiado énfasis en la opción pública. Hacerlo, dice, lleva a muchos a creer que ello constituye la totalidad de la reforma sanitaria en lugar de ser "un único elemento" y distrae la atención de las ideas más populares que impulsa Obama.

Al final, la administración sacrificaría la opción pública si fuera necesario para ganar grandes ventajas en la cobertura médica y nuevas normas duras que imponer a las aseguradoras. Pero los partidarios más apasionados de la opción pública no van a aceptar un acuerdo a menos que la administración se emplee a fondo por promulgarla.

El camino al compromiso no está jalonado de concesiones prematuras y vaguedades. Habiéndose echo a un lado, la administración tiene ahora que establecer objetivos claros y legibles, para poder negociar desde una posición de fuerza. ¿Me atreveré a decirlo? Ese era el estilo Ted Kennedy.

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