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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

Sí, hay futuro y pasa por la izquierda

Mario López
Mario López
domingo, 30 de agosto de 2009, 22:50 h (CET)
Está claro que el ser humano no apareció en el planeta Tierra organizado como una sociedad perfecta, sino que es fruto de una evolución que le llevó a tomar conciencia de si mismo en un momento determinado, en una situación de máxima precariedad. Fue entonces cuando descubrió esa prodigiosa arma que le ha situado por encima de las demás especies: la cultura.

En la Universidad se nos enseña que la cultura es el conjunto de herramientas que poseemos y desarrollamos para adaptarnos al medio y hacer frente a cualquier contingencia; desde el cultivo de la tierra hasta el arte de la guerra. Partiendo de este principio fundamental, no deberíamos proclamar que determinado sistema político o económico es intrínsecamente perverso -salvo algunos casos excepcionales sobrevenidos a situaciones de extraordinaria confusión y decadencia- Desde las primeras teocracias hasta las modernas democracias liberales, cada sistema ha supuesto un paso hacia adelante con respecto a su antecesor; aunque se puedan admitir todo tipo de matices. Por lo que denostar cualquiera de estos sistemas, sin tener en cuenta su contexto histórico, es una necedad de primera magnitud que sólo conduce a sembrar la crispación entre los colectivos herederos de filosofías antagónicas. Tan absurdo es demonizar, desde la izquierda actual, a Adam Smith o David Ricardo como a Keynes o Marx, desde el neoliberalismo. La creación del capitalismo, en el siglo XVI, supuso un paso crucial hacia la racionalización en las relaciones humanas. El socialismo nos ayudó a atajar los excesos del capitalismo. Y hoy nos encontramos en una especie de Cul De Sac histórico, atrapados en una democracia representativa que sostiene los pilares herrumbrosos de un mercado antropófago, insaciable y agónico. Un sistema defendido por todos, desde la derecha y la izquierda tibia, pero que no puede tener más salida que su propio hundimiento. Desde los oscuros orígenes de la especie, se nos ha impuesto como axiomas incuestionables dos dicotomías: administradores-administrados y patrones-obreros. A mi modo de ver, el único futuro posible -es decir, el paso que hoy nos toca dar en el orden evolutivo- es la superación de estas dos dicotomías a través del desarrollo de dinámicas lideradas por las fuerzas progresistas. Siempre, asumiendo nuestra historia, aprovechando del actual sistema todo lo que nos sea útil y pensando que estas cosas no se pueden materializar de la noche a la mañana, a contracorriente o con la oposición de una fuerza mayor. La revolución anarquista del 36 supuso una experiencia maravillosa, como muestra real que fue del colectivismo, la autogestión y las capacidades sociales del ser humano, pero resultó un absoluto disparate histórico por producirse en medio de un golpe fascista contra una República a la que se tenía que haber apoyado a toda costa, pues concitaba las voluntades de la inmensa mayoría del pueblo y se aprestaba a introducir cambios sociales verdaderamente revolucionarios. Hoy, creo que a la izquierda no le cabe otra empresa que ayudar a sustituir el actual pacto social por un modelo de convivencia que nos lleve, poco a poco, a hacer real el maravilloso sueño de aquel corto verano del 36. La izquierda no puede entretenerse ni un día más en seguir poniendo paños calientes a un sistema del que nada podemos esperar, que no tiene ya ningún futuro y que, en su agonía, nos puede hacer un daño irreparable.

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