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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Caminos silencios montañas Vuelve la crispación.

Mariano Estrada
Redacción
sábado, 29 de agosto de 2009, 16:32 h (CET)
Le dije a mi amigo Carlos Jiménez que colgaría este texto nuevamente en el Blog. Es del 2006, pero podría ser de ayer mismo. Bastaría adornarlo con unas cuantas addendas, porque corrigendas no necesita ninguna. Desde entonces para acá, han explotado todas las burbujas posibles, tanto financieras como inmobiliarias, y se ha instalado a sus anchas la crisis que negó Zapatero. Se han destapado ingentes casos de corrupción urbanística, se han conocido pelotazos de padre muy señor suyo. Se le han dado enormes cantidades de dinero a la Banca, y ésta, como pago, ha negado el crédito a las empresas y a las familias. Ha subido seis pisos la morosidad, ha subido el paro a más de cuatro millones de personas, nos hemos comido el superávit y nos hemos instalado en el déficit, estamos endeudados hasta las cejas, la seguridad social va camino de comerse a Dios por los pies. Los ayuntamientos (las instituciones en general) no pueden, o no saben, atender a los necesitados, que hay muchos, y le trasladan a Cáritas la papeleta del hambre, convirtiendo en obra de caridad lo que debiera ser empeño de la Justicia.

Y encima se ha roto el pacto social. No sólo es que no haya Pacto de Estado, que es lo que algunos reclamamos desde hace tiempo, sino que se ha roto la baraja de las conversaciones para llegar a unos mínimos acuerdos sociales que, de todos modos no iban a valer para nada. O para bien poco. Se va a necesitar mucho más que unos acuerdos. Se va a necesitar un pacto de enorme envergadura. Con mucha comprensión, mucha voluntad y mucha generosidad. Por todas y cada una de las partes.

O sea que los políticos españoles tienen ante sí una gran papeleta. Lo que pasa es que, ellos, la única papeleta que ven es la que se mete por las ranura de las urnas. Son auténticos cazadores de votos y no ven más allá de sus narices. Por su parte, los sindicatos, además de sus propios intereses, sólo defienden a los que ya tienen trabajo, pero no a los que están en el paro o van camino de él. ¿Y qué decir de los empresarios? Pues que han ganado montañas de dinero en estos últimos tiempos ¿A dónde ha ido esa pasta? ¿Y por qué no se conforman ahora con un beneficio menor y arriman el ascua a la sardina del interés general?

Pero de estas cosas ya hemos hablado. Lo que ahora ha aparecido de nuevo ha sido la “crispación”, que fue moneda corriente en la legislatura pasada. Y ha vuelto a saltar a la palestra mediática a consecuencia de Gürtel, no creo que haga falta explicar quién es este señor. El PSOE ha atacado como un león herido por las encuestas. El PP se ha defendido como un gato acorralado por las corrupciones. A la señora De la Vega se le ha visto el plumero y ahora sabemos quién manda de verdad en la Fiscalía. Y a la señora Cospedal se le ha escapado la lengua y ha acusado sin pruebas. Trillo contraataca, Blanco replica, Montoro enciende el fuego, Leire le echa leña. Zapatero esconde la mano y pide responsabilidad. Mariano Rajoy le llama inquisidor. Total, un paripé de mucho cuidado que esconde la mediocridad de nuestros políticos, sean del signo que sean. Mediocridad, ignorancia, indiferencia con el sufrimiento de los demás, egoísmo, sectarismo, sentimiento de casta, rey Palomo, ande yo caliente, antes es Dios que todos los santos.

Lo malo es que ellos son Dios y también todos los santos. Los demás somos unos fieles consentidores que, incomprensiblemente, no nos cansamos de meterla por la rendija. La papeleta, digo.

Hoy me he enterado de que algunos alcaldes de ayuntamientos de tercera o cuarta fila ganan casi como el Presidente del Gobierno. Es decir, mucho. O mejor aún, demasiado. Yo sigo pidiendo que los políticos rebajen sus sueldos un 30%. Sólo así podrán empezar a ganar el doble de lo que merecen.

15-08-2009
Un abrazo
Caminos, silencios, montañas…
(Escrito en octubre del 2006)
Queridos amigos:
Es indudable que estamos en una época crispada en la que cada cual se manifiesta de la forma más radical e instintiva posible, sin meditación previa, sin análisis, sin pensamiento propio, sin ningún asomo de crítica, sin deseos de buscar ninguna coincidencia en valores, credos, ideas, aficiones o gustos que pudieran ser compartidos, sin ningún reconocimiento del otro, de lo otro, adhiriéndose ciegamente a opiniones ajenas que a menudo no son más que prolongaciones de líneas editoriales, es decir, posturas apriorísticas e interesadas de medios de comunicación que en realidad son grupos de presión o de apoyo a determinados partidos políticos...

Un tanto cansado de todas estas cosas, me fui a dar un paseo por los alrededores y, al tomar un pequeño camino que conduce a los faldones de una montaña, mi pensamiento se fue inconscientemente a otro paseo de otro día en otro lugar, donde todo era silencio y no empujaba la prisa, donde la calma era proporcional a la belleza del paraje y la mente gozaba del espacio necesario para pensar, los pulmones del aire necesario para respirar y el corazón del impulso necesario para sentir la soledad, la libertad y la grandeza, todo al mismo tiempo.

Al volver a casa, busqué en el ordenador los pensamientos que había tenido aquel día en aquel largo camino de aquel hermoso lugar, parte de los cuales dejo a continuación por si alguien quiere abandonarse a los placeres de la lectura. No es que sean importantes, es que fluyeron a su antojo de una mente relajada y enteramente libre. Yo sólo les he dado una forma:

Caminos, silencios, montañas...
El silencio volvió a apoderarse del camino. Otra vez los pasos acompasados y monótonos, la ensimismación, la introspección, la actividad desenfrenada de la mente, los pensamientos que vienen, que van, que se amontonan, que juntan el grano con la paja, la verdad con la mentira, que burlan el tiempo y el espacio, que trascienden la realidad, que quiebran la razón y las costumbres, que irrumpen en territorios inexplorados y traspasan murallas imposibles. Que transforman y desmenuzan y desacralizan. Que atraviesan montañas, que saltan valles y ríos......

¿Y ahora descubres que el río no es el río sino una grieta de sangre? ¿Y ahora descubres que las montañas son senos de la mujer/madre-tierra/fecundidad? Ayer profundicé una montaña desnuda y afeitada. Las montañas también tienen afeites, como las mujeres. Los tienen y los sufren y los exhiben. Como adicto a la trigonometría, yo pedía senos. Y me dieron tangentes. La tangencias son igual que los roces. Pero yo necesitaba profundidad. Y me dieron piedras. En realidad, yo era un niño "que iba para piedra nocturna". Mamá, quero senos. "Voglio una donna" Y me dieron montes para andar y merecer y ganar altura y cansancio. Ahí está el bidón de la pulsión, el de las cuestas arriba ¿Cómo se profundiza una montaña? Propulsión a chorro. A mí me empujan motores que funcionan con queroseno. Mamá, quero seno. Mamá, quero tuate. Seno y chocolate. Y me dieron piedras.

En las laderas afeitadas las piedras van hacia arriba, pero también hacia abajo. Sólo hay que mirar al revés. Variar el sentido. Invertir. Meter muchos millones en la prosperidad, léase mercantilismo, léase progreso: "millones al horno". Invertirse. Hacerse maricón. Volver la vista. Hacerse estatua de sal, mirar atrás. La mujeres que hacen el pino son temporalmente invertidas ¿Y si se invierten dos veces? Entonces pueden ser lesbianas. Mi tío Juan me ha dicho que su hija Teremari está muy bien invertida. De pie es un monumento, pero él quiso decir colocada. No, no, chaval, mi hija es de la liga antidroga. No sé qué liga es ésa, pero no es muslim, como la Árabe. La liga árabe es difícil de ver, porque está debajo del burka. Las ligas ya no están en el muslo, como antaño. Ahora son sociedades elásticas. A algunas sociedades les viene grande la liga ¿Qué ocurre, entonces? Que todo cristo las folla.

Las montañas no tienen profundidad, tienen altura. Y base. En las montañas nevadas la base es militar. Área militar. Base por mitad de la altura ¿Triángulo? No, cono. Bien ¿quiere usted una cana? ¿Al aire? No, de barril. Una cana, cono. El cono es un volumen. La cona es otra cosa, pero en gallego. ¿Me está invitando usted a una cerveza? Base. Ácido más base. Sal más agua. Sal de la tierra, sal de la marisma, sal de Santa Pola, sal de aquí, lárgate ya, vete. "Yo te arrojé de mi cuerpo... ". Las montañas con base militar son montañas nevadas. Los montes afeitados no son montes, son piedras. Piedras de Venus. No son metáforas. Son huesos. Axis y coxis. Las piedras de Venus aparecen cuando las mujeres se hacen niñas de pubis. Es decir, se afeitan. ¿Tú te afeitas? "Mi barba tiene tres pelos". El pubis es un entorno atrayente, incluso obsesivo y mortificante. El pubis atrae a las ladillas y a los pitones. El de los ángeles atrajo a Manuel Puig.

Gonorrea de toros. Sangre de cornada. El río es una grieta de leche. Montaña de penetración. Profundidad. Útero. Los toros acaban siendo afeitados para que los cuernos no arruinen las corridas de los empresarios taurinos, cifradas en moneda corriente, como el agua que no has de beber. Los cuernos de ahora son un patrimonio confuso. No quemado, confuso. Un colosal mixtifori. Antes los llevaban las esposas. Ahora los llevan los carceleros entre sí. Las esposas van sueltas hacia los presos, con la tortilla y el bollo. No obstante, yo persigo la luz de las cavernas y ayer profundicé una montaña desnuda y afeitada. Antes fue un bosque de robles. Pero la tierra se estremeció con las caricias candentes del verano que desembocaron en tormentosos desgarramientos de la carne.

Heme aquí, carne atribulada, monte arriba, piedras arriba, "Peñas Arriba". Hacia la cumbre, hacia el pezón redondeado y trémulo, hacia el solar mortificado de la nieve, que se derrite; del agua, que se filtra; de la fuente, que brota en la ladera para hacerse río de sangre y eternidad, río de flora esplendorosa, río de fertilidades multiplicadas, río de belleza, río de gacelas atardecidas, río de baños ateridos y venturosos, río de molinos y amaneceres blancos y crecidas y sones y cánticos y transparencias.

Flora no afeitada, flora exuberante y floreciente. Río cercano y entrañable, río del alma que arrastra chorros de vida y bardomera hacia un ocaso de mar y corazones lentos, con mareas de vientre y de ternura. Río de sueños y de amor y de espumas evanescentes y populosas. Río de corrientes atropelladas y de truchas escurridizas. Río de barbos y de carrizos, que son barbas de río. Río elemental. Agua sin espasmos de contaminación, agua de abluciones purificadoras, agua de catarsis, borbotón, agua viva, agua constante, agua constantemente viva...

Del libro "Aguablanca: caminos de ida y vuelta".

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