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Etiquetas:   Análisis internacional   -   Sección:   Opinión

II Guerra Mundial

Isaac Bigio
Isaac Bigio
sábado, 29 de agosto de 2009, 08:43 h (CET)
En el 70 aniversario de la guerra de 1939-1945 muchos se recuerdan de cómo el eje fascista creó campos de concentración y de exterminio y masacró a decenas de millones de personas, aunque también es bueno mencionar que sus contrincantes no fueron santos.

No es exacto decir que este fue un conflicto entre demócratas y fascistas. Los fascistas de Portugal y Brasil se aliaron al Reino Unido y Francia. La Unión Soviética estuvo en ambos bandos. Stalin primero ayudó a Hitler a devorarse Europa oriental. Después logró derrotar a los nazis pero también deportó a más de una decena de millones de germanos, húngaros, tártaros y otras nacionalidades.
En Asia muchos movimientos anti-coloniales no apoyaron a los aliados cuando sus países eran conquistados por los japoneses. EEUU, quien inicialmente presentó al Emperador nipón como el tirano fascista que más norteamericanos mató, terminó manteniéndolo y protegiéndolo en su trono.

Los nazis fueron los que más lejos llegaron en incitar al odio racial, aunque los EEUU presentaron a los nipones como simios y ordenaron encarcelar a casi todos los civiles de origen japonés tanto en su país como en otras repúblicas americanas.

Cuando Berlín y Tokio ya habían perdido la guerra, los aliados masacraron civiles para desmoralizar a los vencidos produciendo matanzas como las de Dresden (Alemania) o Nagasaki e Hiroshima (donde los japoneses se convirtieron en el único pueblo en sufrir un bombardeo atómico).

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