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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Sánchez Camacho acabará con el PP catalán

Miguel Massanet
Miguel Massanet
sábado, 29 de agosto de 2009, 08:30 h (CET)
El pretender renovar el partido popular en Catalunya, intentando convertirlo en una especie de melting donde se pretenda hermanar los principios heredados de la Alianza Popular, el patriotismo de una gran mayoría de sus bases catalanas y, por otra parte, un acercamiento a las propuestas del Estatut y una especie de maridaje, difícil de entender, con partidos nacionalistas, como pudiera ser algún tipo de entente con la CIU de los señores Mas y Durán; sólo se puede entender desde la óptica de una mujer como la señora Sánchez Camacho que, por lo visto, quiere que, en Catalunya, el PP deje de ser lo que fue y aspire a ocupar un puesto entre los partidos de tendencia catalanista. El porqué, resulta difícil de saber y mucho menos se puede entender si, lo que se pretende de verdad es ganar adeptos de entre los socialistas y nacionalistas catalanes, una utopía que nada más se podría atribuir a un análisis sesgado, interesado y poco realista de la actual sociedad catalana. Deberíamos recordar a estas nuevas generaciones de mandos locales del PP que, desde que el señor Vidal Cuadras fue defenestrado de su cargo, se puede decir, sin temor a equivocarse, que comenzó el lento ocaso de los populares en esta región; propiciado por una evolución hacia posturas equívocas; una renuncia a los enfrentamientos ideológicos con las propuestas de los partidos de izquierdas y secesionistas y un mutismo culposo en relación a la política de la Generalitar en contra de la enseñanza del español en las escuelas y en la campaña de opresión en contra de su uso y difusión, que ha llegado a extremos tan absurdos como obligar a los comerciantes a rotular en catalán o a pretender impedir que, incluso en las horas de ocio, los alumnos puedan expresarse en su idioma vehicular castellano.

Los desengañados, los que nos dimos de baja de la formación popular a causa de su cambio de rumbo y aquellos electores que buscaban en ella un salvavidas en contra del socialismo y el separatismo; tuvimos una esperanza cuando fue nombrado para dirigir el partido al señor Daniel Sirera que, si bien no tenía el carisma de un Vidal Cuadras, al menos apuntaba maneras que hacían suponer un retorno a las posiciones clave del partido, a su vocación nacional, a la defensa de la lengua española, a la integridad de España y a la solidaridad entre todas las autonomías españolas, sin preferencias interesadas ni olvidos reprochables, que establecieran distintos tipos de trato para unas u otras, en función de sus simpatías con el Gobierno o de la necesidad de éste de su apoyo para seguir gobernando la nación. Desgraciadamente, el señor Rajoy dejó muy pronto de confiar en Sirera, casi con la misma rapidez con la que muchos de nosotros perdimos la fe en él. La incorporación de la señora Montserrat Nebreda, una advenediza a la que se le notaba demasiado que le importaban un pito los principios del partido y que, si ella se había afiliado a él, era sólo para escalar posiciones y llegar a la cúpula del PP; pero este fallo del señor presidente no sólo no fue enmendado, sino que, demostrando un desconocimiento absoluto de la posición del PP en Catalunya, insistió en nombrar a otra mujer, la señora Sánchez Camacho, para sustituir al señor Sirera, con lo cual acabó de derrumbar las esperanzas de los simpatizantes de que el partido resurgiera de sus propias cenizas.

Resulta inverosímil que el PP, en manos de Sánchez Camacho, haya decidido abandonar al núcleo fuerte del partido, constituido por militantes que, viviendo en Cataluña, incluso siendo catalanes; no estaban dispuestos a renunciar a su cualidad de españoles, que defendían a capa y espada la unidad de España y que se oponían con uñas y dientes al separatismo catalán, a la proscripción del idioma nacional, a los ataques a la religión y a una enseñanza impuesta a la fuerza en la que se usurpaba, inconstitucionalmente, los derechos fundamentales de los padres a que sus hijos fueran educados según sus creencias religiosas y morales y en el idioma vehicular usado en su familia. Por el contrario, se ha impuesto el servilismo; el actuar con guantes de goma y algodones para no herir las susceptibilidades nacionalistas de los partidos que integran el Tripartit; el mirar hacia otro lado ante el ataque a la constitución perpetrado por una Generalitat que ha desobedecido, sistemáticamente, todas las sentencias del TSJC, respecto a la obligación de impartir la asignatura de castellano y de atender a las reivindicaciones de aquellos padres que han pedido, infructuosamente, que sus hijos fueran educados en castellano. Pero donde la postura de la señora Sánchez Camacho y el partido que dirige está resultando más contradictoria es en su posición ambigua respecto al tema del Estatut, que, si bien está recurrido por el PP ante el TC, parece que, en Catalunya, más bien están por apoyarlo, posición que está causando tal desconcierto entre todos los afiliados que es muy posible que la deriva descendente del partido se vaya incrementando a medida que sus habituales votantes se aperciban de que ya nada les une a una formación que ha dejado de ser fiel a sus principios constituyentes.

El auge de un pequeño partido por el que, al principio, nadie daba un duro, el de Rosa Diez; aún reconociendo la fuerte personalidad de esta parlamentaria y su claridad de ideas, seguramente no hubiera tenido el éxito que ha conseguido de no ser por el goteo de simpatizantes del PP que, no obstante no estar totalmente de acuerdo con algunos de los posicionamientos de UPyD, a cambio sí han encontrado el reflejo en él de algunos de los valores básicos que antes encontraron en el PP. Rosa Diez no engaña, habla de España como nación única, sin que se le caigan los anillos; reniega del terrorismo como lo hacemos la mayoría de los españoles; recrimina sin ambages al Gobierno sus equivocaciones y no les concede tregua cuando se trata de sacar a luz sus vergüenzas; habla de política internacional como una española y no como unos traidores a la patria que se han vendido al más vergonzoso chantaje al que han sido sometidos desde naciones, como la Venezuela del señor Hugo Chávez , que, a cambio, les paga diciendo que el señor Zapatero es el líder del que más se pueden fiar en Europa ¡este elogio del gorila rojo venezolano basta de por sí para descalificar a ZP ad calendas grecas!

Da pena el ver como un partido, que representaba por lo menos a diez millones de votantes, haya caído, de la mano del señor Rajoy y su equipo de incompetentes, en todas las trampas, celadas, insidias y encerronas que les ha venido preparando el PSOE, sin que ni una sola vez, hayan conseguido reaccionar con habilidad, con claridad de ideas y con presteza, para adelantarse al juego de los socialistas. Resulta insólito que, a estas alturas de la legislatura, ante un otoño que se presenta pavoroso para España y frente a un Gobierno sin ideas, medio desmantelado, abrumado por la recesión e incapaz de superar el paro agobiante que nos inunda; el PP, que debiera de llevarle veinte puntos de ventaja a su adversario, se tenga que conformar con un empate técnico y, por si no bastara, tenga que mantenerse a la defensiva acosado por varios procedimientos judiciales que amenazan con ponerlo contra las cuerdas. Señores, este no es el PP que conocimos, ni en sus métodos, ni en sus bases ni en su patriotismo, no, señores, esto es sólo un mal remedo de aquel que dirigía el señor Aznar. Lo siento, pero me temo que poco remedio tiene ya.

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