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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

¿La herencia de Chuck Grassley?

Ruth Marcus
Ruth Marcus
viernes, 28 de agosto de 2009, 02:04 h (CET)
La última tenue esperanza de una reforma sanitaria verdaderamente bipartidista reside en el Senador de Iowa Chuck Grassley - y tenue podría ser exagerar el pronóstico.

Al Republicano de 75 años de edad la dirección de su partido le ha leído la cartilla por colaborar con el Demócrata de Montana Max Baucus, presidente del Comité de Finanzas del que Grassley es representante destacado.

Grassley se ha visto sitiado por electores nerviosos durante éste el más agitado de los recesos veraniegos. Se presenta a la reelección el año próximo y está preocupado por un reto de categoría. Está impaciete por convertirse en el miembro de mayor rango del Comité Judicial cuando expire su mandato en el de Finanzas, y se rumorea que teme que se le niegue el puesto si vacila con los Demócratas.

"Hay una tremenda presión tanto sobre Chuck Grassley como Max Baucus para que se abstengan" de las negociaciones en torno a la saidad, me decía un senador Republicano. "Eso explica porqué ves a Grassley asistiendo tenazmente a estas reuniones, trabajando muy duro, pero luego nervioso con ello y diciendo, 'Bueno, incluso si lo apoyo, a menos que la mayoría de la asamblea lo admita, no votaré a favor.' Creo que ese tipo de mensajes contradictorios reflejan la enorme presión bajo la que se encuentra".

El secretario de la oposición en el Senado Mitch McConnell, de Kentucky, y el coordinador de la oposición Jon Kyl, de Arizona, "se están empleando a fondo en esto", dice un Demócrata que participa en las negociaciones de la sanidad. "Le han regañado (a Grassley) directamente por el grado de su implicación hasta el momento, y trabajan duro para evitar que otros sigan su ejemplo".

Pero por mucho que la gente se centre en la reforma de la sanidad como cuestión de herencia del enfermo Senador Ted Kennedy, también es - o podría ser - el legado de Grassley.

Ha anotado cientos de horas de debate sobre la sanidad, un asunto que describe como "más acuciante que nada en lo que haya trabajado" durante sus más de tres décadas en el Congreso. Grassley tiene una vena llamativamente obstinada y antecedentes de desafiar a la dirección del Partido Republicano -- en los impuestos de la luz, la atención médica infantil, el estímulo económico.

Tiene una relación cercana con Baucus; son, en palabras de una persona que ha trabajado con los dos, 2 senadores "de las grandes plazas del interior del país en donde hay un montón de moderados."

Logré pillar a Grassley el martes telefónicamente, en el aeropuerto de Des Moines, y sin tener el guión delante planteó -- y cuestionó -- la percepción de que había cambiado de postura durante el curso del receso y se había distanciado de la reforma integral. "Creo que en las asambleas que he mantenido no he dicho nada que no haya dicho tres o cuatro meses antes," decía Grassley.

Puede que sí, pero no suena tremendamente impaciente por liderar la carga en favor de la reforma acuciante. Describía el sentir imperante en sus asambleas -- mantuvo cuatro solamente el lunes -- como "paulatinamente, deliberadamente, hacer lo correcto, puede que por fases." Grassley reconocía que el sistema sanitario está tan asentado que es difícil extrapolar partes individuales que reparar una a una, pero decía que su objetivo es "hacerlo de manera integral y aún así hacerlo de forma que expreses a la gente que no intentas perjudicar a nadie. Esa es la impresión que tiene la gente: que no van a tener un sistema sanitario familiar."

Aún más, decía, "la sanidad es una especie de gota que colma el vaso" de la preocupación de la opinión pública por el déficit y la intervención pública en el sector privado. "Existe un miedo auténtico al futuro de nuestro país, de manera que vamos a tener que abordar nuestras actividades a la luz de ese miedo," decía.

En la práctica, la reforma sanitaria es un avance enorme e incierto en un momento de riesgo económico. Ese es el motivo de que los políticos responsables como Grassley deban intentar educar a los electores, no atizar sus miedos con advertencias sobre desenchufar a la abuelita. Y es el motivo de que los Demócratas deban estar nerviosos ante la idea de perder a los Grassley del mundo del Congreso. El riesgo compartido en una empresa así de ambiciosa es una estrategia inteligente.

En cuanto al motivo de que Grassley deba estar al frente en lugar de contar votos Republicanos, mi argumento es éste: si la reforma sanitaria es aprobada, será recordado más por su papel a la hora de lograr que suceda que por si fue elegido o no para un segundo mandato o el comité del que formó parte como representante de mayor nivel. Si no lo hace, bueno, ¿cuál es la idea de ocupar un puesto en una instancia tan corroída por la política partidista que es incapaz de funcionar?

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