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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

No somos nadie

Ángel Ruiz Cediel
Redacción
viernes, 28 de agosto de 2009, 01:55 h (CET)
Cada día entiendo menos a los legisladores de mi país, dándome a veces la impresión de que han sido elegidos en plan tómbola, o es que nos estamos descerebrando de tal manera que ya lo más descabellado es lo único que tiene visos de ser posible. La cosa viene a cuento del tema del aborto, sobre el cual dicen y reiteran feministas y políticas que la decisión es cosa suya, sólo suya y muy suya, que son ellas las que se quedan embarazadas. Digo yo que para que no cuente el hombre han de quedarse embarazadas forzosamente por partenogénesis. O eso, o que luego, si lo que deciden es que nazca la criatura ésa suya, sólo lo suya y muy suya, que no vengan a los hombres con reclamaciones de paternidad, extorsiones de pensiones de sostenimiento y lloros y lamentos de semejante jaez. Porque en el primer caso, parece que no contamos ni para bien ni para mal y las cosas de la conciencia tienen más bien poca o ninguna importancia, pero en el segundo caso, enseguida somos unos malos padres y se nos quiere meter entre rejas (y se hace) por un retraso de unos días en el abono de la extorsión.

O lo uno o lo otro, digo yo; pero no, aquí se quiere chocotajás y mojar de la pringue. Si el hombre tiene responsabilidad en el nacimiento, es de suponerse que debe ser así como consecuencia de haber tenido alguna clase de intervención en la cosa del embarazo, y, por ello mismo, debería contar su opinión sobre si se aborta o no del mismo modo que se le atribuyen responsabilidades inexorables de paganini. O esto, como digo, o que si el niño naciera, que no pida responsabilidad la mujer, pues que se le ha facultado legalmente para tomar sola una decisión soberana de tan terrible alcance. Si el padre es desposeído de sus derechos antes, que no se impongan deberes después.

La solución al problema, para que la señora Aído, el PSOE y las abortistas estén felices, es la partenogénesis, no hay la menor duda. Buscar soluciones de manipulación genética se me antoja más racional que este desafuero legal que ningunea al hombre o lo convierte en reo según interese en cada caso, en un esfuerzo sin precedentes por anular la condición masculina. No es que a uno este tipo de legislaciones le parezcan poco lógicas, sino directamente estúpidas, y ya me contarán dónde vamos si lo que nos inspiran nuestros legisladores es esto.

Los hay que nacen para obedecer, y a ellos, que suelen ser personas de mucha voluntariedad y poco raciocinio, les suele parecer tan ricamente cualquier cosa que hagan sus superiores, dicho sea esto último en razón de su cargo o posición social y no de su intelecto, como se ve, que es más bien chato o nulo. Pero también estamos los que tenemos la columna vertebral escayolada para la cosa absurda ésta de las reverencias, y, además, carecemos de folículos pilosos en la lengua (y las yemas de los dedos), de modo que cuando alguien nos parece estúpido, nos preocupa más bien poquito que esté bajo una corona o barriendo las calles. No nacimos para obedecer, en fin, creemos sólo y únicamente en las razones de peso, y, cuando se nos trata de imponer algo así, sea el aborto, fumar o pensar en clave PSOE con la cosa de la Educación para la Ciudadanía (debe ser su borregada), pues como que hacemos ¡fu!, y, claro, nos rebelamos. Después de todo, la rebelión contra la injusticia es un acto de justicia suprema, por más que a esta señora y al Ministro de Sanidad les parezca que la ley no admite espacio para la objeción de conciencia. Ignoran, tal vez, que leyes tuvieron los nazis, Nerón y hasta Atila, y fue legítimo levantarse contra ellos, pero que la conciencia es la única señora a quienes los que nos vestimos por los pies obedecemos y reverenciamos, pues que para nosotros nadie de este mundo está sobre ella.

¡Ah, los hombres, no somos nadie!
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