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Etiquetas:   Buñuelos de viento   -   Sección:   Opinión

Confianza en el Estado

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
viernes, 28 de agosto de 2009, 01:54 h (CET)
Cuesta mantener la confianza en el Estado de Derecho, titulan los periódicos esta calurosa tarde agosteña. Sin seguir leyendo ya sabríamos todos de qué se trata. Cuando debería ser al revés, cuando precisamente este Estado nunca debería ser sospechoso a priori, cuando el Estado está para infundir confianza a los ciudadanos. Y sin embargo...

Y sin embargo estamos asistiendo a un espectáculo propio de una república bananera en vez de un Estado moderno, occidental e integrado en una asociación de estados avanzados económica, social y políticamente. Europa, vaya. Quizá los españoles que vivimos el franquismo pensamos inocentemente que el hecho de vivir asociados con Francia, Italia o Alemania nos traspasa como por milagro las cualidades de una democracia asentada. Me temo que sin demasiado esfuerzo los europeos nos pueden ver como los bichos raros de Europa. La democracia no se alcanza por vecindad, no se contagia como la gripe ¿Pero desde 1978 no somos una democracia asentada?

Les estoy hablando de la reacción de algunos políticos catalanes ante la ¿amenaza? de que el Tribunal Constitucional puede darles un sartenazo en las narices. Cabe esperar retos al Estado de gentes marginales y automarginadas como Carod Rovira. Pero ¿cómo esperarlos de demócratas serios como los de CiU? ¿Y del primero de los catalanes, el representante del propio Estado en Cataluña? ¿Es la nuestra una democracia asentada cuando nuestros más nombrados representantes se plantean burlar las decisiones de los Tribunales de Justicia? ¿Podré yo hacer lo mismo cuando la sentencia de un tribunal no me guste?

Al común de los españoles le molesta que estos hombres se crean por encima del bien y del mal, se crean por encima de los tribunales, por encima de la Justicia. Es la España del “usted no sabe con quien está hablando”, que perdura entre nosotros por encima de sistemas políticos. Aún me acuerdo de una política catalana dirigiéndose así a los incautos policías que pretendían colocarle una multa. Lo de sentirse por encima del bien y del mal, por encima de los poderes centrales, es algo que a los políticos autónomos les pone como una moto. Y no hablo de nadie sospechoso de independentismo o soberanismo ni mandangas semejantes, no. Lo han hecho todos. O casi todos. por ejemplo el gobierno de Madrid retando al gobierno central al respecto de la ley antitabaco.

No, no es lo mismo un tema que el otro, ciertamente, ni pretendo equipararlos, sólo pretendía recordar de todo hay en la viña del Señor y que políticos banales, poco serios y poco dignos de confianza los hay en todas las regiones. Sin embargo que el presidente de la Generalitat plantee enfrentarse al Estado, al Gobierno de todos y a su propio partido (Sí, ya sé que no es su partido, pero sí lo es) por un tema tan trascendente como el actual debería hacer que nos lleváramos todos las manos a la cabeza y replantearnos con seriedad si merece la pena votar, obedecer las leyes y pagar a la Hacienda de un Estado como el presente. ¿Se puede dimitir de ser español? Habrá cola, sospecho.

De todo ello lo que más me llama la atención es el silencio de los corderos del gobierno. Y del partido del Gobierno también. Nadie del Gobierno ha salido para recordarle a quien sea menester que en un Estado de Derecho hay que obedecer por “guirnaldas inguinales” a los jueces. Nadie del PSOE ha salido con contundencia a poner en su sitio a sus “hermanos” del PSC. Silencio. Entreguismo. Calla, calla, que no se nos note que estamos asustados. Sólo su representante en el Parlamento ha dedicado unos huidizos minutos a defender la lógica y la razón. ¿Dónde está Zapatero, dónde la locuacidad de José Blanco, dónde el sarcasmo habitual de la Vicepresidenta? ¿En Doñana, en las playas, en las montañas no hay micrófonos, no hay periodistas? Mientras nuestros máximos líderes callan (¿Se acuerdan de aquel prolongadísimo silencio de Aznar entrevistado en directo por Luis del Olmo?), los españoles nos preguntamos si la nuestra es una democracia asentada cuando algunos de nuestros más nombrados representantes se plantean burlar las decisiones de los Tribunales de Justicia.

¿Podré yo hacer lo mismo cuando la sentencia de un tribunal no me guste?

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