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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Fuegos artificiales en las Bolsas

Miguel Massanet
Miguel Massanet
jueves, 27 de agosto de 2009, 08:25 h (CET)
Verán ustedes, como ciudadano de a pie me hago cruces de lo que está ocurriendo en la Bolsa, y no es que lo lamente, ni mucho menos, ¡ojala que alcanzara los 12.000 puntos y todos pudiéramos dar saltos de alegría!; pero hay algo en todo esto que repugna al sentido común, que lleva un cierto tufillo a artificialidad, o sea, que no acaba de cuadrar dentro de un esquema lógico de la actual situación de nuestro país. Si tenemos en cuenta que estamos con la tasa de paro más elevada de toda Europa, en proporción del doble aproximadamente; si nuestras empresas están pasando por una delicada situación que las obliga a despedir personal, a cerrar las puertas y a pedir apoyo (que no les llegan) para poder sobrevivir al gran atasco económico en el que estamos metidos y, las perspectivas que se nos anuncian para el próximo otoño, son suficientes para que se nos pongan los vellos como escarpias cuando, tanto desde el Gobierno como de los propios sindicatos, se viene admitiendo que podríamos rondar los 5.000.000 de parados ( 700.000 más que los que tenemos ahora); a lo que se le podría añadir la posición de desventaja en la que se encuentra, en la actualidad, España, con respecto al resto de países europeos, no sólo en cuanto a posibilidades de competitividad con la industria del resto de la UE, que también, sino a nuestro particular problema derivado de las consecuencias de la gran burbuja inmobiliaria que padecimos, cuyos resultados siguen vigentes cuando sabemos que, los bancos y cajas, están manejando cifras de 450.000 millones de euros de deuda acumulada pendiente de pago por las constructoras y promotoras; de la cual se estima que, más de la mitad, se considera de más que dudoso cobro. Entonces, señores, ¿si la Bolsa es un reflejo de la salud económica y financiera de una nación, hay alguien que pueda explicar a este pobre ignorante, que se debate en un mar de dudas, cómo es posible que los valores bursátiles, incluidos algunos de constructoras, estén bordeando e incluso sobrepasando los 11.000 puntos cuando, hace apenas unos meses no llegaban a los 8.000?

Uno, que en ocasiones gusta de leer algún artículo de economía de estos que, por su aridez, representan un esfuerzo de comprensión el asimilarlos; ha podido constatar que existen expertos economistas que no acaban de aceptar que la gran recesión de sólo hace unos meses, ésta que se ha comparado con la del 29, que arrasó la economía de los EE.UU, e incluso que se ha dicho que podría haberla sobrepasado, ahora, de pronto, sin que se hayan reanimado los créditos a las empresas, sin que se vean signos claros de aumento de la actividad económica e, incluso, sin que la demanda haya mostrado más que esporádicos y raros signos de repuntar; nos encontremos ante un fenómeno difícil seguramente de explicar, hasta por los propios expertos en materia financiera, por el que ante una actividad constreñida de las industrias, ante un cierre de cientos de miles de empresas y un paro mundial que supera el conocido en muchas decenas de años, se haya producido una reacción tan positiva, tan inesperada y tan poco justificable como la que se está dando en estos momentos en todas las grandes bolsas mundiales.

Y este que escribe, que no es experto en la materia pero que acostumbra a simplificar las ideas para reducirlas a lo que es explicable para una mente no especializada, y a quien le gusta pensar en las causas que pueden conducir a situaciones inexplicables; se le ocurre, puede que sea una simple corazonada o mera intuición que, detrás de todo este escenario de presunta resurrección de la crisis, pudiera existir lo que en lenguaje vulgar se pudiera considerar como una “mano negra”, una especie de poder en la sombra interesado en dar la sensación de recuperación que, aunque no esté basada en datos positivos, en índices fiables o en hechos constatables; sirviera, no obstante, para crear una “burbuja de confianza” en los ciudadanos de forma que dejaran de ahorrar, consumir poco, preparase para resistir los años malos, eliminar los gastos superfluos y, en su lugar, animados por la apariencia de una nueva era de vacas gordas, se volvieran a lanzar al gasto desenfrenado, característica de los años anteriores a esta gran recesión que comenzó a finales del 2007 y sigue en la actualidad. El peligro, como hay economistas que lo vienen anunciando, es que caigamos en el engaño de volver a entrar en la compra de valores especulativos (valores basura) esperando que esta sea la ocasión para resarcirnos de las pérdidas causadas por la crisis. El hecho es que, desde el mes de marzo del corriente año estos valores sufrieron, en EE.UU, una subida global cercana al 80%.; mientras, en el extremo contrario, el Deutsche Bank hizo una reciente estimación por la que se auguraba que, el impago de bonos corporativos, superará los registros del crack del 29.

El peligro de las Bolsas es que, a mi entender, se dejan influir más por los flujos especulativos que por las oportunas y más fiables valoraciones económicas, financieras, ratios de competitividad y expectativas de futuro, de los valores cotizados en ellas; lo que las convierte en una especie de organizaciones de apuestas en las que factores ajenos a los que debieran regular su funcionamiento, adquieren un peso específico sobre sus resultados capaz de hacerlas oscilar dentro de unos baremos distintos a aquellos en los que debieran desenvolverse de acuerdo con sus características técnicas. Alguien ha alertado respecto a las consecuencias que, las medidas tomadas por el señor F.D Roosewelt en la crisis del 29, tuvieron en los inversores americanos que, a partir de 1930 se volcaron en las bolsas dando lugar a una subida espectacular de las mismas. El índice Dow Jones, en Estados Unidos, vivió importantes rallys (recuperaciones) hasta el año 1932 en el que se inició la brusca bajada. Habrá que esperar para ver si, tal como pronostican algunos economistas la historia se repite o si se confirma la recuperación que parecen indicar las últimas subidas adquiere la consolidación esperada.

En cualquier caso, existe un hecho preocupante que parece que tiene todas las características de un nuevo fenómeno especulativo, porque resulta poco menos que increíble que los valores inmobiliarios, causantes de la crisis de las sub prime, estén repuntando con fuerza inusitada, cuando no se aprecia que haya motivo alguno que justifique esta súbita alegría si, como ocurre en España, todos los datos apuntan a un agravamiento de la situación de las empresas relacionadas con la construcción.

( incluidas financieras, bancos y cajas), fuertemente endeudadas e incapaces de conseguir liquidez, debido a que el stock de 1.000.000 de viviendas que poseen, a causa de la crisis, no tiene salida por falta de compradores que se hagan cargo de ellas. Difícil es creer que, en unos pocos meses, cuando apenas hay algunos países, como Francia y Alemania, que den signos de una leve recuperación; el sector más perjudicado resulte ser el que, en apariencia, está liderando la recuperación. Puede que sólo sean aprensiones mías, pero estoy convencido de que la más elemental prudencia aconseja no dejarse llevar por la impaciencia y esperar, lo que los ingleses denominan “wait and see” hasta comprobar que, esta aparente mejora, es en realidad algo “sostenible”, término que ha puesto de moda nuestro ZP, o bien, se trata nada más que de espejismos en el desierto de la especulación, que tanto daño nos ha causado a todos los ciudadanos que hemos sido afectados de cerca por esta crisis que, según ZP, “nunca existió”.

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