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La madurez de España

Ángel Ruiz Cediel
Redacción
miércoles, 26 de agosto de 2009, 09:05 h (CET)
A mí, qué quieren que les diga, doña Trinidad es que me pone. Sin perder esa sonrisa tan suya, de vez en cuando nos sale una de esas gracias con tanto salero, y en esta ocasión nos ha soltado las escurrencias de su agudo ingenio: “España está madura para prohibir fumar en todos los sitios públicos.” Ahí es ná. Si es que es lo que digo, que algunos llegan a la política por la guapura, otros por la vecindad, otros por la influencia familiera de vivir del cuento y otros... Bueno, pues no sé por qué ha llegado doña Trinidad a la política, pero ahí la tenemos de desmadre en desafuero no porque haga las cosas mal, sino porque no se calla. Cuando se calla y se está quieta, francamente, no lo hace tan mal; pero habla y, claro, lo estropea.

Sin embargo, y para que se entere, no está de más informarle de que, efectivamente, siempre ha estado madura España para prohibir lo que sea, especialmente por quienes desconocen el significado de la palabra libertad o maniquean con ella. Ahí tenemos a Franco, sin ir más lejos, que podemos ir, y mucho. La prohibición es la herramienta fundamental de gobierno de los incapaces o de aquellos que se han creído que ellos pueden hacer lo que quieran y los demás, no. A doña Trinidad, se le ve mucho el plumero, como al resto del Partido Socialista, quienes en esto de la prohibición encuentran la arteria principal del flujo sanguíneo que los sostiene. Bueno, en la prohibición y la imposición, que son la sístole y la diástole por la que su músculo cardiaco les mantiene vivos. Nos quieren salvar a todos del error de no ser como ellos. Son salvíficas criaturas que dan su vida porque alcancemos el Nirvana.

Nada más indefectiblemente unido para los socialistas que prohibir e imponer, e incluso apoyando sus torcidos pareceres en esos personajes anónimos con graves disfunciones neuronales, a los cuales blanden en los telediarios diciendo cosas muy eruditas como “si es para bien...”, y moralinas por el estilo. Y así nos va, claro, no hay más que hacer una síntesis de los beneficios logrados por las prohibiciones e imposiciones socialistas. No estamos mejor con ellos, ni mucho menos, pero somos de modernos...

Lo malo de esta señora, ya digo, es que habla. La única justificación para que esté donde está esta señora que habla, moviendo a la sociedad entre el pánico a las pandemias inexistentes y la contradicción a sus propios postulados, es que sea un sex simbol para onanistas cincuentones. Lo digo con respeto, porque sé que ahora el onanismo hasta es muy saludable, según dicen sus eruditos. Me recuerda mucho a aquélla otra mujer que se la daba un aire, porque aunque nadie sabía por qué, cantaba (mal), actuaba (peor) y la teníamos día y noche en todas partes. Debe ser cuestión de sex appeal, porque otra cosa... Un sex appeal que debe estar de moda en el gobierno, no hay más que ver el dineral que se gastan en esas modas... tan particulares, habiendo convertido la Moncloa en el jardín de los horrores. Modas y prohibiciones e imposiciones, no es que sea una mala cosa, sino que es algo pésimo, porque denota que viven no sólo mirándose el ombligo o luciendo palmito, sino que la realidad no la pisan porque están en otra órbita.

La realidad, sin embargo, es la que es y tenemos lo que tenemos. Los freakys ya están en todas partes campando por sus fueros, dominando la sociedad desde un extremo al otro... ¡y legislando! Estos dictadores disfrazados, estos empedernidos feudales de divina designación directa, son la peste: poco a poco nos han ido arrinconando en sus propios postulados a punta de pistola legisladora, que es al menos tan cruenta y sanguinaria como la de los mandamases con uniforme militar, nos han ido imponiendo una forma de ser y de pensar que no es la nuestra, nos han ido alineando con sus postulados de su podrida e infanticida sociedad ideal y nos han ido empujando a la borreguilidad o a la rebeldía. Así, cada día son más los que balan, unos con el bee y otros con el pum, de sus decretos. A los pensantes, día a día nos van haciendo más anarquistas, porque nos negamos a los pactos de sangre, de alineación colectiva y de prohibiciones o imposiciones. La libertad ni se compra ni se vende, sino que se ejerce contra el PSOE. Aberratio ictus, en fin.

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