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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

La farándula no entiende de verdadera democracia

Miguel Massanet
Miguel Massanet
lunes, 24 de agosto de 2009, 05:47 h (CET)
Muchas veces me he prometido no responder a esos de la farándula, esos colaboradores incondicionales del señor Rodríguez Zapatero, los mismos que se inventaron aquella idiotez del “signo de la ceja” que tanto les gustó a esta serie de sanguijuelas, que vienen medrando, desde que el PSOE está en el poder, a costa del Erario público de la nación, que se nutre, precisamente, con los impuestos de aquellos que tienen por costumbre “trabajar” y no como otros, que llaman trabajo el contribuir al desprestigio del cine español “fabricando” películas o representando obras de teatro a las que ellos mismos, en una muestra más de su idiocia endogámica, se encargan de jalear y valorar como si en realidad se tratase de grandes obras de arte. Y es que, toda esta gente que impropiamente se califican de representantes de la cultura, aparte de haberse organizado para seguir viviendo del cuento, promocionando a la nueva ministra de Cultura, señora González-Sinde, que les ha correspondido con largueza a base de subvenciones que, para sí las quisieran otras ramas de la industria; han conseguido arrancarle al señor ZP una serie de privilegios para las GAES que, si no más, ha conseguido convertir, a esta sociedad privada con atributos de empresa pública, en una de las más odiadas, desprestigiadas y infumables, a base de ganarse a pulso con su falta de tacto, sus abusos, sus extralimitaciones y sus errores, la oposición de la mayoría de la ciudadanía española, que sólo ve en ella una empresa recaudadora que, sin miramiento alguno, invade la intimidad de las fiestas y entra a saco, con razón y sin razón, en todo aquello que huela a espectáculo, sea o no de su competencia.

Si ya hemos tenido que aguantar las declaraciones del matrimonio Ana Belén y Victor Manuel (hay que ver como, estos que se comenzaron a enriquecer en tiempos del general Franco, continúan manteniendo el rencor en contra de la derecha cuando, sin darse cuenta, ellos mismos ya pertenecen a los que viven con opulencia) que, suponemos que en un arranque de celo izquierdista, se manifestaron como voluntarios para cantar con De Juanes, otro que tal, en Cuba el 20 de septiembre. Lo malo es que esta señora, que tan bien recibida es por el dictador Fidel Castro en su isla de la “libertad”, critica a los anticastristas de Miami, tachándolos de “imposibles” sin haberse preocupado, seguramente, de indagar cuales fueron los motivos por los que tuvieron que huir de su patria, con toda seguridad, para no ser masacrados por su “amigo” Fidel. Es curioso que tache de “intransigentes” a los cubanos de Miami cuando ella sigue siéndolo, en un sectarismo rayano en obsesión, contra la derecha española. Claro que Victor Manuel no quiso quedarse atrás en sus improperios a los cubanos de Miami, a los que calificó de “gusanera de Miami”. Se olvida este matrimonio, tan progre y tan rico, que le están haciendo la sopa boba al dictador comunista y que cuando hablan de “un evento de Paz” están mancillando esta palabra debido a que, de todos es sabido,, Cuba es el país del mundo donde más se violan los derechos humanos, según se acredita en un informe de la organización de disidentes. Los presos políticos que, en la actualidad, se pudren en las mazmorras castristas, bajo la presidencia de Raúl Castro, ascienden a la cifra de 208, ¿acaso la señora Ana Belén y su distinguido marido, no lo sabían? O ¿es que los del franquismo si contaban, pero los detenidos por los comunistas están bien en la cárcel? Quizá conviniera que le pidieran permiso al señor Presidente de la República para que les permitiera visitarlos y, de paso, comprobaran el grado de libertad del que goza el pueblo cubano.

Pero, si no nos bastara con tan eximio matrimonio, con Tedy Batista, con el locuaz director de cine, señor Pedro Almodóvar, un destacado miembro del grupo gay tan bien representado en el gremio; últimamente, ha salido de su claustro, para no decir olvido, una eximia actriz de estas que estuvieron de moda una temporada, pero que se ha ido apagando en el otoño de su vida y parece que no se resigna a que ya no se hable de ella. Se trata de Marisa Paredes, otrora directora de esta fatua, despendolada y pretenciosa Academia de Cine, con ínfulas hollywoodenses o sea, un querer y no poder o una imitación hortera y mísera, de la Academia del Cine Americana. Esta señora, ha pretendido erigirse en la defensora del actual cinema español al que, por lo visto, le ve grandes méritos a pesar de que, la audiencia española, parece que no comparte su gusto, porque cada día va menos gente a ver esta bazofia de películas, fruto de las subvenciones estatales pero donde no brilla un átomo de talento ni de los actores, ni de los directores y, mucho menos, de los guionistas; con perdón de la señor ministra de Cultura, que pertenece a este gremio. Pero es que la señora Paredes no se ha cortado un ápice en sus declaraciones, atribuyendo la falta de asistencia a las películas españolas, al efecto del “no a la guerra” que promocionó la farándula cuando ocurrió lo que ellos han denominado “Guerra de Irak” ( la segunda, por supuesto, porque en la de Felipe González permanecieron mudos)

Semejante tontería no puede decirse más que por alguien que no sabe coordinar las ideas. Veamos, señora, los presuntos asistentes a ver esta clase de películas, en las que se pone de vuelta y media a la derecha; en las que no hay más que escenas de sexo; en las que el vocabulario utilizado por los artistas raya en la ordinariez más absoluta y en la horterada supina; en las que los temas se centran en las pretendidas libertades, en el laicismo más irreverente y en la promoción de los vicios más abyectos de la sociedad moderna, son precisamente los que han votado al partido que nos gobierna, al PSOE, no los de la derecha, que abomina de semejantes ranchos; por consiguiente, no achaque usted las culpas a los conservadores de que las hayan puesto “ en la picota”, atribúyalo, sin embargo, a la falta de calidad; a la abismal diferencia con las películas americanas; a la escasez de actores bien preparados; con estudios adecuados; con una cierta cultura, no recogidos de las calles, emulando las películas italianas del realismo caduco de otras épocas y, en especial, a la sequía de buenos temas, de guiones atrayentes y de directores con talento, que sepan lo que es hacer una película como Dios manda. Déjese de querer buscarle tres pies al gato, porque usted sabe que la juventud actual no se deja influir, por desgracia, por las opiniones de sus mayores y, si resulta que no van a ver películas españolas es, simplemente, porque no les “mola” como dicen ellos.

Lo que no pueden pretender es que el Gobierno acabe por obligar a los ciudadanos españoles a tragarse, a la fuerza, un tipo de películas que no aceptan. Siempre ocurre los mismo con el proteccionismo a lo que se llama “arte” y es que se crean guettos, se fabrican minorías supuestamente “selectas” que pretenden imponer a las mayorías sus ideas, sin tener en cuenta que, muy posiblemente, los que estén equivocados sean ellos y no el resto de los que no quieren tragar con sus propuestas. Hagan buen cine, enseñen interpretación, déjense de temas sórdidos y de escenas de cama y busquen los temas que realmente interesan a los espectadores. El pretender establecer, en el siglo XXI, una GPU (léase GAES) para imponer la voluntad de una minoría, no puede tener otro resultado que un fracaso sonado. Medítelo usted, señora mía, y deje de pensar que sólo ustedes saben algo de política, porque, lo siento, pero están muy equivocados.

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