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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Hitler en agosto

Kathleen Parker
Kathleen Parker
sábado, 22 de agosto de 2009, 06:43 h (CET)
Transcurridas la mitad de las asambleas sobre la sanidad del mes, parece que la popularidad se resiente - y que hasta Hitler debe de estar cansado de sí mismo.

El terrible tirano no puede descansar en paz en los tiempos que corren. Durante ocho años, fue George W. Bush. Ahora es Barack H. Obama. Simplemente somos incapaces de prescindir del monstruo del bigote menudo.

Su aparición más reciente es un póster de Obama con el icónico bigote, que parece más miga de pan retenida que una marca varonil. El cartel se ha convertido en el accesorio predilecto de algunos de los activistas más desatados de América.

Existe cierto debate en torno a si los resucitadores de Hitler son fanáticos o fanáticos de imitación - es decir, señuelos sembrados por el Partido Demócrata para aparentar que a los Republicanos les falta una tuerca.

Cualquiera que sea la verdad - la verdad cambia por momentos - parece cada vez más claro que la antigua capital de la colina se ha convertido en el callejón del gato, un circo a tres pistas de medios de comunicación acróbatas, payasos políticos y domadores que presentan el espectáculo.

(BEG ITAL)¡Pasen damas y caballeros, y compren algodón de azúcar, sólo cuesta un dólar y el espectáculo es gratis!(END ITAL)

Un reciente espectáculo, una asamblea en el ayuntamiento de Las Vegas accesible en YouTube, muestra a un hombre norteamericano-israelí escandalizándose ante las cámaras cuando una mujer próxima grita, "Heil Hitler".

¿Qué? El hombre se vuelve para echarle la bronca: "¿Está gritando" Heil Hitler "? ¡Qué vergüenza!"

Lás camaras siguen; el hombre sigue gritando algo sobre el elevado precio de una estancia hospitalaria reciente; la mujer se frota los ojos para hacer caer lágrimas de cocodrilo. Fin.

A continuación pasamos a Dartmouth, Massachusetts, donde el Representante Barney Frank comparece en una asamblea en el Dartmouth Council on Aging. Una mujer que sostiene una pancarta de Obama caracterizado como Hitler pregunta al congresista porqué apoya una política Nazi.

Para deleite de muchos de los presentes, Frank dice apelar a su herencia étnica y responde a la pregunta con otra:

"¿En qué planeta pasa usted la mayor parte de su tiempo?"

A continuación, dice que comparar los intentos del presidente de ampliar la atención sanitaria con Hitler es un homenaje a la Primera Enmienda, y que tratar de mantener una conversación con esta mujer sería como tratar de discutir con su mesa. Él elige no hacerlo.

Bien hecho. Invocar a Hitler suele significar dos cosas: una, pobreza de imaginación, y dos, falta de buenos argumentos. Es casi axiomático que cualquier acción de protesta contra el gobierno contará con Hitler en alguna forma. Izquierda y derecha son igualmente culpables.

Banalizar un mal así supone un insulto a la memoria de los millones de personas que sufrieron y murieron a causa de él, así como a la inteligencia de todos los seres.

Tal vez no sea posible en este país tener un debate serio sobre algo. Inevitablemente, el fondo degenera en tonterías. Hasta los más dignos estadistas se convierten en caricaturas cuando se yuxtaponen a lo ridículo.

Aunque es fácil culpar a "los medios de comunicación," ya no hay una sola entidad a la que acusar. En un mundo donde todo el mundo tiene vídeo - y la distribución es gratuita y fácil a la vez - cada chorrada es "una noticia". De esta forma, el caballero norteamericano-israelí y su némesis burlesca se convierten en estrellas del escenario mundial. La mujer Obama-Hitler puede resultar infame, pero es una especie de famosa.

Una puede oponerse razonablemente a las opiniones de Frank y los Demócratas en materia sanitaria basándose en el fondo del asunto - y un montón de gente informada lo hace. Pero cuando Frank se lanza al ruedo con una instigadora portadora de pancartas de Hitler, recuerda al sabio del Vesubio y sus detractores fugados de la residencia.

Habida cuenta de la elección de compañía, ¿con cuál se queda?

No importa que ninguno de los agitadores fuera conocido si no fuera por las omnipresentes cámaras y micrófonos. ¿Habrían hecho lo que hicieron - gritar y ridiculizar - si no hubiera habido nadie que registrara sus payasadas?

Desgraciadamente, no podemos ni tan siquiera criticar sin volver de rebote a Herr Hitler por el fenómeno conocido como Principio de Indeterminación de Heisenberg. El físico Werner Heisenberg, director del proyecto de la bomba atómica Nazi, desarrolló un "principio de incertidumbre" que se ha utilizado - algunos dicen secuestrado - para sugerir que las cosas observadas se ven alteradas por el simple acto de la observación.

Traducción: al encender la cámara, la presencia de la misma altera lo que va a pasar.

No hay mucho que podamos hacer al respecto de la convergencia entre la tecnología y la tenaz peste del narcisismo, pero (BEG ITAL)sí hay(END ITAL) algo que podemos hacer con Hitler. En el momento en que aparezca bajo cualquier forma, apague la cámara. Considérelo un acto de protesta no violenta - y de autoestima.

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