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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

La politica del totalitarismo

E. J. Dionne
E. J. Dionne
viernes, 21 de agosto de 2009, 06:23 h (CET)
Pruebe a hacer un experimento mental: ¿Qué es lo que habrían dicho los conservadores si un grupo de izquierdistas desaliñados en busca de follón hubieran llevado armas de fuego a las comparecencias públicas de Ronald Reagan o George W. Bush?

¿Cómo habrían reaccionado nuestros amigos de la derecha a alguien que lleva una pancarta que rezara "Es hora de regar el árbol de la libertad" durante un discurso de Reagan o Bush? Se trataría de una referencia a la declaración de Thomas Jefferson de que el árbol "debe ser refrescado de vez en cuando con la sangre de patriotas y tiranos."

Perdone, pero no creo que los conservadores se hubieran pronunciado en defensa del derecho de todo marxista estadounidense a llevar armas o derramar la sangre de los tiranos.

En la práctica, a los amigos de Bush no les gustaba ninguna disidencia. Recuerde el incidente del año 2004 en el que una madre enfurecida cuyo hijo había caído en Irak fue detenida por manifestarse en una concentración en New Jersey celebrada en honor a la primera dama Laura Bush. La mujer detenida ni siquiera iba armada. Puede que si hubiera llevado alguna, el lobby de las armas la hubiera defendido.

La Casa Blanca Obama simula estar abierta a la idea de armas de fuego en los exteriores de las comparecencias públicas del presidente. "Hay leyes que regulan las armas de fuego que se promulgan a nivel estatal o local," decía el martes Robert Gibbs, el portavoz de la Casa Blanca. "Esas leyes no cambian cuando el Presidente visita el estado o la localidad."

Gibbs recordaba al viejo discurso acerca del progresista tan abierto de mente que es incapaz de permanecer en su mismo bando del debate.

Lo que hay que abordar no es la cuestión legal sino el mensaje que envían los que enarbolan las armas.

Esto no tiene que ver con la política del populismo. Tiene que ver con la política del totalitarismo. No tiene que ver con una oposición que tiene todo el derecho a la libertad de expresión. Tiene que ver con una minoría enfurecida que practica la intimidación avalada por la amenaza de la violencia.

Hay una cuestión filosófica aquí enterrada bajo el miedo que tienen tantos políticos y personajes de los medios a aparentar estar alejados del llamado interior estadounidense.

La verdad simple es que una ciudadanía armada no constituye la base de nuestras libertades. Nuestras libertades descansan en el consenso moral, sustentado por la ley, de que en una república democrática zanjamos nuestras diferencias a través del debate razonado, y en ocasiones estridente. Las elecciones libres y el debate abierto no se originan en la violencia ni la amenaza de violencia. Constituyen precisamente la alternativa a la violencia, y las armas de fuego no tienen cabida.

Por el contrario, la violencia y la amenaza de violencia siempre han sido utilizadas por aquellos que quieren saltarse el procedimiento democrático y el estado de derecho. El linchamiento era el acto de aquellos que se negaban a dejar que el sistema legal desempeñara su papel. Se utilizaban armas de fuego en el Sur más profundo durante y después del periodo de Reconstrucción para intimidar a los electores negros y tomar el control de los gobiernos estatales.

Sí, he planteado el tema racial, y es profundamente problemático que sólo empiecen a aparecer armas de fuego con cierta frecuencia en actos públicos del presidente ahora que el presidente es negro. La raza no es lo único en juego aquí, y no tengo conocimiento de las motivaciones personales de aquellos que llevan las armas. Pero nuestro país tiene una tortuosa historia en estas materias, y tenemos que ser honestos con ello. Aquellos que llevan armas deberían conocer los recuerdos que despiertan.

¿Y podría decir alguien por favor a los manifestantes armados lo demencial y anárquico que hacen que parezca nuestro país a los ojos de gran parte del mundo? ¿Y no somos el país que anima a otras naciones a entender las ventajas de las urnas sobre las balas?

Todo esto está teniendo lugar mientras el país debate el proyecto sanitario del presidente. Hay mucho preocupante en ese debate. Avasallar a los oradores nunca es bueno, y se están contando muchas mentiras acerca del contenido de los proyectos de sanidad. Las mentiras deberían ser abordadas, pero la libertad implica una conmoción mucho mayor y una competición honesta de ideas, hasta cuando alguna de las partes dice cosas que no son ciertas o actúa de maneras no tan cívicas.

Si aún así no podemos trazar el límite en la amenaza de violencia, es que la democracia se empieza a desintegrar. El poder, no la razón, se convierte en el percal de la vida política. ¿Tendrá la decencia algún grupo de conservadores sensatos, miembros vitalicios de la Asociación Nacional del Rifle preferentemente, de animar a sus seguidores a dejar sus armas en casa cuando vayan a protestar contra el presidente? ¿Es eso demasiado pedir?

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