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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

De armas y apaciguamiento

Marie Cocco
Marie Cocco
viernes, 21 de agosto de 2009, 06:20 h (CET)
No vamos a tener que enfrentarnos durante mucho más tiempo a los creyentes delirantes de "tribunales de eutanasia" inexistentes que acechan en las asambleas de la sanidad, ni a los políticos de izquierda y derecha que se precipitan a retirar de la legislación sanitaria cualquier atisbo de que tal vez la gente quiera cuidados paliativos o atención terminal.

Entonces, ¿qué es lo que va aplacar a los tipos armados y peligrosos? Nada.

Han estado haciendo acto de presencia en las comparecencias públicas del Presidente Barack Obama, mostrando abiertamente sus armas de fuego perfectamente legales. Lo hicieron por primera vez en New Hampshire y después en Arizona esta semana, donde un hombre se ha convertido en una celebridad mediática al presentarse fuera del emplazamiento del discurso de Obama en Phoenix llevando no sólo una pistola sino además, por si acaso, un rifle de asalto semiautomático AR-15.

Aquellos que llevan armas cargadas a actos políticos nos dicen que lo hacen simplemente para manifestar que tienen derechos. El servicio secreto dice que es muy capaz de proteger al presidente, de manera que hasta la fecha él no ha corrido ningún peligro.

Pero el resto de nosotros no tenemos guardaespaldas las 24 horas que hagan registros y vigilancias, hablen a través de radios distantes y detengan a cualquiera que parezca remotamente sospechoso. Ahí fuera, en la ardiente acera, más allá de las barreras de seguridad y detectores de metales que rodean al presidente, simplemente puede pasar que los ánimos se caldeen, que un arma caída accidentalmente entre una multitud que avanza a empujones se dispare de forma accidental, o que un curioso menor se haga con el brillante objeto que ha captado su atención.

No confundamos la muestra en público de armas de fuego con la libre expresión democrática. Es intimidación.

"Añadir armas altera la naturaleza del debate político," dice Paul Helmke, presidente de la Brady Campaign to Prevent Gun Violence. "Es verdaderamente difícil replicar a alguien que tiene un arma. Esta es la parte nueva de esto. Se intenta imponerse al discurso político con el arma."

A primera vista, pensaría que Obama sigue adelante con su promesa de campaña de reinstituir la prohibición paulatina de las armas de asalto. No es el caso. Pensaría que el Congreso Demócrata se apresura a aprobar la obligación necesaria desde hace tiempo de comprobar los antecedentes de los que compran armas en armerías no regladas. No es el caso.

Obama y los Demócratas no han estorbado al lobby de las armas. Han colaborado con él.

En abril, Obama ignoraba una petición del Presidente de México de reinstaurar la prohibición de las armas de asalto con el fin de ayudar a paliar la violencia de las mafias de la droga a lo largo de la frontera. En mayo, Obama aprobaba una legislación -- con el apoyo de los Demócratas el Congreso -- que permite a los visitantes de los parques nacionales llevar armas fuego ocultas a la vista.

El pasado fin de semana, el presidente, la primera dama Michelle Obama y sus hijas recorrían los parques nacionales de Yellowstone y Grand Canyon, creando imágenes de los Obama como los iconos fotográficos de la diversión familiar feliz. Se encontraban, por supuesto, envueltos en el escudo del servicio secreto, y realizaron su visita antes de que la ley que relaja las restricciones a las armas de fuego en los parques nacionales entre en vigor el febrero próximo. Después el resto de nosotros quedaremos a nuestra suerte en caso de que se desate un tiroteo mientras intentamos absorber el panorama del que tan claramente disfrutó la familia presidencial.

Las respuestas de la Casa Blanca a la presencia de ciudadanos que llevan armas de fuego en las inmediaciones de actos presidenciales tiene el mismo tono de apaciguamiento que marca su política hacia las armas de fuego. La administración dice que es totalmente correcto que las lleven mientras los propietarios de las licencias no violen las leyes estatales y tengan "el seguro puesto," en palabras del portavoz Bill Burton.

¿Cómo, exactamente, está seguro un ciudadano al margen del cordón de seguridad presidencial cuando hay armas de fuego entre muchedumbres acaloradas de manifestantes políticos apasionados? La noción es absurda o arrogante, dependiendo de cada uno.

Pero es que entonces, se puede decir lo mismo de Obama y de esos Demócratas seguros de que si intentan tratar entre algodones al lobby de las armas, el lobby de las armas los va a dejar en paz. Ahora tenemos la respuesta: los fetichistas de las armas de fuego lo celebran llevándolas en los exteriores de actos presidenciales, posando alegremente con sus preciadas pertenencias para los medios de comunicación -- al tiempo que manifiestan sus barrocas sospechas de que el gobierno está planeando quitarles sus armas.

Esta mezcla incendiaria de pasiones políticas, pensamiento enrevesado y armamento es probable que termine explotando. Incluso si no lo hace, puede que los estadounidenses que descubren por primera vez que las relajadas leyes estatales permiten de verdad que todo el mundo lleve un arma de fuego -- a cualquier parte -- queden impactados. "Creo que este último episodio de llevar armas a este tipo de actos simplemente no es aprobado por la opinión pública en general," dice Helmke. "Cuando la opinión pública ve esas cosas, dice, 'Eso no es lo que queremos.''' Ojalá sea así.

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