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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

En España sí existe la objeción de conciencia, señor ministro

Miguel Massanet
Miguel Massanet
viernes, 21 de agosto de 2009, 06:18 h (CET)
Es, de todos, conocida la forma con la que los socialistas suelen presentar aquellos temas en los que tienen interés en que se forme, en la ciudadanía, una opinión favorable a sus tesis. Siempre he admirado la manera de los socialistas de enfocar los asuntos más escabrosos y, donde la ética y la moral tienen una importante relevancia, de forma que el pueblo llano llegue a percibir que aquellas personas que les trasmiten el mensaje tienen la enjundia necesaria para ser merecedoras de ser creídas. El ejemplo quizá más evidente de este sistema de embaucar a las masas, lo tenemos en la señora vicepresidenta del Gobierno que, gracias a tener un rostro inexpresivo y saber adoptar aires de superioridad cuando se pone ante las cámaras, da la sensación de que está hablando ex cátedra cuando, sin embargo, todo lo que dice no son más que señuelos y patrañas encaminadas a llevarse el agua de la opinión pública a su molino particular, que suele estar representado por los intereses de su propio partido; sin que le importe ni poco ni mucho el hecho de haberles explicado, a los que la escuchan, los cuentos chinos más increíbles.

Siguiendo esta línea de conducta y hablando de la futura ley sobre el aborto que nos vienen anunciando desde el PSOE, la estrategia del partido se va centrando en que, cada pequeño lapso de tiempo, salga alguna figura señera de la formación socialista, a decir algo que mantenga viva la llama de interés en la ciudadanía y le vaya refrescando las ideas que intentan inculcar a la gente, con la intención de convencerla de que este asesinato sin parangón en la historia de la Humanidad, si descontamos el caso del rey Herodes y su famosa matanza de “los inocentes, no es más que el ejercicio inocente de un derecho de la mujer quien, por lo visto, a juicio de estas personas que defienden el aborto, está autorizada para constituirse en juez y parte cuando se trata de quitarse problemas de encima y de optar por el camino más fácil: el abortar.

El último de los voceros del PSOE que ha salido al ruedo de la confusión y la presentación torticera de la ley de la señora Aído –esta ministra que parece que lo de la igualdad lo entiende a su manera, puesto que confunde a un feto humano con el de una bestia, entre los cuales parece que sus conocimientos sobre la especie humana y las bestias del resto de la naturaleza, no le alcanzan para distinguirlos –; ha sido el nuevo ministro de Justicia, señor Caamaño, quien, no obstante sus estudios y su conocida capacidad jurídica, parece que, en cuanto se trata de defender los proyectos legales de su compañera Bibiana, no tiene inconveniente en olvidarse de sus conocimientos, para dedicarse a desvariar, siguiendo las enseñanzas de su compañero Pepiño Blanco, hoy sesudo ministro de Fomento, cuando en sus tiempos de vocero del PSOE, se caracterizó por su facilidad para largar las barbaridades más increíbles como si estuviera convencido de que lo que decía iba a Misa. Porque, vamos a ver si nos entendemos, señor Caamaño, o usted, en sus recientes declaraciones nos está hablando de aquello que le gustaría que sucediese o lo que nos estaba diciendo carece de toda sustentación jurídica tal y como tenemos el ordenamiento jurídico actual. Está mal que un profano en la materia tenga que recordarle al señor ministro de Justicia que, en el Código Penal (Ley Orgánica 10/23 de noviembre del Código Penal), el aborto consentido o no por la mujer está penado como delito en sus artículos 144 y 145.

Y es que, cuando nuestro ministro afirma taxativamente, respecto a la objeción de conciencia de los médicos y sanitarios: “en nuestro país no hay más objeción de conciencia que aquella que está expresamente establecida en la Constitución o por el legislador en las Cortes Generales. Todos estamos sometidos a la ley. Las ideas personales no pueden excusarnos del cumplimiento de la ley, si no nos llevaría a muchísimos temas, en éste y otros muchos, a la desobediencia civil”; a muchos se nos ocurre que está entrando en un terreno peligrosos. En primer lugar, la diferencia entre “objeción de conciencia” y “desobediencia civil” ya ha sido objeto de muchos estudios en los que ha quedado demostrado las evidentes diferencias existentes entre ambas cuya exposición no viene al caso; pero, en cuanto al derecho de los médicos y sanitarios a negarse a llevar a cabo abortos, esto, señor ministro, ya son higos de otro costal, porque usted sabe perfectamente que hoy en día, en España, la objeción de conciencia está perfectamente reconocida y avalada por una sentencia del TC, de 11/04/1985, en la que, contestando al recurso previo de inconstitucionalidad, presentado por el Grupo Popular del Congreso, contra el proyecto de ley del Gobierno de despenalización del aborto, en su fundamento decimocuarto se establece (sic) “No obstante, cabe señalar, por lo que se refiere al derecho de objeción de conciencia que existe y puede ser ejercido con idependencia de que se haya dictado o no tal regulación. La objeción de conciencia forma parte del contenido del derecho fundamental a la libertad ideológica y religiosa reconocido en el artículo 16’1 de la Constitución y, como ha indicado este Tribunal en diversas ocasiones, la Constitución es directamente aplicable, especialmente en materia de derechos fundamentales”

Si no estamos equivocados y no parece que este sea el caso, el señor ministro, con el despotismo que caracteriza a este equipo ministerial del señor Zapatero (que quieren compensar su bisoñez con desplantes tipo Leire Pajín), quiso establecer en la mente de los españoles una idea que no coincide con lo que está establecido en nuestra legislación y, en especial, en el caso que nos ocupa, en el que, una sentencia emanada del supremo órgano interpretativo de la Constitución española, el Tribuna Constitucional, dejó perfectamente aclarado y avalado el derecho de médicos y sanitarios a no contribuir a esa salvajada en la que se incurre cuando se participa en la ejecución de pobres criaturas que se creen seguras en el vientre de sus madres, desnaturalizadas, por supuesto, pero al fin y al cabo madres, que tienen la obligación de llevar a buen puerto el embarazo para que su hijo pueda ejercer, como lo pudieron hacer sus padres, el derecho a la vida.

Estamos hartos de que, desde la cúpula del Gobierno, se nos pretenda manipular, se quieran tergiversar a su favor o a favor de sus particulares formas de entender la vida y sus especiales conceptos de la moral y la ética, aquellos valores tradicionales de la cultura cristiana de occidente, hoy en día en peligro, gracias a quienes han hecho del relativismo su credo y del engaño y de la falsedad su sistema de hacerse con adeptos que les ayuden a convertir a nuestro país en una república bananera. al estilo de la Cuba del señor Castro.

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