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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Tres gigantes del drama que les encarna

David S. Broder
David S. Broder
jueves, 20 de agosto de 2009, 06:56 h (CET)
Antes de que Bob Novak creara la auto-parodia de "El Príncipe de las Tinieblas" de la que tanto disfrutaron amigos e incondicionales, tuvo otras dos identidades periodísticas. Con su compañero, el difunto Rowland Evans Jr., escribió una de las columnas políticas más influyentes del siglo XX.

Y antes, fue uno de los tres mejores reporteros políticos de la década de los 60. Los otros dos eran Alan L. Otten y Paul Duke, y lo llamativo es que los tres estaban trabajando al mismo tiempo en la sala de prensa de la oficina en Washington de The Wall Street Journal.

Duke, que se convirtió en el apreciado moderador del programa "Washington Week in Review" de la PBS, falleció hace cuatro años. Otten, que me adoptó en mi primera campaña presidencial en 1960 y se convirtió en el mejor mentor que tuvo nadie jamás, murió hace dos semanas.

Y ahora Novak se ha ido. Cuando me enteré de su muerte el martes, me sobrecogió el hecho de que no vamos a volver a ver gente de su nivel. Procedentes de lugares distintos, Illinois (Novak), Nueva York (Otten) y Virginia (Duke), fueron reunidos aquí por unos editores con un compromiso apasionado con la cobertura del Congreso y la política como si las decisiones que se debatían realmente importaran.

Cubrir las noticias entonces significaba "mancharse las manos," entender realmente la dinámica de un subcomité de asignaciones a nivel íntimo, o las ambiciones del teniente de la gobernación de Texas.

Nadie lo hizo mejor que estos tres, y Novak fue notable, incluso entre ellos, por la energía con la que abordaba sus tareas. Recuerdo encontrármelo por casualidad en Detroit al final de una semana en la que los dos habíamos hecho la crónica del panorama político de Michigan.

Cuando hablamos, resultó que él había entrevistado a cada político al que había sido capaz de llegar, y un buen número más, y además había realizado varias decenas de entrevistas a pie de calle que a mí ni se me ocurrieron.

La parodia burlona de sí mismo que creó Bob como el Príncipe, un gruñón derechista, a veces se tomaba más en serio por su público de lo que pretendía. Bob era pugnaz, cuando era desafiado, pero su instinto iba a ayudar a sus amigos cuando lo necesitaban. De hecho, los tres grandes del Journal eran indefectiblemente generosos con los demás.

El conservadurismo de Bob era real. Creció con un padre anti-Roosevelt en Joliet, Illinois. Como deja claro su testamento profesional, Evans y él solían discutir el tono de su columna. Evans tenía debilidad por los Republicanos izquierdistas como Nelson Rockefeller. Novak prefería a los derechistas más estrictos, como el Senador de Indiana Bill Jenner.

Pero con los años, todos ellos mostraron su gran ojo para el talento, y cultivaron no sólo fuentes, sino amistades con muchos de los principales actores del drama que adoraban.

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