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Etiquetas:   Cristianismo originario   -   Sección:   Opinión

6500 millones de personas influyen negativamente en el campo magnético de la Tierra

Teresa Antequera
Vida Universal
martes, 18 de agosto de 2009, 00:54 h (CET)
En 1992 el Instituto de tecnología de California publicó un descubrimiento muy importante: se demostró la existencia de una cantidad considerable de partículas de magnetita en el cerebro de fallecidos. La mayoría de las regiones cerebrales de éstos contenían 5 millones de partículas de magnetita por gramo de tejido cerebral, es decir, mucho. Las meninges incluso contenían 100 millones por gramo. Se sabe que la magnetita reacciona con fuerza al campo magnético exterior, es decir con una intensidad un millón de veces superior a la de cualquier otro mineral natural.

Como siempre suele ocurrir en la ciencia, los investigadores no quisieron establecer que con ello habían encontrado el sentido magnético de las personas. Pero con seguridad se puede afirmar que el ser humano, al igual que muchas especies animales, dispone de una cantidad considerable de antenas magnéticas en el cerebro. En base a estas antenas, es posible que el campo magnético de la Tierra ejerza una influencia sobre las personas y que a su vez la manera de pensar y de actuar de las personas tenga su efecto sobre el campo magnético de la Tierra. En un pasaje del libro `Origen y formación de las enfermedades´ leemos lo siguiente: “El ser humano es un cúmulo de energías que según sea su forma de pensar y de actuar, crea sus propios campos de energía, es decir, sus campos magnéticos. Por consiguiente, cada ser humano tiene sus campos energéticos y magnéticos de acuerdo a su forma de pensar y actuar. Entre sus campos magnéticos y los campos magnéticos de la Tierra existe una acción recí­proca constante: las reacciones de la Tierra se transmiten al ser humano a través de la acción recíproca del ser humano y de la Tierra, de igual modo que la forma de actuar del ser humano se traspasa a la vibración de la Tierra. Lo que el ser humano le hace a la Tierra, a su planeta en que vive, se lo hace a sí mismo, debido a la correlación ser humano-Tierra”.

Se puede decir entonces que desde el punto de vista de las ciencias naturales, el campo magnético de las personas tiene su efecto sobre el campo magnético de la Tierra o incluso sobre el estado de la misma. De hecho muchas actividades de los seres humanos hacen que se produzcan deformaciones locales en el campo magnético, por ejemplo con la obtención de hierro en las explotaciones mineras, con la construcción de túneles, al emplear hormigón armado en la construcción de grandes rascacielos o con la instalación de antenas emisoras. Esto siempre hace que se produzcan distorsiones limitadas locales del campo magnético. Al mismo tiempo es posible que se produzca también una influencia de tipo mental, ya que cada persona con el sólo hecho de pensar crea un campo magnético y en la actualidad somos casi 6500 millones de personas pensando.

Pero ¿se puede demostrar que los sucesos que ocurren en planeta Tierra están influenciados o incluso producidos por la manera colectiva del pensar humano? Si se considera que los pensamientos crean campos magnéticos, es decir corrientes energéticas, que a su vez influyen en la vibración de la Tierra, al fin y al cabo sería plausible el suponer que los pensamientos y las emociones de 6.500 millones de personas puedan influenciar en los sucesos externos de nuestro planeta, lo que de una forma u otra viene a decir, que nosotros mismos somos los únicos causantes de nuestro propio destino y los responsables de lo que nos sucede. En el libro “Origen y formación de las enfermedades” se lee: “Los campos magnéticos terrestres registran todos los actos de los habitantes de la Tierra y las corrientes magnéticas que son las portadoras de sonido del gran ente terrenal, llevan todas las resonancias sean sus consecuen­cias positivas o negativas, de regreso a aquel que las emitió, es decir, de vuelta al ser humano“.

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