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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Las palabras... depende

Marino Iglesias Pidal
Redacción
lunes, 17 de agosto de 2009, 08:09 h (CET)
Las mismas palabras pueden ser causa de diferentes efectos. Y no ya por su significado, a veces muy distinto en según qué pueblos, sino por quién las dice y quién las escucha, ¡la forma en que llegan al destinatario! … El sentimiento siempre es determinante.

Él, lo que son las cosas, vallisoletano malcriado en León, siempre se mostró sin embargo un hincha acérrimo del Barcelona, algo que a ella, en principio, ni fu ni fa, pero que fue tocando su idiosincrasia a medida que el equipo de su cónyuge se iba haciendo menos Barcelona y más Barça.

Para la mujer, la lectura era una necesidad, y más en las tardes de los domingos, casi todas ambientadas en una propicia soledad proporcionada por la afición de él al fútbol.

En aquella ocasión se conjugaron circunstancias… infrecuentes. Él se quedó en casa a ver el partido por TV, y ella rebuscó entre los libros que llenaban los estantes alguno que le apeteciera, hasta que de forma, podríamos llamar inesperada porque siempre había sido, para ella, invisible, en aquel momento, vaya uno a saber por qué, se hizo notar a sus ojos El Quijote. Se trataba de un ejemplar, un regalo, que muy bien se podría considerar, dado su volumen y pesada encuadernación barroca, ornamental. Hacía tantos años que lo había leído…

Cada uno a lo suyo. Él accedió a bajar el volumen del televisor, pero los comentarios, incesantes, y las exclamaciones contentitvas del vocablo, agresivo para los oídos femeninos, Barça, iban in crescendo de forma incesante.

Llegó un momento en que la mujer no se reprimió: ¡¿Quieres dejar de proferir gritos traidores a España?!

Absorbido por la pasión futbolera ni siquiera la oyó. Los desatinos sónicos alcanzaron decibelios insoportables.

Explotó el libro al cerrarlo entre las manos y las “palabras” cervantinas fueron justo a impactarlo en la cabeza en el instante en que un resirte eufórico le hacía saltar de la silla. El golpe fue brutal. Sólo llego a pronunciar la primera de las dos sílabas ofensivas: ¡BAR…

Cayó redondo al suelo. Ella lo miró desdeñosa: Ya es hora de que Don Quijote comience a ganar. Hay que ir poniendo las cosas en su sitio. Las vacas delante del carro.

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