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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

El padre de De la Vega, condecorado por Franco

Miguel Massanet
Miguel Massanet
lunes, 17 de agosto de 2009, 07:40 h (CET)
En ocasiones, pocas, debemos reconocerlo, aparece alguna noticia en la prensa que nos divierte. Entre este cúmulo de malas noticias que diariamente nos acongojan, este desideratum en el que se ha convertido la política española y la evidente incapacidad de la clase política para hacer frente a una situación de emergencia como es la que actualmente estamos pasando por España; no cabe duda que el poder comprobar el grado de hipocresía y desfachatez de algunas de las personalidades de primera fila que constantemente tenemos que soportar en estas televisiones, a mi juicio impresentables, que le bailan el agua a este gobierno del PSOE –que da la sensación de eternizarse como le ocurre a cualquiera que está soportando las manipulaciones del odontólogo dentro de su boca, al que le da la sensación de que el tiempo se ha atorado y que cada minuto de tortura se le antoja un siglo –, puede resultar un ejercicio bastante entretenido.

Me refiero a una noticia que pude encontrar en el periódico digital “Libertad Digital” en la que se descubre algo que, no por ser habitual entre los llamados progresistas que hoy se han hecho dueños de nuestra nación, en el caso que nos ocupa, deje de sorprendernos. De todos es sabido que la señora Fernández de la Vega nos ha venido contando la historia de su señor padre que, al parecer, fue uno de los represaliados del franquismo. Hasta aquí nada que objetar y motivo, sin duda, para que la hija del señor Wenceslao Fernández de la Vega Lombán –que este era el sonoro y probablemente de alta alcurnia nombre del señor padre de doña María Teresa –, se afiliase a un partido de izquierdas; aunque hay que decir que, el renovado partido socialista, el de Suresmes y del joven Felipe González; a diferencia de los comunistas que, en la clandestinidad, continuaron luchando contra el general Franco, más bien se conformaron con exiliarse y, cuando llegó el momento en que se consideraron seguros, regresaron a España para atribuirse los mismos méritos que los seguidores del inefable señor Carrillo, si es que así se puede llamar a los intentos infructuosos de acabar con el régimen del general Franco, habían acumulado.

Pero la vice de la Vogue, el ojito derecho del señor Zapatero y la mejor clienta de las casas de moda. la señora Fernández de la Vega, por lo visto, no nos contó la historia completa de sus señor padre y se dejó en el tintero una parte importante del relato de la vida de su antecesor; acaso por descuido, puede que por olvido o, mejor, por conveniencia; porque, vean ustedes por donde don Wenceslao ( este nombre siempre me recuerda el del eximio humorista, señor W. Fernández Flores) no parece que tardase demasiado en hacer las paces con el régimen del general Franco ya que, según aclara la noticia, ejerció de Inspector de Trabajo en la llamada “dictadura” y, fue tal el empeño y la eficacia que puso en su labor, que fue condecorado con la “Orden del Mérito en el Trabajo con categoría de plata y ramas de roble, con ocasión de la fiesta señera del franquismo: el l8 de Julio de 1971, ( se puede comprobar en la página 37 de la edición del ABC de 17 de Julio).

¿Por qué, nos podríamos preguntar, un honor semejante, recibido por un familiar tan próximo, nos lo ha querido hurtar la señora De la Vega y, no obstante, no ha tenido inconveniente en airear a los cuatro vientos el que su señor padre fue represaliado por el régimen franquista? Pues no tengo una contestación plausible para ello. Verán, yo mismo, vengo de familia de derechas, mis padres y mis abuelos lo eran y yo sigo la saga sin que, en ningún momento, me haya retractado de ello ni mucho menos renegado de que mi familia lo fuera; antes bien, estoy orgulloso de ello. Sólo se avergüenzan de los suyos los pusilánimes; los que piensan que les puede perjudicar en su carrera; los que quieren reescribir la historia, adecuándola a sus conveniencias; los timoratos, los que tienen algo que ocultar y los que intentan sacar lucro o provecho encubriendo sus antecedentes familiares. Pero vean ustedes mi sorpresa cuando nos hemos cansado de escucharle decir a la señora vicepresidenta del Gobierno, con el empaque con el que se suele expresar, con su gesto admonitorio, con su tono axiomático y con su desfachatez a la que nos tiene acostumbrados; hablarnos del “rigor” con el que actúa toda la dirección del PSOE, se su ética, de la limpieza con la que se llevan a cabo todas sus acciones y de la forma horrible y desleal con la que se manifiesta el partido de la oposición, el PP. ¿Rigor?, ¿de verdad le hemos escuchado esta palabra a la señora De la Vega? Suponemos que no se debía referir al “rigor mortis” porque no se hablaba de ningún difunto; sin embargo, si queremos atenernos al sentido habitual de la palabra nadie nos podrá negar que la señor De la Vega ha actuado, al menos por omisión, con muy poco rigor cuando se ha valido de la imagen de su señor padre, sin duda, una persona muy respetable y, con toda probabilidad ganado para la causa franquista, si es que debemos aceptar, como queda patente que ocurrió, que aceptara sin ninguna objeción, la condecoración que el régimen franquista le otorgó, a la que, sin duda, hubiera podido renunciar si es que, como su hija, era partidario de borrar todos los signos de la “dictadura franquista” donde, por cierto se ganaba bien la vida. La prueba de que nunca se arrepintió de los honores recibidos está en que, en la misma esquela de su muerte (23/03/1997), se hizo constar que tenía la Medalla al Mérito en el Trabajo y al Mérito Civil a lo que se añadía la consabida coletilla de que “falleció cristianamente” en Madrid.

Cualquiera estaría orgulloso de proclamar a los siete vientos el tener en la familia una persona de tanto fuste y es probable que prefiriera olvidarse de una etapa de su vida en la que probablemente, cosas de juventud, anduvo algo descarriada. Pero a la señora De la Vega no parece que le guste demasiado que se le recuerde que su padre “colaboró” con el régimen y prefiere presentar la parte más “proletaria” de la figura de su señor padre. ¡Sus motivos tendría doña María Teresa para evitarlo! Y sabiendo de qué pie cojea la vicepresidenta no es difícil colegir lo fatigoso que le debe resultar tener que admitir que es el garbanzo negro de la familia, la progre de una familia normal premiada por las huestes del general Franco. De ahora en adelante la señora De la Vega deberá cuidar su lenguaje cuando se refiera a la Dictadura, no sea que sus excesos verbales con respeto a las generaciones anteriores, los que vivieron de maravilla con Franco, pudieran ofender, de pasada, a sus familiares más cercanos. Una noticia verdaderamente sugerente y divertida, ésta que nos muestra algo que desconocíamos de esta popular señora que, vean por donde, en su pasado tiene una “mancha fascistoide” que empaña su currículo como militante socialista.

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