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Etiquetas:   Cristianismo originario   -   Sección:   Opinión

¿En verdad pudo subir Maria al cielo con su cuerpo físico?

María José Navarro
Vida Universal
sábado, 15 de agosto de 2009, 07:48 h (CET)
Es un esfuerzo inútil querer encontrar algo de lógica dentro del enredo de las enseñanzas fabricadas por la Iglesia, un buen ejemplo de ello es el dogma de la acogida de María en el Cielo con su cuerpo terrenal, lo que se conoce como la Ascensión de María. Este dogma es al fin y al cabo el resultado del estado anímico de Pío XII, quien lo promulgó en 1950 en base a su supuesta infalibilidad. Según éste María ha de continuar allí su existencia como único ser en el cielo con cuerpo físico, lo que de manera cómica hiciera pensar en que posiblemente sufra eternamente de problemas de ahogos y hasta falta de alimento.

Es difícil y sin sentido intentar explicar esto de forma apropiada ya que al fin y al cabo se trata de las contradicciones que resultan de las decisiones papales irrevocables, y que de vez en cuando tienen como resultado extravagancias lógicas. Al disparate lógico se le puede denominar “lo absurdo”, y es que en la Iglesia católica circula el “dogma” que dice “Credo quia absurdum”, es decir, yo creo justamente en lo ilógico, en lo improbable, en lo absurdo, como si se tratara de una especie de verdad superior a la que hay que otorgarle sin el menor reparo y la menor duda, fe y confianza.

Es preciso hacer notar que Jesús de Nazaret no exigió de los hombres que creyeran en locuras, El nos enseñó que Dios es el Espíritu Universal, la sabiduría, la libertad y la unidad. Por eso no es concebible que la fe en Dios tenga que ir unida a lo absurdo.

Por el contrario aquel que ha descubierto qué obra de salvación tan completa y omniabarcante trajo Jesús a la humanidad, qué amor y amparo tan ilimitados, entenderá que quien conoce Su verdadera enseñanza no puede hacer otra cosa que corregir todas las tonterías que la casta sacerdotal difunde sobre Jesús, y desmontar el edificio de dogmas y poder que han construido en torno a Su nombre. Ha llegado el momento de rehabilitar a Jesús, el Cristo.

Extracto del libro “Quien está sentado en la silla de san Pedro, tomo 2”

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