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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Jugar con fuego en las manifestaciones

David S. Broder
David S. Broder
jueves, 13 de agosto de 2009, 01:42 h (CET)
Contemplando las contundentes tácticas que están siendo utilizadas en las reuniones informales de los legisladores con el electorado por parte de algunos de los detractores de la reforma sanitaria, sigo pensando que alguien debería recordar a los líderes Republicanos que están disfrutando con el panorama la historia de Bruce Alger.

Alger fue el primer congresista Republicano elegido por Texas en la era moderna, haciéndose con un distrito de Dallas en 1954. En 1960, apenas unos cuantos días antes de la elección presidencial, formó parte de un grupo de varios cientos de personas que rodearon a Lyndon B. Johnson, ex candidato Demócrata a la vicepresidencia, y a su mujer Lady Bird a su llegada al Hotel Adolphus en Dallas para presidir una cena formal.

Muchos de los manifestantes llevaban pancartas que tildaban al senador de Texas de "Judas." La pancarta de Alger rezaba: "LBJ es un vendido de los socialistas yanquis."

Como escribía yo más tarde, los Johnson "se vieron arrollados por la multitud, y durante más de media hora, hostigados e insultados mientras se abrían paso lentamente por el vestíbulo. Johnson rechazó la oferta de escolta policial, diciendo a un ayudante que "si ha llegado un momento en que no puedo cruzar el vestíbulo del Hotel Adolphus con mi mujer, entonces quiero saberlo."

La respuesta fue instantánea y contundente. Como los columnistas conservadores Rowland Evans y Robert Novak escribían más tarde en su libro acerca de Johnson, la escena del Adolphus "enfureció a miles de tejanos y sureños. El Senador de Georgia Richard Russell, que no había hecho campaña por la lista nacional de su partido desde 1944, telefoneó a Johnson esa noche para ofrecer su apoyo." Los biógrafos de Johnson llegaron a la conclusión de que mientras que nadie pudo demostrarlo, es "una hipótesis a considerar" que el incidente del Adolphus decantase en favor de los Demócratas los comicios de Texas y puede que de otros estados reñidos del Sur.

En 1964, cuando Johnson encabezaba la lista Demócrata, ajustó cuentas: sus apariciones para apoyar a otros candidatos expulsaron a Alger de la administración.

Me vino a la cabeza lo sucedido en esta saga a causa de lo sucedido al Representante de Michigan John Dingell, el venerable Demócrata que era acallado la semana pasada por los manifestantes en una reunión informal acerca de la sanidad celebrada en Romulus, Mich. Dingell, de 83 años de edad, había representado a la zona durante 53 años, sobreviviendo a todos los cambios políticos y a una iniciativa Republicana de expulsarle alterando los límites electorales del distrito.

Sin embargo, era declarado "un fraude" por una mujer que decía que el plan que apoyaba él dentro del comité iba a vaciar su cartera, y fue abucheado y denunciado por centenares más que se agolpaban en la reunión.

Dingell decía que no se había enfrentado a una turba así desde que votó a favor de la ley de derechos civiles en 1964, pero decía, "Soy un bastardo chapado a la antigua" y no iba a decepcionar.

Escenas como las de Romulus han abierto los informativos del cable a medida que los Demócratas de todo el país se han ido reuniendo con sus electores durante este receso veraniego del Congreso. Las cámaras estaban presentes mientras los Senadores Arlen Specter y Claire McCaskill eran vituperados el martes.

Lo que no aparece en los informativos es cuál será la reacción entre la población de electores en general cuyas opiniones van a influenciar de manera definitiva el destino de la legislación sanitaria.

Desde que se iniciaron las protestas no he visto ninguna encuesta, pero un editorial del Detroit Free Press el martes decía "Que la falta de respeto a Dingell se manifestara en un estado que ha hecho una contribución tan clara fue imperdonable."

Se han publicado muchos editoriales. Y por lo menos algunos Republicanos están empezando a darse cuenta. Sarah Palin, que antes había afirmado que los planes que apoya Obama son "perversos directamente," decía en un comentario en Facebook que "debemos mantenernos centrados en el debate del asunto y no desviarnos a causa de tácticas que pueden ser acusadas de llevar a la intimidación o el hostigamiento."

Pero no todos los líderes Republicanos han recibido el mensaje. La Representante Demócrata Debbie Wasserman Schultz, que encabeza un distrito de Florida con fuerte presencia judía, me telefoneaba para denunciar que importantes Republicanos de la Cámara no habían condenado públicamente a Rush Limbaugh por sus comentarios equiparando las políticas sanitarias de Obama con las de los Nazis.

Hay mucho que mejorar en los proyectos de ley sanitaria, pero creo que estos detractores enfurecidos juegan con fuego.

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Diario SIGLO XXI dispone de los derechos de publicación en exclusiva para medios digitales españoles de este y muchos otros columnistas del Washington Post Writers Group.

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