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Injusticias de la vida

Manuel Monfort
Manuel Monfort
miércoles, 12 de agosto de 2009, 00:55 h (CET)
El fútbol está de luto y no sólo lo está el español, sino que más bien tenemos a todo el fútbol mundial teñido de negro. La muerte de un futbolista es un hecho impactante y demasiado violento que llega a traspasar inclusive los anales de las almas más despiadadas. Fue el sábado sobre las 8 de la tarde cuando el corazón de Dani Jarque se apagó para siempre mientras hablaba con su novia embarazada de ocho meses.

Un caso demasiado duro e injusto el de este futbolista que con 26 años estaba a punto de ser padre. Los que le conocían hablan de que era una excelente persona, humilde, atento y que además seguía una vida muy sana. En el ámbito profesional lo tenía todo. Consiguió la permanencia tras salvar una situación muy delicada al borde del abismo, Pochettino le concedió la capitanía para esta temporada y la estrenó junto al nuevo estadio con una ilusionante victoria ante el Liverpool de Rafa Benítez.

Precisamente, la semana pasada a principios de semana escuché por la radio una entrevista nocturna al mismo Dani Jarque. Estaba muy ilusionado: estadio nuevo, capitanía, posibilidad de llamada de Del Bosque para la Selección, el hecho de ser padre…Y de pensar que ahora ya no podrá cumplir sus sueños porqué no está entre nosotros es inaceptable.

Un caso similar al de Antonio Puerta, que murió también hace dos años de un ataque al corazón y teniendo además a su mujer embarazada. También se recuerda el caso de Rubén De la Red, aunque este último menos mal que corrió mejor suerte. ¿Qué está sucediendo para qué en tan poco tiempo hayan ocurrido casos como estos? Lo que resulta obvio es que la muerte súbita no puede evitarse, pero lo que si podría hacerse por parte de los clubes es regular más estos casos contratando cardiólogos o realizando pruebas hereditarias a sus futbolistas.

Y ahora, probablemente, el nuevo estadio del Espanyol, Cornellà-El Prat, pase a llamarse Estadio Dani Jarque. Yo, la verdad, espero que finalmente lo bautizen así porqué Dani se lo merece. Como igualmente se merece que 50.000 personas se hayan reunido en el nuevo estadio para recordarle. Era un gran tipo, un hombre de la casa, toda una vida al servicio del club de sus amores y todo un ejemplo para la cantera. En definitiva, un símbolo para el espanyolismo.

Así es la vida y a veces, tal y como ha quedado demostrado, puede ser muy cruel. Por eso hay que disfrutarla al máximo cada día como si fuera el último porqué el día de mañana nadie sabe donde podremos estar. La felicidad es un bien muy preciado, que hay que saber valorar y hay que disfrutarla en la compañía de los que nos aman. Por eso, desde estas líneas mando mi más sincero pésame a la familia de Dani Jarque y a todos los aficionados periquitos. ¡Animo!

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