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Etiquetas:   Momento de reflexión  

La base de la autoridad

Octavi Pereña
Octavi Pereña
miércoles, 12 de agosto de 2009, 00:50 h (CET)
“Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que el Señor tu dios te da” (Éxodo,20:12). Este mandamiento es el primero de la serie que tiene que ver con las relaciones entre los hombres. Los cuatro que le preceden tienen que ver con la relación del hombre con Dios.

El orden en que están dispuestos los “Diez Mandamientos” indica que la autoridad es piramidal. Nace en Dios y desciende hasta los hombres, en sus diversas esferas sociales. Es interesante percibir que el primer mandamiento que tiene que ver con la autoridad humana se encuentra en el hogar. En la autoridad de los padres sobre los hijos: “Honra a tu padre y a tu madre”. Refiriéndose a este mandamiento el apóstol Pablo escribe a los cristianos de Efeso, diciéndoles: “es el primer mandamiento con promesa” (6:2). La promesa que contiene este precepto es: “para que tus días se alarguen en la tierra que el Señor tu Dios te da”. Cierto, el orden social se mantiene si existe autoridad bien establecida. ¿Dónde empieza a aparecer la autoridad que permite cohesión social? No es en los gobiernos locales, autónomos, estatales divinamente instituidos. Es en la familia. Los hijos han de honrar a sus padres. Deben respetarlos. Es una actitud que nace en el corazón y se manifiesta en actos de sumisión a la autoridad paterna. Si se da la sumisión, que no es servilismo, de los hijos a los padres, se sientan las bases para la obediencia en otras áreas sociales. Recordemos que la Biblia establece el principio de la obediencia a las autoridades instituidas por Dios, y, la autoridad a los padres es la base de todas las otras.

Con el falso concepto de libertad que da carta blanca para que cada uno haga lo que mejor le parezca, se establecen las bases para el desorden social. Desgraciadamente, vemos como los hijos cuestionan la autoridad de sus padres al tratarlos indecorosamente. A la vez observamos como el incremento del incivismo doméstico se traslada en la esfera social: Excrementos de perros que ensucian las aceras y la insensatez de sus propietarios que los llevan a hacer sus necesidades en áreas reservadas para esparcimiento infantil, con lo cual se ponen en peligros la salud de los niños; los inexplicables destrozos de contenedores de recogida de deshechos domésticos y del mobiliario urbano; no se deben olvidar los destrozos que también se producen a la propiedad privada cuando se celebran triunfos deportivos. No hay justificación alguna para tanto vandalismo. Aún cuando no lo queramos admitir, el comportamiento incívico de la juventud , en concreto, se debe a que en el hogar los padres no han sabido o no han querido introducir la disciplina que nace de la autoridad recibida de Dios. Este abandono tiene consecuencias desagradables para todos.

Los padres que quieren introducir en sus hogares la disciplina que les compete debido a la autoridad que han recibido de Dios, lo tienen muy difícil. Las autoridades civiles que deberían estar a su lado ayudándoles en sus dificultades, no tan sólo se despreocupan de hacerlo, sino que se oponen abiertamente a que ejerzan sus responsabilidades educativas legislando leyes como la que las adolescentes de 16 años puedan abortar a espaldas de sus padres. Si llega a aprobarse esta ley que atenta contra la autoridad de los padres, el estado suplanta a la autoridad paterna a insta a los hijos a que desobedezcan a sus progenitores. Propuestas legislativas de esta índoles socava la autoridad de los padres y el estado pone los cimientos para que los problemas que pretende resolver con esta usurpación de poder, se agraven todavía más.

La desaparición de la autoridad paterna, por una parte segada por las autoridades civiles y, por otra, por la instintiva rebeldía juvenil, tiene una causa. El resumen que el interprete de la Ley Dios hace de los Diez Mandamientos es: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente, y a tu prójimo como a ti mismo”. Jesús le dijo: “Bien has respondido, haz esto, y vivirás” (Lucas,10:27,28). En la obediencia a lo que se ha venido a llamar “Gran Mandamiento” se encuentra la solución al problema de falta de autoridad que se da en nuestra sociedad. La razón por la que no se restablece la autoridad en todos los niveles sociales se debe a que le hombre da la espalda a Dios y no lo tiene en cuenta en sus caminos. Si no se regresa a Dios no se hallará solución a los problemas sociales por más que se dicten leyes coercitivas para frenarlos y la ciudadanía exija a las autoridades que se incrementen los efectivos policiales para impedir el desorden.

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