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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Nuestra atomizada cámara

David S. Broder
David S. Broder
martes, 11 de agosto de 2009, 02:16 h (CET)
Cuando varios congresistas Blue Dogs, la facción conservadora moderada Demócrata, se reunieron la semana pasada con la presidenta de la Cámara Nancy Pelosi para negociar el acuerdo que permitió sacar adelante el proyecto de ley de reforma sanitaria, se produjo una muestra de su ascenso a la prominencia.

La Blue Dog Coalition se constituyó tras las elecciones de 1994 que dieron el control del Congreso a los Republicanos. Los Demócratas de las zonas rurales y los pequeños distritos electorales, especialmente en el Sur y el Oeste, estaban preocupados porque la dirección del partido, salida de las grandes ciudades del Medio Oeste y el Nordeste principalmente, estuviera dando una imagen demasiado progre. Así que se unieron para tratar de protegerse y, a ser posible, aumentar su influencia.

Su historia es típica de las narraciones que hay detrás de las numerosas formaciones ideológicas, étnicas y geográficas que han marcado la historia del Congreso y son hoy un rasgo establecido de la Cámara también.

Estas formaciones -- caucus dentro de cada partido esencialmente -- son territorio relativamente desconocido para los iniciados del Congreso. Pero un par de artículos en el presente número de Congress & Presidency, la revista publicada por el Centro de Estudios de la Presidencia y el Congreso de la American University, examinan la historia y el impacto de estas facciones.

La de los Demócratas conservadores puede ser la más conocida en la actualidad, gracias a toda la publicidad de que llevan la voz cantante de los "votos indecisos" de la sanidad en la Comisión de Energía y Comercio de la Cámara. Pero no es la mayor ni necesariamente constituye la más influyente de estas formaciones.

Sus 52 legisladores son superados por los 68 integrantes de la Nueva Coalición Demócrata, el legado de los años Clinton, y por los 81 congresistas afiliados al Caucus Progresista, que se remonta a principios de la década de los 90 y ha trabajado a lo largo de su historia por la promulgación de una legislación sanitaria de fondo común y corte canadiense.

Todos ellos son eclipsados por el Comité Republicano de Estudio, la mayor formación y la más conservadora del Partido Republicano, con 106 miembros - más de la mitad de toda la Conferencia Republicana.

No es una casualidad que estas facciones sean mucho más prominentes en el funcionamiento de la Cámara que en el del Senado. Los 100 senadores constituyen una sociedad lo bastante pequeña para negociar como individuos, lo que hacen con la legislación sanitaria en estos momentos en el Comité de Finanzas.

La Cámara, con 435 congresistas, es tan grande que los legisladores novatos casi se pueden sentir perdidos. Las formaciones les dan la oportunidad de charlar con los legisladores afines, para intercambiar ideas y experiencias, y descubrir juntos cómo lograr sus metas personales y legislativas.

Eso es exactamente lo que hicieron los Blue Dogs en sus negociaciones con Pelosi y el presidente del comité Henry Waxman en torno al proyecto de ley de atención sanitaria. Querían - y lograron - la protección de los hospitales rurales frente a los recortes de Medicare que los centros hospitalarios afirman serán la ruina. También intentaron tumbar o debilitar la propuesta de una alternativa pública a la protección privada, y tuvieron que conformarse con menos de lo que pedían.

No tiene nada de nuevo que las formaciones ocupen un papel central en el proceso de negociación legislativa. Uno de los artículos, firmado por Daniel DiSalvo, del City College de Nueva York, considera que las formaciones, que él define como "grupos que son más pequeños y más ágiles que el partido en su conjunto", han destacado en el Congreso por lo menos desde los primeros años del siglo XX.

A menudo vinculados a grupos de interés, centros intelectuales y activistas ajenos al Congreso, son "los vehículos que fijan el orden del día y los motores del cambio político, que desarrollan nuevas ideas y afinan políticas viables, y las promueven en el Capitolio", dice DiSalvo.

Históricamente, su mayor impacto se ha dado sobre la estructura del propio Congreso. El Grupo de Estudio Demócrata, una agrupación izquierdista cuyo número aumentó tras las elecciones de 1974, fue el pionero del fortalecimiento de la dirección central de su partido en la Cámara en detrimento de los presidentes de las comisiones autónomas.

Veinte años más tarde, la Conservative Opportunity Society dirigida por Newt Gingrich hizo lo propio desde el bando Republicano. El resultado, para bien o para mal, es que hoy la Cámara es una entidad mucho más estratificada y centralizada de lo que fue a lo largo de un período de su historia.

Algunos de los grupúsculos de hoy celebran esa tendencia. Otros, incluyendo a los Blue Dogs, no. Pero la lección clara es que las formaciones atraen votos - y no se las puede ignorar.

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Diario SIGLO XXI dispone de los derechos de publicación en exclusiva para medios digitales españoles de este y muchos otros columnistas del Washington Post Writers Group.

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