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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Cualquier tiempo pasado fue mejor

Ángel Ruiz Cediel
Redacción
lunes, 10 de agosto de 2009, 10:54 h (CET)
De tal forma me disgusta esta permanente y barriobajera confrontación de nuestros políticos, de tal manera me desagrada el chanchulleo que se traen políticos y golfos apandados, de tal guisa me asquea la corrupción global que nos concierne, de tal modo me produce repugnancia que todos los ámbitos de la sociedad estén comandados por impresentables freakys y de tal suerte ha degenerado España en todos sus ámbitos día a día desde la llegada de la democracia, que cuando pienso en lo que los políticos están haciendo con mi país, no puedo sino corear el afamado verso de Jorge Manrique cuando cantaba a la muerte de su padre. Ni España ni los españoles se merecen esta ignominia, y mucho menos que alguien los vote.

No; no era esto lo que yo deseaba para mi país y mis conciudadanos cuando me jugué mi juventud y mi libertad contra los guardias de la Dictadura, ni creo que lo fuera para ninguno de los que asaltamos las calles con nuestros credos. Con Dictadura o sin ella, hoy constato dolorosamente que fui más libre entonces, que los hijos éramos más libres que lo son hoy mis hijos, y que los que no pertenecemos a un chiringuito tuvimos más oportunidades en aquel tiempo de supuesta represión que las que hoy tenemos en estos tiempos de supuesta libertad. Hoy, rememoro aquellos días de guardias grises y moral impuesta, y considero con inenarrable amargura que cambiamos algo malo por algo peor: por un orden de trampas, injusticia, corrupción y chiringuitismo.

Luché como pude, con mi voz y con mi vida..., y me estafaron los míos, me engañaron, me timaron para que me empeñara por alcanzar virtudes que jamás se han institucionalizado. Ni siquiera se ha progresado un milímetro en implantar siquiera lo que la misma Constitución clama. Me traicionaron los míos, los que decían amar la libertad. Hoy, en esta libertad, ni siquiera puedo dejar a mis hijos salir solos a la calle, cuando yo mismo, y todos los que tenían mi edad, salíamos en aquel tiempo sin peligro a la calle, porque los mayores eran confiables y cualquiera hubiera dado su vida por protegernos. No me puedo imaginar entonces un asalto ante la indiferencia de los viandantes, por ejemplo, entretanto hoy nadie interviene aunque presencie la violación de un prójimo a plena luz y en la calle. No me puedo imaginar en aquel entonces que un trabajador fuera humillado en Magistratura, y mucho menos que un político, un policía o un guardia civil fueran corruptos..., sin recibir a cambio la sevicia y la mano de hierro de la Justicia. Si comparo, no importa en qué aspecto sea, pierdo, perdemos ahora.

Me jugué el tipo, e incuso en dos ocasiones fui detenido. Escuché los cantos de sirena de los que clamaban por órdenes libres y perfectos, y me inculcaron el sofisma de que si la República hubiera ganado la guerra todos seríamos más libres... para esto. Me mintieron. No trajimos la libertad, sino que les arrebatamos el poder a unos para dárselo a otros, a los que favorecen el bienestar de los criminales y las condenas de los justos, a los que elevan a los amiguetes y a los inmorales a los puestos de dominancia, a los corruptos, a los que promocionan a los incapaces, los inútiles o los degenerados y ningunean el talento y la capacidad, a los especuladores, a los golfos, a los pedófilos, a los traficantes de almas, a los explotadores, a las putas, a los narcotraficantes, a los plumíferos, a los vivos... y a los que degradan la naturaleza humana y someten a los trabajadores al esclavismo.

Hoy —con dolor lo digo—, no lo haría, no movería ni un dedo porque esto que nos concierne se implantara. Hoy, más que nunca, renuncio a la democracia y a estos falaces vivales que no se merece España. Hoy, no movería un brazo, ni una voz siquiera por derribar aquello que derribamos. Todo está hoy torcido, todo es mentira, todo esconde un interés espurio que se traduce en dinero y poder, todo está en venta: almas, honor, justicia, ley, orden, verdad. Es el país de lo perverso. No sé si mi inacción serviría para apoyar la Dictadura, pero aun aquélla me sabría mucho, mucho mejor que esta realidad de mentirosos, corruptos y freakys en el poder, mientras la sociedad languidece desorientada, manejada como un rebaño por quienes debía servir y se sirven. Hoy, cualquier tiempo pasado, incluso la Dictadura, me parece mejor, mucho mejor, infinitamente mejor. ¡Joder, cómo me duele España... y los españoles!

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