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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La desdicha política extremeña

Ángel Morillo (Badajoz)
Redacción
jueves, 6 de agosto de 2009, 10:56 h (CET)
Discutíamos de política un día y un entonces Alcalde, ahora Consejero, nos recriminó: ¡Dejad la política para los políticos! Y así debiera ser, pero…

La política ha alcanzado tal grado de degeneración que, excepto a los que sólo interesa el fútbol –bueno, más que el fútbol, que gane el Madrid o el Barcelona- o a los que chupan de ella, preocupa a muchísima gente, a la mayoría de los ciudadanos que superan los 35 años.

Sí, porque se ha convertido en el camino de un sinfín de maulas (en Extremadura un azote) para poder vivir con un buen sueldo y con la categoría social que en condiciones ordinarias nunca hubieran tenido. No por nada de su origen, más o menos noble y humilde, sino por eso, por su ineptitud.

Con la llegada de la “Democracia” (también llamada la “Dictadura de más”, en Extremadura, de muchos más, reitero) se subieron al tren, entonces más lento que el AVE, muchísimos que no hubieran pasado, de otra manera, de un salario como el que tienen la mayor parte de los trabajadores: de supervivencia y poco más.

Así nos encontramos con que España está infestada de políticos, en su mayor parte, menospreciables y de casi nula capacidad intelectual para el cargo que desempeñan. Y ello, consiguientemente, nos lleva a la situación de anarquía institucional que padecemos en todos los ámbitos sociales.

Para colmo de monstruosidad política, se les ocurrió el Estado de las Autonomías para dar cobijo a todo un enjambre de trapaceros necesarios para, con su apoyo, mantener vigilada la “cueva” de la irrupción de otros filibusteros para llevarse el botín. Aderezada, al menos, en Extremadura –no sé lo que hacen en otras CCAA- con la creación de las Mancomunidades, que, aunque sólo sirven para que todos los servicios nos cuesten más (¡eso qué importa!), ayudan a dar “alojamiento” a otra pléyade de la sinecura y constituye una especie de Senado Local (morada de Alcaldes que no pueden optar a más, pero a los que hay que “agradecer” los servicios prestados).

Y como a todo hay quien gane, en esto de las CCAA nos llevamos la palma los extremeños. La política de aquí se merece un libro (¡no, por favor, del Sr. Ibarra, no!) de alguien como Mario López, Ángel Ruiz Cediel, Arturo Pérez-Reverte…, o, quizás, Moisés Naím.

Por cierto que Moisés Naím, sin intención, obviamente, ha publicado un artículo buenísimo -como todo lo que escribe-, titulado “la receta”, que “cuadra” con la idiosincrasia política que impera en esta región…, en esta CCAA, ¡no se disgusten!

Para no alargarme mucho, les contaré sólo cuales son algunos de los ingredientes, según Naím (con algo mío añadido), y cómo se prepara, cómo se cocina, “la receta” para que la desdicha se eternice, como me da que nos pasa aquí:

Para empezar, uno de los principales ingredientes es que haya muchos pobres, que sea pobre una abrumadora mayoría de la población (En Extremadura tenemos la tasa de pobreza más alta del País, el 42%, más del doble de la media) a la que siempre se le ha prometido mucho y dado poco. Para “cocinarla”, procédase sacudiéndoles mucho con una intensa campaña de absorción que rompa la armonía social y genere odios.

El siguiente ingrediente es la desigualdad. Pobreza coexistiendo con grandes fortunas y, aún todavía, latifundistas; sin descartar “amigos” del Poder que ganan más con él que con su empresa. Para “guisar” la desigualdad sólo hace falta corromper la Educación y la Formación (las herramientas del pobre para dejar de serlo) no prestándole la atención debida y fomentar la alcahuetería en los medios de comunicación mediante grandes dosis de publicidad innecesaria pagada a precio de oro…, con dinero del contribuyente, lógicamente.

Otro ingrediente imprescindible es la Injusticia (indefensión incluida) y la exclusión social y la corrupción en abundantes cantidades legitimada a través de un salario escandaloso (que cobran demasiada gente) poco acorde con la media de la región y sacado de una presión fiscal a los pobres atosigadora. El guiso de estos ingredientes es sumamente fácil, se “compra” a quien se deje…, y se dejan mucha gente, no hay duda, la codicia está a la orden del día desde la llegada de esta “Democracia”.

Al igual que ocurre con el de las élites políticas (sindicalistas “domados” incluidos) y económicas complacientes y seguras de que “aquí no va a pasar nada”. ¿Qué más y peor puede pasar, a los pobres por supuesto, que arrastrar tanta miseria por su egoísmo sin limitación? Se guisa igual que se hace vino: Pisando, pisando, pisando…, cabezas.

Sin olvidar el ingrediente de desprestigiar a los partidos políticos que rompen las mayorías mediante el “mercado rural del voto”, en ebullición permanente por una menudencia de jornal. ¿Qué cómo se guisa? Viene ya precocinado con la pobreza institucionalizada, sólo hay que “calentarlo” en alguna de esas Universidades Populares o Casas de Cultura (perdón, quiero decir de Curtura).

Ni el de ganar cada elección que se convoca. Como sea, haciendo lo que haga falta. Pero no dejar nunca el poder. El PSOE de Extremadura está entre los mejores “cocineros” para tratar este ingrediente: Colocaciones masivas y temporales, claro está, en los Organismos Públicos (Administraciones Locales, preferentemente) cada vez que hay elecciones que, como es bien sabido, producen tres votos por empleo. ¡Imbatibles!

Y por último, como les prometí, para no alargarme, el ingrediente de una clase media apática y desilusionada de la Democracia, la política y los políticos junto a una juventud educada –no toda, afortunadamente- para interesarse, única y exclusivamente, por el fútbol y la borrachera semanal y el sexo. Que no hace falta decir que se cocina y se logra un manjar con sólo “no molestarles y dejarles hacer” lo que más les guste, aunque eso sea un cúmulo de atropellos para los demás. ¡Que les asiente bien!

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