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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Evitar las decisiones difíciles

Ruth Marcus
Ruth Marcus
jueves, 6 de agosto de 2009, 06:09 h (CET)
¿Al Presidente Obama le preocupa más aprobar una reforma sanitaria que de verdad controle el gasto, o le preocupa más salir reelegido? ¿Le preocupa más poner orden fiscal en la nación, o salir reelegido?

En este momento, las pruebas apuntan a ser reelegido. La prueba A de la acusación surgía en rueda de prensa en la Casa Blanca ayer lunes: el secretario de prensa Robert Gibbs reiterando durante 45 minutos "el compromiso claro del presidente, en los términos más claros, de no subir los impuestos a los que ganan menos de 250.000 dólares al año".

(BEG ITAL)Qué chorrada(END ITAL), dirán algunos. La auto-preservación es el principal instinto de cualquier político. Romper las promesas y subir los impuestos es una mezcla que resulta letal para las esperanzas electorales, y es ingenuo esperar que Obama se juegue el tipo en medio de la lucha de la reforma sanitaria.

(BEG ITAL)Difícil(END ITAL), pueden añadir otros, o prematuro por lo menos. Obama ha dicho que no aprobará un proyecto de ley que no se pueda pagar. Es bastante más de lo que hizo George W. Bush cuando cargó la nueva prestación de las recetas de la tercera edad a la tarjeta nacional de crédito. Así que demos algún tiempo a Obama para zanjar la legislación y enderezar la política.

Hay elementos de verdad en ambas reacciones, así que permítame explicar el origen de mi frustración.

La postura fiscal de Obama evolucionó a lo largo de la campaña. Lo que empezó siendo un plan para revertir el tipo impositivo de los recortes fiscales aprobados por Bush se había recrudecido, al final de las primarias, en una promesa tajante de no subir los impuestos a los que ganan menos de la cifra mágica de 250.000 dólares. Las circunstancias han cambiado desde entonces. La tambaleante economía exigió una enorme inyección de dinero de estímulo, sumándose a la enorme deuda.

En lugar de reajustar su posición, Obama se mostró inflexible. El presidente podría haber optado por convertir esto en una cuestión Demócrata acerca de cómo la necesidad de hacer un gasto ahora exigirá sacrificios después. En lugar de eso - ilustrando Gibbs el ejemplo de este tipo más reciente - Obama se ha encasillado. Es difícil ver, en este momento, cómo se propone salir del paso.

Gibbs está haciendo el control de daños tras las declaraciones del Secretario del Tesoro Tim Geithner y el director del Consejo Nacional Económico Lawrence Summers.

Geithner extravió la reserva primero, rechazando en repetidas ocasiones una invitación de George Stephanopoulos para acudir a la ABC a descartar la subida de impuestos a los rentistas de menos de 250.000. "No podemos sacar conclusiones aún de lo que va a costar y cómo pagarlo", dijo. "Pero lo importante... si queremos una economía que crezca en el futuro, es que la gente entienda que vamos a reducir los déficits."

Summers, interrogado por los comentarios de Geitner en "Face the Nation" con la CBS, fue más ágil. "Nunca es buena idea descartar tajantemente una opción", esquivó, "pero en lo que el presidente ha sido completamente claro es en que no va a perseguir ninguna de sus prioridades, ni la atención sanitaria, ni la energía -- nada - a costa de gravar sobre todo a las familias de clase media”.

Buenas respuestas, y por este motivo.
Con la sanidad, la mejor manera de ayudar a sufragar la cobertura ampliada sería al menos limitar la cantidad de protección que los empresarios pueden proporcionar a sus plantillas libre de impuestos. Esto no sólo proporcionaría la necesaria recaudación, sino que ayudaría a limitar el ritmo de crecimiento del gasto. Hecho correctamente, la mayoría de los contribuyentes de clase media se beneficiarían de ello. Según mis informes, los asesores económicos de Obama han instado a que el presidente apoye un límite; su principal asesor político, David Axelrod, se opone. Así que en lugar de correr el riesgo político - y enfurecer a los sindicatos - Obama se ha mantenido al margen, esperando que los legisladores propongan por su cuenta un tope tributario. Pero sin liderazgo presidencial, no ha ocurrido.

Con la situación fiscal, la imagen es igualmente clara. Obama quiere un gobierno mayor que la recaudación que genera, pero no está dispuesto a reconocer las implicaciones de esa postura. Es políticamente más fácil simular que todo el problema se puede resolver a instancias de las empresas y las personas adineradas. Soy totalmente partidaria de un código tributario que sea muy progresista y libre de lagunas, pero la aritmética no permitirá que el equilibrio se logre a costa de un margen de la población muy estrecho.

Son comentarios que Obama debería permitir que circularan -- si tuviera el valor político. En cambio, el presidente que dio el pistoletazo a su campaña lamentando "nuestra evasión crónica de las decisiones difíciles" optó por enviar a su secretario de prensa a excusar a los asesores económicos que se han atrevido a susurrar las verdades delicadas.

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Diario SIGLO XXI dispone de los derechos de publicación en exclusiva para medios digitales españoles de este y muchos otros columnistas del Washington Post Writers Group.

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