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Etiquetas:   Ver   juzgar y actuar   -   Sección:   Opinión

¿Quién puede arreglar tanto desaguisado?

Francisco Rodríguez Barragán
Francisco Rodríguez
miércoles, 5 de agosto de 2009, 06:15 h (CET)
Ahora que arden nuestros bosques, presuntamente por incendios provocados en muchos casos, recuerdo algún otro verano pasado en que el pirómano resultó ser un bombero que no había sido contratado aquel año para las labores de extinción. Pensando en la extensa plaga de incendios políticos que padecemos con este gobierno, me pregunto si en razonable creer que los que los causaron puedan y quieran resolver los estragos que nos afectan a los españoles.

Aquella promesa, imprudente e interesada, del Presidente de que aceptaría el Estatuto que le enviaran de Cataluña, inició la catástrofe autonómica que está devastando a España. El último reparto del presupuesto a las distintas comunidades demuestra que quien causó el problema no puede resolverlo, al contrario, lo empeora al introducir cada vez más diferencias, agravios y enfrentamientos.

La ley de violencia de género, la del divorcio exprés, la de educación para la ciudadanía, la del menor, han sido otros tantos incendios que no han resuelto sino agravado los problemas que decían iban a solucionar. Basta con comprobar si estas leyes han servido para disminuir los problemas o para aumentarlos. Cada día hay más rupturas familiares, más violencia doméstica y de los menores, una educación cada vez más deficiente, con profesores sin autoridad, desmotivados y ansiosos por obtener la jubilación y un abandono creciente de los estudios.

Las campañas gubernamentales de información sexual, preservativos y píldora del día después, excluyendo cualquier referencia a valores morales, han agravado los problemas de los jóvenes al incitarles a una sexualidad sin responsabilidad y el resultado de ciento veinte mil abortos al año. Quieren rematar el desastre ampliando la ley del aborto.

Los padres que tienen el derecho y el deber de educar a sus hijos, no por concesión de la Constitución ni del gobierno, sino como algo inherente a su condición de progenitores, han abdicado en muchos casos de sus obligaciones de vigilancia y tutela, acomplejados por la dictadura de lo políticamente correcto que moteja de autoritarismo cualquier reprensión y pone a disposición de los menores un teléfono para denunciar a los padres por malos tratos. Se ha llegado incluso a condenar a alguna madre por haberle dado una bofetada a su hijo. Muchos programas televisivos han divulgado ideas y conductas disolventes de todos los valores, con la aquiescencia del Gobierno.

El sistema financiero español era, para el Presidente, el campeón del mundo. Hizo oídos sordos a los avisos de crisis, fanfarroneó en Estados Unidos de que íbamos a superar a Francia y a Italia y ahora somos el hazmerreír de Europa. Llegó la crisis y se desgañitó diciendo que jamás iba a permitir recortes sociales, pero entregó nuestro dinero a los Bancos, mientras que trabajadores y pequeños empresarios quedaban en paro. Para este desastre anunciado no tomó ninguna medida, con lo que agravó nuestra situación. No podemos creer por tanto que sea capaz de resolverlo.

Las reformas necesarias para salir de la crisis brillan por su ausencia. El Presidente hace imposible la concertación social al aliarse con los sindicatos contra los empresarios y culpa a éstos de propuestas inadmisibles. Mientras tanto el incendio del paro sigue creciendo y quienes podían crear puestos de trabajo, desconfían y desisten de correr ningún riesgo. El eslogan de no dar un paso atrás en los derechos sociales se traduce en que nadie crea puestos de trabajo.

Según las encuestas del CIS tres cuartas partes de los españoles se declaran católicos y la Constitución determina que España es aconfesional. Bastaría con mantener una respetuosa neutralidad pero no, quiere imponernos un laicismo radical y agresivo, quiere ser la instancia suprema que determina el bien y el mal, lo justo y lo injusto y nos amenaza con una ley de libertad religiosa que va a restringir nuestros derechos personales e inalienables. Como en todo lo demás el gobierno crea o agrava los problemas y maniobra para seguir en el poder laminando a la oposición, aunque de hecho sea una oposición blanda y sin nervio.

El Gobierno ha creado más problemas e incendios políticos de los que cabía imaginar y es extraño que haya gente que espere que estos pirómanos puedan actuar de bomberos y sanear el paisaje.

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