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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Tendrá Raúl Castro más sentido común que Zapatero?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
lunes, 3 de agosto de 2009, 06:55 h (CET)
Se ve que es cosa de latinos esto de no conseguir equilibrarse en el fiel de la balanza; será por cuestión de genes, de carácter o de un exceso de pasión causada por un clima benigno que excita en demasía los sentidos del cuerpo siempre prestos a la sensualización de todas nuestras acciones o, lo que es lo mismo, a mostrarnos como seres poco cívicos, menos equilibrados de lo que se considera normal y prontos a radicalizarnos en cuanto se trata a expresar nuestras opiniones sobre los temas comunes y corrientes con los que nos hemos de enfrentar durante nuestra existencia. Y si me muestro tan crítico con nuestra raza que, por otra parte, tiene grandes virtudes que por modestia me ahorraré detallar, es porque hoy he leído en un medio de comunicación unas declaraciones de don Raúl Castro, el hermano del dictador Cubano, señor Fidel Castro que, cosas de los latinos, hizo una cruenta revolución para que, después de 50 años de dictadura comunista, resulte que el pueblo cubano continúa viviendo muchas millas por debajo del de cualquier otra nación de las etiquetadas como “capitalistas”.

Resulta descorazonador que este espíritu de perpetuarse en el poder – esto que, curiosamente, los progresistas españoles tan duramente le venían reprochando al general Franco –, después de haber derrocado al régimen corrupto de Bautista, la mayoría del pueblo cubano continúe vegetando entre la miseria, la prostitución, las nostálgicas habaneras y la férrea vigilancia policíaca para impedir que nadie tenga oportunidad de expresar libremente sus opiniones. Por ello resulta altamente aleccionador el que el hermanísimo, el señor Raul Castro, sin duda más realista que su antecesor en el cargo, se encuentre en estos momentos, momentos de crisis desbocada, todo hay que decirlo; dudando entre hacer caso a lo que le dicta su inteligencia que le impulsa a olvidarse de sus elucubraciones sobre el comunismo stalinista y decidirse a abrir la mano a las libertades, implantar costumbres de los llamados países capitalistas, dar libertad de comercio y permitir que, a cambio de la democratización de la isla, les llegue la ayuda extranjera en forma de inversiones comerciales e industriales al estilo de la libre empresa, capaces de devolver al pueblo cubano la ilusión por vivir, prosperar y gozar de la existencia sin estar sometido al control opresivo de una policía creada según el modelo soviético de la GPU.. No obstante, la vena revolucionaria que por lo visto es general en la familia Castro, le impide reconocer que ha llegado la hora de dejarse de ideas preconcebidas, de utopías comunistoides que en nada han beneficiado al pueblo cubano y de tentaciones totalitarias que ya han dejado patente, durante los 50 años de dictadura castrista al frente de la nación, que no han conseguido otros adelantos que un avance en la medicina pública y una cantidad desconocida de presos políticos que se pudren en las cárceles del régimen. Algunos, pocos y de entre el equipo gubernamental, como el señor Fidel Castro, sí consiguieron hacerse con bonitas fortunas que, es de suponer, están a buen recaudo por si las cosas, alguna vez, se le pusieran difíciles a la familia del dictador; pero, la mayoría de cubanos, el único tesoro que han conseguido conservar después de cinco décadas de revolución, ha sido su buen humor característico del pueblo mestizo y lanzar al mundo el arte de sus individualidades artísticas. A cambio, como es norma general en los países que han seguido el modelo del régimen soviético; uno de los niveles de vida más bajos de todo el continente americano.

Es por ello que, oirle decir a don Raúl Castro, “A mí no me eligieron para restaurar el capitalismo” suena a un chiste de mal gusto. Veamos, don Raúl, a usted nadie le eligió porque, si está donde está fue porque, su hermano Fidel, así lo dispuso. Cualquier atisbo de actividad democrática en la isla, seguramente se debería buscar en los tiempos en los que Cuba pertenecía a España. Y, aún en el inverosímil supuesto de que hubiera sido elegido por el pueblo, no empecina en absoluto que el pueblo en una elección libre, sin policía de por medio, dejando a la oposición que exponga sin miedo sus propuestas liberalizadoras del régimen, expresara, sin coacciones, en las urnas si está de acuerdo o no con la ideas del tirano de turno. Resulta muy evidente que el régimen de la republica comunista cubana no ha conseguido sacar al pueblo de la pobreza y ahora, en momentos de crisis que, en teoría no debieran afectarles por estar fuera de la globalización; resulta que nos encontramos conque el señor Raúl Castro se ve obligado a anunciar “recortes sociales”, ¿les suenan a ustedes estas palabras?, ¿encuentran ustedes relación con la postura de ZP que, estando en una supuesta democracia, no se atreve a aplicarlas?, cuando es obvio que la opinión masiva de todas las esferas políticas de España, salvo los radicales de siempre, no ven otra forma de salir de la recesión más que con una reforma en profundidas de las estructuras laborales, incluido el mercado de trabajo. Dice el señor Raúl Castro: “Los gastos en la esfera social deben estar en consonancia con las posibilidades reales y ello impone suprimir aquellos de los que es posible prescindir. Puede tratarse de actividades beneficiosas y hasta loables, pero simplemente no están al alcance de la economía” Sorprendentes y sabias palabras del presidente de la república cubana. Las podría haber dicho el señor Sarkozy o la señora Merkel o, incluso, el señor Obama; pero no esperen que las diga nuestro presidente, señor Zapatero, porque él no está por el bien de los españoles ni por la salvación de España ni, si me apuran, por la estabilidad de su propio partido, el socialista; él sólo está para perpetuarse en el poder y ,como un Calígula redivivo, en su propia insania que le hace creerse el redentor del país y, por ello, toda su actividad, todos su afanes y todo el poder que ostenta como presidente del Gobierno, lo destina, lo enfoca y lo dedica a buscar – como Chávez en Venezuela, Evo Morales en Bolivia y Correa en el Ecuador – a perpetuarse en el poder, sin tener en cuenta las verdaderas necesidades del país, la urgencia de revitalizar el tejido industrial, tan debilitado por la recesión, y la necesidad de poner coto al desempleo que, de forma inaudita, nos quieren hacer creer que se está estancando cuando, la realidad nos muestra cada día, nos muestra, en las páginas de los periódicos, la evidencia de una deriva hacia la continuación del desplome de nuestra economía reflejada en la serie de percances que están padeciendo las industrias y comercios españoles y el cúmulo de expedientes de despidos por cierre de empresas y ERE’s temporales, que van incrementado sin parar los cuatro millones y casi medio de parados, muchos de ellos con las prestaciones agotadas, que tenemos registrados oficialmente en el INE.

El señor Castro dice que no le eligieron para restaurar en su patria el capitalismo; en España podríamos reprocharle al señor Zapatero que nadie lo eligió para que se cargara, de un plumazo, la economía de libre mercado, introdujera el intervencionismo del Estado y acabara en sólo cinco años con el progreso que nuestra nación había conseguido en la época del señor Aznar. Tampoco para que nos mintiera negando la crisis, negociando de tapadillo con ETA o diciendo que éramos inmunes a la recesión porque nuestro sistema financiero era el más sólido del mundo. ¡No, señores, los que lo eligieron no pensaron que les saliera rana! Lo malo es que nos ha salido sapo.

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