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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Griterío espumoso

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
domingo, 2 de agosto de 2009, 05:53 h (CET)
No es suficiente con hablar, ni tan siquiera hacerlo a voz en grito, ensordeciendo al personal por la barahúnda provocada. ¿Qué se transmite? Ahí está el meollo, no por muchas voces, ni por más chillonas, mejora la transmisión de ideas. Lo sabemos y lo experimentamos a diario. Irónico o paradójico, tanto da; ese conocimiento no impide las grandes algarabías con todos los tonos de voces posibles. Apabullan si son francas y estentóreas; traicionan, cuando funcionan por pura acumulación, con menor tono, disimuladas y con apariencia de suavidad. Buen contraste el derivado de dicha confrontación, voces ante su contenido. El CONTRASTE estará presente aunque se extiendan desaforadamente los discursos, o suban los decibelios.

Son desajustes patentes en gran parte de las actividades habituales, es frecuente que las enfoquemos con criterios imprecisos, engañosos, por su deformación. Ocurre con uno de los conceptos más propugnados por Ortega y Gasset, aquel ESPÍRITU DEPORTIVO de tanta utilidad para una vida ilusionante y de progresión. El establecimiento libre de unas reglas apropiadas para el juego, asumir esas reglas adoptadas, afrontar un cierto riesgo, así como la magnanimidad en el esfuerzo, el entusiasmo y la ilusión aportados a la actividad. Es decir, el impulso superador, de mejoría; con las ramificaciones de un entrenamiento esforzado, de la diversión y satisfacción obtenidas, del establecimiento de unas metas. Las arengas y algún grito, el entusiasmo en definitiva, se generan por ese espíritu participativo; se asientan en la labor de progreso personal y colectivo. ¿Dónde queda arrinconadas actualmente dichas orientaciones?

Me impresiona que en amplias áreas sociales, incluidas las deportivas, el referido talante orteguiano se queda un tanto trasnochado. Aquel impulso, hasta cierto punto altruista, de actividades superadoras, de esfuerzo y colaboración, de la espontaneidad emprendedora, se ha ido amortiguando. Han pasado a dominar las ESTRUCTURAS, y con ellas, una fuerte tendencia a la rigidez mental. Las instituciones, los reglamentos, el dirigismo económico a ultranza, la invasión política a cualquier nivel. El aspecto deportivo asociado a cada actividad, se transformó en servidumbres plegadas a esas posiciones estructurales. Ya no habla la tendencia competitiva sana y libre, de creación personal. ¿Qué hay detrás? ¿Beneficios obtenidos con maniobras fraudulentas? ¿Artimañas? ¿Dopaje? Lo que se comunica es vaporoso, sin contenido, por la frecuencia de conductas carentes de la sincera espontaneidad.

En otro tipo de conceptos ocurre lo mismo, se desperdigan los ideales, resulta francamente difícil saber de que se está hablando. Con frecuencia nos preguntamos los ciudadanos, ¿Esto es Democracia? ¿Qué clase de Justicia nos ofrecen? ¿A qué estamos llamando Educación?, en un listado interminable. Aunque las voces, con toda clase de expresiones, abundan y nos aturden, se desarrolla como una especie de CHARLATANERÍA escapista, que contribuye a la proliferación de las ramificaciones insignificantes, se pierde el núcleo de cada problema. Como auténticas banderías anárquicas, se huye de los factores esenciales en aras de las expresiones momentáneas, sin otras aspiraciones. De ahí el carácter espumoso y vacuo del griterío.

La poca sustancia de unos, por ignorancia o por dejadez; facilita la ambiciosa actuación de otros, con la alevosía y el alarde de su fuerza, bien visible en los ambientes sociales actuales (Televisiones, contratos estratosféricos, manipulaciones enchufistas de alto nivel y muchos etcéteras). Bajo las apariencias manidas de, uno tiene libertad para decir lo que quiera, es cosa del mercado, globales o locales; se produce una peligrosa ANTROPOFAGIA. Con el disimulo rebuscado, o bien a las claras, por que se ve de todo; cada persona percibe la desaparición de sus decisiones, de sus componentes más genuinos. Aunque se quiera hacer ver lo contrario, las conductas referidas, van uniformando las actitudes, lo que estiman los dominadores, con un uniforme mediocre; no están bien vistas las peculiaridades. Precisamente cuando hay mayor número de posibilidades técnicas para seguir otros caminos. Se crea un ente conformista, vociferante, sí, pero sin adentrarse en el meollo. Situación ideal para el mandamás de turno. Seguro que se les ocurren nombres.

Por cuestión de fechas, nació en 1909, estos días se rememoran las ideas liberales y liberalizadoras de Isaiah Berlin. Una gran aportación a la comprensión de la convivencia. Destaca su afán de apertura hacia las facetas particulares de los individuos y agrupaciones sociales. En esa particularidad están también sus características esenciales. Mas no se trata de una tolerancia imbécil ante cualquier actitud. Como nos recuerda Johanbegloo en el último número de la Revista de Occidente, para Berlin es prioritaria la evitación de la maldad y el sufrimiento. En la mentalidad espumosa de hoy, enseguida diríamos, a ver que idea luminosa defiende este. En cambio sus directrices se ciñen a la EMPATÍA, la razón y la permanente elaboración en común de los mejores valores; es su seña ideológica básica, no sirve cualquier algarabía.

Volvemos a la entrañable y bien pensada “Paz perpetua”, como colaboración permanente de individuos libres, con su raciocinio activo, ocupado en un mínimo discernimiento para separar desmanes de ideas personales. Sien embargo, con la empatía y la razón suecede eso tan sencillo de que nadie está solo. Se requiere la consideración pertinente hacia los demás. Aunque fuera por ese único argumento, es la realidad insoslayable, no podemos eludir la convivencia. Por el contrario, aquí también salta el guirigay a la menor, reina con fervor la ANTIPATÍA crispada, y con ella la razón permanece arrinconada. No extrañarán las consecuencias de una alienación semejante, ya no hay ligazón entre las voces. La realidad ambiental se transforma en un hervidero de manifestaciones, de poco contenido por ese aislamiento, heladoras por que enfrían la convivencia, propensas a la suciedad de las burbujas espumosas que emergen.

No escarmentamos, las mejores cualidades son menospreciadas estúpidamente en una especie de masoquismo comunitario, nos complacemos en un ejercicio de INCONTINENCIA sin fundamentos. ¿Será el orgullo fatuo de situarse por encima de todas las realidades? ¿Por simple comodidad? Lo que es volar y soñar, se puede, claro que sí, pero con unas alas adecuadas, sin perder el hilo de la cordura; dispuestos a conversar y a corregir los errores. De lo contrario, los batacazos se sucederán, y de hecho se multiplican, con insatisfacciones, chuchilladas, drogas, abusos, con esa sensación de no disponer de un rumbo acogedor. Ni para jóvenes, ni para el trabajo, ni para la justicia social, ni para los ancianos.

El el arte, en la vida, en cualquier actividad humana que se precie de tal, la espuma y la pompa de jabón, no constituyen un complemento suficiente; son otras las características definidoras.

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