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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Traspasando el disfraz judicial

David S. Broder
David S. Broder
sábado, 1 de agosto de 2009, 08:26 h (CET)
Nunca hubo grandes dudas de que Sonia Sotomayor fuera a ser confirmada para ocupar la vacante del Tribunal Supremo. Su inspiradora biografía personal y sus evidentes credenciales jurídicas garantizaban que la elección del Presidente Obama se convertiría en la primera hispana y la tercera mujer en incorporarse al alto tribunal. La votación 13 a 6 en el Comité Judicial del Senado a principios de esta semana convierte eso en una certeza.

Tan bien como los estadounidenses tienen derecho a sentirse por los honores de este meritorio producto de las viviendas de protección oficial del Bronx, nadie puede sentirse cómodo ante el espectáculo de su paso por el Comité Judicial. La aséptica vista y la votación marcada por la disciplina de partido ilustran las dos grandes deficiencias del moderno proceso de confirmación.

Desde que un Senado bajo control Demócrata rechazara la nominación del candidato del Presidente Reagan Robert Bork en 1987 y los Republicanos prometieran venganza, los grupos de presión ideológicos de ambos extremos del espectro político han decidido convertir cada vacante del Tribunal Supremo en su combate a muerte.

La mayoría de los senadores de ambos partidos se han ofrecido o han sido movilizados en ejércitos enfrentados. Cuando un candidato Republicano del presidente comparece ante el Comité Judicial, los Demócratas lo asedian a preguntas hostiles - y viceversa.

En respuesta, los candidatos se vuelven cada vez menos expresivos, sin atreverse a repetir el error de Bork de defender realmente su visión de cuestiones jurídicas fundamentales. En lugar de ello, se han camuflado bajo clichés. En el caso de John Roberts, camino de la presidencia del tribunal, fue la afirmación de que sería como un árbitro neutral que estudia las jugadas. En el de Sotomayor, fue el argumento de que un juez simplemente "aplica la ley". Con el sinfín de pruebas a los candidatos realizadas por los ayudantes de la Casa Blanca y el Departamento de Justicia, las vistas de confirmación se han convertido en algo tan preparado como los debates de la campaña presidencial.

Por lo menos así me lo parece. Pero esta semana, cuando me entrevisté con dos de los miembros más reflexivos de la Comisión Judicial, su secretario Patrick Leahy, D-VT., y el Senador Lindsey Graham, RS.C., me dieron más motivos de optimismo.

En entrevistas separadas, ambos expresaron su comprensión hacia los convocados que comparecen ante ellos camino del estrado. Leahy decía: "Hay muchas cuestiones por las que se interesan los senadores, pero los candidatos no pueden entrar en sus opiniones de ellas porque no quieren tener que excusarse cuando el tema se presente en los tribunales." Graham convenía. "Los senadores quieren saber mucho, pero los candidatos tienen que protegerse", decía.

Ambos dijeron que un remedio parcial reside en preguntar a los candidatos cómo llegaron a sus veredictos de los últimos casos o las resoluciones administrativas y evaluar su enfoque de la ley a partir de sus respuestas. Sin embargo, Leahy admitía, "Nunca vas a saber exactamente lo que harán en el estrado. Tienes que hacer un acto de fe".

Ambos caballeros dijeron haber aprendido a explotar sus reuniones privadas con los candidatos en sus oficinas, antes de comenzar las vistas formales. Leahy dijo que de su conversación con David Souter cuando el magistrado jubilado comparecía para su confirmación, supo discernir que iba a ser "un magistrado clásico, muy independiente en sus sentencias. Por tanto, voté a favor de su confirmación" a pesar de las expectativas Republicanas de que Souter iba a ser un conservador discreto. Leahy estaba en lo cierto.

Ambos senadores denuncian el creciente papel de los grupos de interés que presionan las confirmaciones judiciales. Ambos han desafiado las presiones, Leahy al votar a favor de Roberts y Graham al ser el único apoyo Republicano de Sotomayor esta semana en la votación del comité.

"Señalé que Roberts no era alguien que hubiera recomendado a Bill Clinton o Barack Obama", dijo Leahy, "pero yo no quería ver al magistrado que preside la más alta instancia judicial de los Estados Unidos confirmado por la disciplina de partido."

Graham adoptó la misma postura con Sotomayor, diciendo que esperaba discrepar con muchas de sus resoluciones, pero mostró gran deferencia a la elección de Obama porque "las elecciones marcan la diferencia" y ella está "claramente cualificada". Dijo que esperaba servir de ejemplo a los Demócratas la próxima vez que un presidente Republicano presente un candidato.

Si su ejemplo se extiende, podemos evitar el desagradable partidismo de las luchas de confirmación.

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Diario SIGLO XXI dispone de los derechos de publicación en exclusiva para medios digitales españoles de este y muchos otros columnistas del Washington Post Writers Group.

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