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Opinión
Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   Papa Francisco  

¿Quo vadis Franciscus? ¿Piques personales con Macri?

“Más vale el hombre paciente que el fuerte; el que domina su corazón que el que conquista ciudades” Sagrada Biblia
Miguel Massanet
martes, 14 de junio de 2016, 08:10 h (CET)
En ocasiones, los cristianos católicos, sentimos ciertas duda a cerca de cómo se comportan los pastores de la Iglesia; no podemos negar que, en los últimos tiempos, hemos debido encajar ciertas informaciones, determinados hechos, noticias de comportamientos impropios e, incluso, denuncias de la existencia de ciertas mafias en la curia vaticana que han afectado, seriamente, al prestigio del propio Banco Vaticano. Casos evidentes de pederastia entre los sacerdotes e, incluso, entre obispos y otras autoridades eclesiásticas; problemas con determinadas inversiones económicas y negocios turbios relacionados con grupos de seglares de reconocida simpatía por las mafias italianas; no han contribuido a que, los católicos, nos sintamos especialmente satisfechos con quienes debieran ser el ejemplo del comportamiento que, desde los púlpitos de las iglesias, se nos pide que tengamos a los fieles que acudimos a escuchar la palabra del Evangelio.

Lo cierto es que, la mayoría de fieles recibieron como agua de Mayo la elección del cardenal Bergoglio, un jesuita argentino, para ocupar la vacante que voluntariamente había dejado, esta vez en vida, su predecesor el Papa Benedicto XVI; un santo varón que, según se dice, se vio impotente para enfrentarse a los grandes desafíos que tenía planteados en los diversos ámbitos, tanto espirituales como materiales, de esta complicada máquina religiosa, donde parece que también existen diversas tendencias, intereses, en algunas ocasiones inconfesables y verdaderas luchas internas para ocupar situaciones privilegiadas en los puntos clave de mando entre la curia romana. Francisco I, en los primeros tiempos de su pontificado dio muestras de estar dispuesto a acabar con tal estado de cosas y parece que se tomó en serio el trabajo de acometer una regeneración a fondo de la curia romana, poniendo en su sitio a varios de sus cardenales y dando ejemplo, con su forma espartana de llevar el pontificado, de la clase de clero que quería para la Iglesia.

No obstante, si en orden a implantar orden en la Iglesia católica, si en los casos de pederastia ( demasiado numerosos y, evidentemente, en muchas ocasiones, mantenidos ocultos por las mismas autoridades eclesiásticas) se ha mostrado intransigente, y ha tenido el valor de pedir perdón públicamente en nombre de la Iglesia católica; en otras facetas puede que sus decisiones no hayan resultado tan fáciles de asimilar para los católicos que fueron educados bajo otras creencias, que recibieron una formación religiosa en la que se hacía hincapié en otros valores y que conocían a unos Papas que abominaban del comunismo, consideraban execrables los pecados de homosexualidad, imbuían en la juventud las ventajas de la castidad y se la amenazaba con la condenación eterna si caía en los pecados de onanismo o los malos pensamientos, inspirados por la natural tendencia de la pubertad de conocer su sexualidad y la relación de ella con el género contrario.

Demasiados cambios, demasiado bruscos y, si se me permite la expresión, demasiado forzados por la evidencia de los grandes movimientos sociales que, el gran salto tecnológico, filosófico, social y todos los adelantos que la humanidad ha tenido que asimilar, a marchas forzadas, para no quedarse relegado. Es obvio que la Iglesia no estaba preparada para un adelanto tan rápido y se ha visto obligada a buscar explicaciones convincentes para justificar ciertos pasajes bíblicos y ha debido de aflojar la severidad inquisitorial de tiempos pasados con relación al pecado para que, la huida de feligreses que ha tenido lugar en forma masiva durante los últimos años, no acabara por llegar a ser crítica.

Podríamos decir, sin ánimo de polémica, que el Papa Francisco nos resulta demasiado moderno, demasiado peronista y con una idea preconcebida contraria al capitalismo; una forma de entender la economía que, sin embargo, y así queda explicitado en todos los estudios solventes sobre las ventajas de unos y otros sistemas, es evidente que el sistema de libertad de empresa, el favorecer a emprendedores, el fomentar la libre iniciativa, el buscar la productividad y preparase para afrontar la competencia de otras empresas; ha sido, sin duda, el que más ha hecho para erradicar la pobreza dentro de las naciones; lo que ha permitido crear puestos de trabajo, mejorar el nivel de vida de los ciudadanos y de los países, y el permitir que, los hijos de los trabajadores condenados, en tiempos pretéritos a la analfabetización, hoy en día tengan la misma oportunidad de estudiar carreras en universidades públicas o privadas, que los pertenecientes a familias acomodadas.

Ya comentamos, en otro artículo, el extraño vínculo que tenía el Papa Francisco con la anterior presidenta de la nación argentina, la señora Fernández de Kirtchner, a la que ( no obstante los enfrentamientos que se dice que hubo entre ambos, en el pasado); a la que recibió de mil amores cuando lo visitó en el Vaticano; cambiaron entre sonrisas sendos regalos, tomaron mate y se puede decir que, aquella entrevista, tuvo una inusual complicidad si se tiene en cuenta lo poco que el peronismo ha tenido en cuenta a la iglesia católica. En contraposición a esta buena sintonía entre el Papa y la señora Kitchner, se puede decir, sin temor a equivocarse que, el encuentro entre el Papa Fancisco y el nuevo presidente de Argentina, señor Macri, cuando acudió a visitarlo en el Vaticano después de haber ganado las elecciones, fue de una frialdad ártica, sin una sonrisa, con cara de enfurruñamiento por parte del pontífice y de evidente incomodidad para el mandatario argentino, que soportó el temporal con toda la dignidad que le permitía aquel recibimiento a cara de perro.

Estos días hemos tenido un ejemplo más de la evidente antipatía del Papa por Macri; precisamente cuando el gobierno argentino había aprobado una donación de 1.070.000 euros para una red de escuelas religiosas, Scholas Ocurrentes, que había sido aceptada con gran jolgorio por los responsables de aquellos centros docentes; cuando, inopinadamente, sin dejar pasar un solo día, el Papa Francisco escribió una carta a los señores Corral y Palmeyro, los destinatarios de la donación como dirigentes de la fundación pontificia, para que “inmediatamente” devolvieran la citada donación al organismo gubernamental que la había concedido. El motivo: “El Gobierno argentino tiene que acudir a tantas necesidades del pueblo, que no tienen derecho a pedirle un centavo”. No sabemos cómo se lo habrá tomado el señor Macri pero, a nuestro criterio, se trata de una bofetada y un desprecio en toda la regla.

Lo curioso es que tenemos la impresión de que debe ser una de las escasas ocasiones en las que, algún miembro de la jerarquía católica desprecia una donación, sea de donde fuere que le llegara. De hecho, en Italia, se sabe que en Sicilia, donde la Cosa Nostra es la que realmente manda, muchos de los curas ubicados en la isla reciben, con frecuencia, grandes donativos de los “capos” de la mafia siciliana. En todo caso, un hecho semejante debería merecer una aclaración desde el cuerpo diplomático del Vaticano, que aclarara el por qué el Papa rechaza del gobierno de su propio país, de una forma tan desabrida, una donación que, con toda seguridad constituía una importante ayuda para unas escuelas que deben tener a muchos chicos sin posibilidades para estudiar y pagar lo que cuesta entrar en una escuela privada. No se entiende que, el Papa, obligue a renunciar a una caridad argumentando las obligaciones que le corresponden a la Administración del Estado argentino.

Es evidente que, a través de las escuelas que salían beneficiadas por aquella importante cantidad, se iban a encauzar debidamente las ayudas a las que hacía mención el Papa Francisco. Y aquí se me ocurre una observación: ¿existía de antaño alguna rencilla entre el jesuita Bergoglio y el civil, señor Macri?, ¿Significa, esta evidente descortesía hacia el señor Macri y el actual gobierno argentino, que la procedencia de la cantidad donada no era legal? o ¿si lo era, se trata del disgusto que, el actual Papa, sintió porque el régimen peronista, disoluto, dictatorial, corrupto y ateo, fuera derrotado, en unas votaciones legales, por la derecha de Macri? No obstante, no perdamos de vista que, este mismo Papa, acaba de invitar a una recepción pontificia a toda la cúpula de los comunistas bolivarianos de Podemos. Y esto, precisamente, cuando estamos en vísperas de que, en España, se celebren una legislativas en las que, probablemente, los españoles nos juguemos, la seguridad, la continuidad de la recuperación, el permanecer en Europa y disponer de su moneda, lo mismo que, la Iglesia católica, se juega el continuar ejerciendo su apostolado en España o el tener que buscarse otro lugar en el que instalarse. A no ser que, como en su día ocurrió con el líder de ERC, señor Carod-Rovira, que decidió entrevistarse con los dirigentes de ETA, los terroristas vascos, para intentar conseguir que, en la separatista Cataluña, no cometieran sus asesinatos; este encuentro con Podemos pudiera tener por objeto pedirles a los comunistas que no se metan con la Iglesia. Sería, sin duda, la peor de las decisiones que se pudiera tomar.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, sentimos el temor de que, el Papa Francisco, tenga una querencia hacia la izquierda tan arraigada que se olvide de que, precisamente ,son los comunistas, los anarquistas, los bolivarianos, los antisistema etc. los que se la tienen jurada a esta Iglesia que él preside; los que desde 1931 se dedicaron a asesinar, martirizar y deportar hacia otros países, a las órdenes religiosas radicadas en nuestro país y que tuvieron que ser las derechas, las de Franco, las que echaran de España a estos a los que ahora mira con tanta simpatía. Lo peor que le podría ocurrir a esta nación es que volvieran.
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