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El Barça en su eterna contradicción

Antonio Pérez Gómez
Antonio Pérez Gómez
viernes, 31 de julio de 2009, 02:51 h (CET)
El FC Barcelona es un club lleno de contradicciones. Es un equipo al que desde algunas esferas se le viene perdonando todo y que desde hace tiempo se instaló en el enfrentamiento político y social con el R. Madrid, equipo al que se subieron a posteriori los gerifaltes del oscuro régimen en tiempos pasados. No sabemos los capitostes que aún conservan la vida del anterior régimen y que aún están en condiciones para simpatizar por algún equipo de fútbol, ya que hace muchas décadas que el Madrid dejó de ser el equipo representante de ningún gobierno (ni del de la Comunidad de Madrid, en cuyas filas abunda el elemento “Indio”). Pero, en contraposición a esta total despolitización del equipo blanco, el Barça entró en los años 60/70 en una espiral reivindicativa que desde entonces no ha hecho sino aumentar. Primero era la lógica autoafirmación de una comunidad autónoma periférica. Eran algo así como el equipo de los “anti-sistema”. Luego vino catalanismo moderado, al que el club catalán también se adscribió con entusiasmo. Uno se acuerda las declaraciones de Josep Lluis Nuñez (Cuando aún decía llamarse José Luis, aquí y en la China popular) en las que etiquetaba de “insulto a Catalunya” cada decisión arbitral que no le gustaba al pequeño gran presidente de origen aragonés. Por fin nos vino el catalanismo total, con claras intenciones independentistas y, por ende, antiespañolas. Y el Barça también se ha abrazado a esta causa. De hecho, el ínclito señor Laporta ha catalanizado el club y, por ejemplo, suele retirar a los equipos base del Barça cuando suena el himno español en las competiciones internacionales en las que juegan sus chavales.

Todo esto es perdonado desde todas las instancias, e incluso visto con una incomprensible simpatía desde algunos sectores. Seguidores del Barça en Almería, Toledo o Zamora sonríen y miran para otro lado cuando de esto se habla. Defienden la pureza del fútbol como espectáculo en sí, desnudo de cualquier devaneo político; pero cuando se les recuerda que el propio Barça se autoproclama “mes que un club”, terminan indefectiblemente poniendo el ejemplo del Madrid hace 40 años. Al final, una vez más, todo se reduce a eso. A compararse constantemente con el equipo blanco. Incluso a sus aspectos más negativos. Curioso.

Lo último sobre este doble rasero lo hemos podido ver en estos últimos días. Es una situación tan chusca, burda y patética que hace enrojecer a cualquier persona medio objetiva. Pero lo que más enrojece es que desde los medios no haya un clamor de indignación ante la repugnante hipocresía y la doble moral que exhibe el club blaugrana.

Hace unas semanas venimos oyendo al bueno de Joan escupiendo frases de desprecio hacia el Madrid por sus fichajes millonarios. Ahora sabemos que lo hacía mientras que estaba negociando con Moratti por Ibrahimovic. No se sabe ni se sabrá nunca el montante exacto de la operación, porque en ella han entrado Etoó por un precio no declarado y un Hleb que, estrambóticamente, al final ni va a jugar en el Inter pero que ha influido en el total económico. En fin, la cosa va a quedar entre lo que costó Kaká y lo que costó Cristiano- me niego a llamarlo Ronaldo-. O sea, no se engañen, por el sueco ha pagado un dinero que el espigado delantero no vale ni de broma (al igual que Cristiano tampoco vale los noventa y tantos kilos).

Otra de las puyas que ha estado lanzando Laporta desde su fortaleza catalana era que el dinero con el que el equipo blanco ha estado pagando sus fichajes galácticos venía por una operación ilícita (“pelotazo”, llamó él) al recalificarse la antigua ciudad deportiva madridista. Ha sido la piedra angular de ese discurso construido a base de la premisa “Al Madrid lo favorecen mucho desde las esferas políticas; a nosotros...no tanto”. Ahora Laporta ha conseguido un pelotazo estratosférico. El Mini Estadi va a ser recalificado y arrojará un beneficio neto al Barcelona de 300 millones de euros. Una burrada.

Y lo último del presidente azulgrana es que estuvo denostando las presentaciones multitudinarias del Madrid (yo también, ojo, ya escribí de ello aquí)...para hacer él un intento parecido con Ibrahimovic. Un terrible y patético intento cutre, al buscar la magnificencia pero que no se notara el esfuerzo. Ya saben lo que ocurrió antes de ayer: destrozos valorados en miles de euros, invasión del campo, vandalización de los banquillos e incluso una terrorífica paliza tribal a un turista despistado con la camiseta del Madrid (no puedo dejar de recordar las decenas de camisetas del Barça que uno ha visto en el Santiago Bernabeu, sin ningún problema).

Tamaña desfachatez, yo lo siento, pero por muy frecuente que sea, me niego a verla como algo normal ni darle carta de naturaleza. Es vergonzante. ¿Cómo puede sucederle esto a un señor que debe tener una inteligencia media y que incluso ha estudiado una carrera?

Pues porque viven habituados a que se le perdonen las estulticias, viven instalados en la autocomplacencia de una región entera pendiente de el “equipo nacional de Catalunya” (así lo bautizó Jordi Puyol la semana pasada), con varias televisiones autonómicas dedicadas a alabar cada cosa que se hace desde el club blaugrana y poner verde al equipo de la capital de España. Por tener, tiene hasta un obispo que critica los fichajes del Madrid (no, no busquen, no criticará el fichaje de Ibrahimovic). Por tener, tiene hasta un presidente del gobierno (del otro gobierno, del español) que se proclama culé y que criticó el fichaje de Cristiano.

Y luego nos reímos de los italianos y de su Berlusconi...

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