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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Un camino a una verdadera ley de Salud

Ruth Marcus
Ruth Marcus
viernes, 31 de julio de 2009, 02:47 h (CET)
Si los Demócratas y los Republicanos pudieran reunirse y elaborar un proyecto de ley de atención médica que ampliara la cobertura y controlase el gasto...

Pero espere - hay una propuesta de este tipo. De hecho, hay dos.

La primera, que daría lugar al mundo perfecto que prefiero, es la medida ideada por la extraña pareja del Senado, el Demócrata de Oregón Ron Wyden y el Republicano de Utah Robert Bennett. Este proyecto de ley no sólo tiene el mérito de ser palpablemente bipartidista, sino que ha recibido la homologación de la Oficina Presupuestaria del Congreso de no necesitar más gasto.

El problema es que el plan Wyden-Bennett esencialmente hace saltar por los aires el actual sistema de protección, aunque vacilante, ligada al puesto de trabajo, lo que reviste simultáneamente un atractivo sustancial y un revés político.

En virtud del Wyden-Bennett, los estados establecen opciones de compra a través de las cuales los particulares reciben protección. Los empresarios pueden seguir ofreciendo sus seguros, pero probablemente eso desaparezca con el tiempo. Los particulares quedan obligados a suscribir un seguro, con subvenciones destinadas a aquellos con rentas modestas; Medicaid se eliminaría en favor de subsidios a la totalidad del importe destinados a los estadounidenses más pobres. Las subvenciones se financiarán poniendo fin al trato fiscal preferente actual que recibe la cobertura privada libre de impuestos, una maniobra que tiene el beneficio añadido de limitar los costes.

Éstos serían enormes cambios, lo que puede ser el motivo de que, a pesar de los incansables esfuerzos de sus auspiciadores, la propuesta no haya recibido un apoyo masivo.

Sin embargo, existe una alternativa políticamente más sostenible que no precisaría de un mayor gasto, redactada por tres ex dirigentes del Senado - el Demócrata Tom Daschle, la elección inicial del Presidente Obama como zar de la sanidad, y los Republicanos Bob Dole y Howard Baker. Rematando la labor del Centro de Política Bipartidista están Chris Jennings, un veterano de los esfuerzos de reforma sanitaria Clinton, y Mark McClellan, quien dirigió los programas Medicare y Medicaid bajo George W. Bush.

Si el plan Wyden-Bennett es el equivalente a echar abajo el sistema de atención sanitaria, la propuesta del Centro de Política Bipartidista es más una renovación a fondo.

Y - ¿he mencionado esto? - es bipartidista.

Fue publicada el mes pasado, para elogio de la dirección de la Comisión de Finanzas del Senado, el Demócrata de Montana Max Baucus y el Republicano de Iowa Chuck Grassley, pero más murmullos de la Casa Blanca.

Es hora de echar otro vistazo. Por pasar de una metáfora inmobiliaria a una romántica, la propuesta del Centro es como el buen tipo con el que no te emociona salir. Empieza a parecer mucho mejor después de haber tratado algunas de las alternativas.

El grupo refinó una polémica delicada, si debe existir un plan público o no que compita con las aseguradoras privadas, dando a los estados la opción de establecer sus propios planes y poner los medios a la opción de un plan federal a nivel estatal, si los esfuerzos no funcionan.

Asimismo, enfurece a los aliados Demócratas - especialmente los sindicatos - por proponer limitar la cantidad de protección que los patronos pueden ofrecer libre de impuestos; inteligentemente, el límite estaría vinculado al valor del plan de seguro federal, y parte del mordisco sería paliado por la exención de los jubilados y los que estén cubiertos por los acuerdos sindicales.

Los Republicanos, por su parte, tendrán que tragar, no sólo la obligación de que los particulares tengan un seguro, sino también la obligatoriedad de que los patronos ofrezcan cobertura o el pago de un determinado porcentaje de su nómina (máximo 3 por ciento, frente al 8 por ciento del proyecto de ley en la Cámara). La propuesta también subvenciona las pólizas de las familias que ganen hasta el 400 por ciento del nivel federal de pobreza - 88.000 dólares en el caso de una familia de cuatro miembros.

Es posible cuestionar la premisa entera de esta columna - que el bipartidismo es fundamental para esta empresa - y sostener que los Demócratas, con un firme control sobre ambas cámaras, deben recibir todo lo que deseen.

Mi respuesta es que, no es tan firme. El actual enfrentamiento con los Demócratas conservadores sugiere la necesidad de un compromiso, y la mayoría de 60 votos en el Senado Demócrata está lejos de ser monolítica. A largo plazo, la reforma sanitaria exclusivamente Demócrata es una empresa peligrosa; el riesgo de ser culpado supera las posibilidades de recompensa política.

Ahora mismo, luchando a brazo partido por cumplir las promesas del presidente de una reforma que no precise de gasto adicional y limitar el crecimiento del gasto, los negociadores intentan todo tipo de rutas alternativas a la responsabilidad, como la imposición de un impuesto a las aseguradoras y esperar que los efectos contribuyan a disuadir de la contratación de pólizas integrales.

Tom Daschle demostró que la puerta está abierta. Bob Dole y Howard Baker demostraron que es posible transitarlas. ¿No lo va a pensar mejor el Presidente Obama - y se unirá a ellos?

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Diario SIGLO XXI dispone de los derechos de publicación en exclusiva para medios digitales españoles de este y muchos otros columnistas del Washington Post Writers Group.

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