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Empresarios: el futuro, ayer

Ángel Ruiz Cediel
Redacción
jueves, 30 de julio de 2009, 06:49 h (CET)
España tiene un empresariado que no se merece en absoluto, entre otras cosas porque no le interesa de España más que el beneficio. El dinero y el negocio siempre ha sido apátrida, y para ellos España es nada más que un lugar como otro cualquiera donde poder explotar trabajadores, con un orden aparente impuesto por una legión de policías armados en plan madelmán, con calles limpias y aseaditas y una mansión en la que poder dormir con las ventanas abiertas de par en par. Poco o nada les importa que más allá de sus verdes praderas y su piscina haya una inabarcable geografía de muladares y mechinales, porque para ellos eso no es España; poco o nada les importa que tras ese hombre o esa mujer que explotan en interminables jornadas por míseros salarios, y además le piden sonrisas y buenos modos, haya una persona con al menos tantos derechos como ellos, aunque con su dignidad conculcada por la soberbia de este empresariado que se ha creído emparentado con los dioses.

A pesar de las páginas trágicas de la Historia que hemos transitado, y de que ya cualquiera puede tener acceso a una culturilla aunque no sepa leer —ahí están los videos y los canales documentales—, no comprenden todavía que España es un pack en el que están ellos... y también los demás y lo demás hasta completar el todo. Los empresarios tienen derecho a ganar, pero los trabajadores también; ellos tienen derecho a seguridad, pero los trabajadores también; y ellos tienen muchos derechos, pero los trabajadores también. España, en fin, es un barco en el que bogamos todos, cada cual ocupando su puesto, o todos nos vamos a pique. No vale, pues, ni la trampa a la que nos tienen acostumbrados, ni el maniqueo del "hable bajito" ni la santa madre del Misterio: o todos ganamos, o todos perdemos. Nanay del peluquín a la tontería ésa del "hable usted bajito" y cosas por el estilo, o a esos juegos de palabras del “nos sentamos para negociar”: lo único que saben negociar los empresarios españoles es cómo enriquecerse a costa de lo que sea y aumentar los beneficios a como dé lugar, mientras hunden para siempre los derechos, condiciones y haberes de los trabajadores. ¡Pues menudos son! Recuérdese cuando lo del infausto y pérfido Felipe González y en la mesa aquélla de su tiempo se pusieron sobre el tapete lo de los contratos basura... “coyunturalmente, para salir de la crisis”. ¡Menuda crisis están hechos éstos! La crisis pasó, y los contratos basura ahí siguen, campeando ufanos mientras la población en pleno ha sido sumergida en los detritus morales de todos estos negociantes... y de Felipe González. Que no se preocupen de España, por favor, que estamos mejor sin ellos. Si lo desean, que cierren sus chiringuitos y se vayan en buena hora, que la capacidad que tenemos para reorganizarnos queda sobradamente demostrada a lo largo de la Historia. Con amigos como ellos, ¿para qué queremos enemigos?...

Vale decir que es un auténtico sofisma que la mesa arbitrariamente formada entre sindicatos (verticales de funcionarios, que no representan ni con mucho a todos los trabajadores), empresarios y Gobierno sea de negociación, porque en realidad se trata de una mesa para buscar soluciones, cosa que es bastante distinta; es más, no tiene nada que ver. La semántica, en este caso, como en casi todos, tiene una importancia capital. No; no se trata de que ellos se salven o de que ganen más, no se trata de ninguna clase de negocio, sino de saber qué están dispuestos a hacer por su país y por su ciudadanía, más allá de embolsarse la pasta a costa de sangre si fuera necesario. ¿Son españoles?...: pues al tajo, como los demás.

Nadie se puede imaginar cuánto me duele apoyar, siquiera sea en esto, al nefando Gobierno socialista, porque considero al PSOE como la peor de las enfermedades que haya podido contraer España; pero su postura me parece de mínima dignidad, y en tanto así sea, debe ser respaldado. Más todavía me duele la angurria de estos desalmados que se empeñan en encajar en su realidad todos los deplorables mitos vampirescos y satánicos que arrastran, y más, mucho más, que comentaristas pensantes con preclaro juicio les apoyen o que un partido como el PP se enfangue para siempre las manos con este detritus social, dilapidando los logros que había conseguido. ¿Acaso éstos comentaristas y estos políticos no son personas, no tienen hijos que un día trabajarán o no desean la paz social?... ¿Acaso por un hoy estar bien o llevar la contraria al adversario, aun sin razón, están dispuestos a sumergirnos en una cruenta lucha de clases?... ¿Qué les importa de España: una parte sólo?...

España está lejos de solucionar sus problemas cargando siempre todos los costos sociales en los trabajadores. Por ahí no va la cosa, ni así se construye ningún país, aunque ese país quede encuadrado en Europa o la galaxia de Andrómeda: más gente cabreada, con hambre o necesidades por cubrir, sólo significa mayor desmadre cuando se suelte el tapón, y está por liberarse, sólo que los trabajadores ya saben leer, están instruidos y son capaces de coordinarse, a diferencia de lo sucedido en otros episodios de la Historia. Veremos, si el tapón se suelta, qué genio sale de la botella, o quién, aunque sea en urbanizaciones de lujo, podrá dormir con la ventana abierta.

Los empresarios, bien se ve, han realizado esta maniobra de la falsa crisis que nos concierne para renunciar al futuro y volver a las glorias del feudalismo: he aquí, sus verdaderos fines. El futuro, ayer.

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