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Natación impermeable

Pablo Primo
Pablo Primo
@primoarias
miércoles, 29 de julio de 2009, 05:53 h (CET)
La guerra del bañador ha sumido a la natación en un caos. El Mundial de natación de Roma llega precedido por la controversia del uso generalizado de los nuevos bañadores impermeables de una pieza que la FINA (Federación Internacional de natación) no ha querido prohibir. Los nuevos trajes de baño y el poliuretano están protagonizando una nueva lluvia de récords en la pileta romana, donde gran parte de los participantes en las pruebas de nado recurren a ellos.

La omisión reguladora de la federación internacional ha puesto a la natación al borde del descrédito al tiempo que ha aumentado las expectativas sobre un deporte cuyo futuro parece incierto. La tecnología puede ser positiva siempre que todos los nadadores (y sus clubes) tengan igualdad de acceso al famoso bañador y que la FINA no ande mareando la perdiz, como hizo la pasada semana en su Congreso.

Porque allí aprobó la prohibición de los bañadores tecnológicos a partir de 2010. Una decisión polémica tras permitir su uso en el presente mundial. O tirar hacia un lado o hacia el otro, pero no permitir un bañador que medio año después no se permitirá en los campeonatos. Como siempre, hay un montón de intereses detrás de esta pelotera. Existe el lado de los políticos del organismo de gobierno y la parte de los entrenadores. Los primeros respaldan a los fabricantes en su carrera tecnológica, mientras que los otros intentan salvar los principios que han definido este deporte durante años.

La falta de decisión de la federación internacional ha provocado un cierto caos en la competición, hasta que se decidió finalmente que el poliuretano sí pudiera estar presente en el Mundial. La posibilidad de que se batan importantes récords en el evento italiano supone además que estén fijados durante mucho tiempo, ya que se volverá a la natación tradicional, donde cuestiones tecnológicas y empresariales no empañan la rivalidad deportiva.

No importa que unos bañadores impermeables hagan mejorar la natación. Todo avanza y el hombre se sirve de la tecnología para vivir más y mejor. Al deporte también le llega. El automovilismo, el esquí o el ciclismo han cambiado mucho por medio de la innovación. El problema no es que la FINA quiera atraer el interés a la natación por medio de unos bañadores que pulverizan récords. El problema es que los permitan para volver al taparrabos meses después. ¿Qué ocurre?

Una descoordinación y una mala gestión que provocará que la piscina romana falsee las marcas de este deporte durante este campeonato. La FINA ha hecho la vista gorda para permitir el uso de unos trajes de baño que ayudan a flotar y aumentan el deslizamiento. Ahora la polémica está servida y el asunto promete más vueltas de tuerca, ¿hacia dónde se dirige la natación?

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