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Las dos crisis de la prensa

Wifredo Espina
Wifredo Espina
@wifredoespina
martes, 28 de julio de 2009, 06:15 h (CET)
No una, sino dos son las crisis que afectan ahora a la prensa, y a los medios de comunicación en general. La crisis económica y la de adaptar su función en la nueva sociedad.

La económica, por estar inmersa en la crisis generalizada que vivimos. La de adaptación a un nuevo marco, caracterizado por la espectacular multiplicación de medios con una función específica y en soportes diversos.

Todos los medios, grandes o más pequeños, tienen serias dificultades, algunos de supervivencia. La merma importante de publicidad -y de lectores, en el caso de la prensa de papel- ha comportado situaciones críticas empresariales y de tensiones internas de personal, cómo vemos cada día. Los clamores a las Administraciones Publicas a favor de ayudas, quizás necesarias, son peligrosos; les puede ayudar a sobrevivir, pero quizás a cambio de pérdida de independencia en su genuina misión de informar y de opinar. En este caso, se sumaria una tercera crisis: la del sentido de su existencia. Sólo si se encontrara, cosa muy difícil, un sistema de ayuda neutra, sería aceptable como una emergencia.

En la crisis de adaptación, más profunda que la económica, la prensa de papel, principalmente, y de carácter generalista parece tener las de perder. Por dos razones: la gran competencia de otros medios más baratos y/o dirigidos a sectores específicos, y la que el profesor Miquel Tresserras, decano de la Facultad de Comunicación, de la Universidad Ramon Llull, describe como “fragmentación de la sociedad de masas"; es decir, a pesar de la globalización, la sociedad se fragmenta en sectores de intereses o aficiones particulares. Ya no hay, o cada vez menos -viene a decir-, vivencias o visiones globales de país, patria o nación, en toda su complejidad, sino agrupaciones por motivaciones u objetivos sectoriales. En este contexto, pierden fuerza e incidencia los medios generalistas, con visiones colectivas generales. Los medios audiovisuales y particularmente Internet y los derivados de las nuevas tecnologías, se impondrán; ya que permiten una intercomunicación, que saca el individuo de la soledad que vive en una sociedad descohesionada y satisfacen sus intereses y aficiones particulares.

Entonces,"¿quién se preocupará del bien común?", se pregunta Tresserras, en una sugerente conferencia en el CAC, titulada “¿El fin de los medios de comunicación de masas?”, en la línea de una preocupación de grandes pensadores actuales. "No hay países- dice-, tan sólo hay comunidades particulares. La masa ha coagulado en miles de fragmentos. El interés por el bien común va desapareciendo".
Por otra parte, señala,"la fascinación del espectáculo mediático televisivo paraliza la racionalidad argumentativa de la gente, y también es verdad que la llamada opinión pública no dice lo que opina la mayoría de la gente sino lo que la gente tiene que pensar, o hacer ver que piensa". Y cita Alain Touraine: "el mundo asiste a una peligrosa fragmentación en el ámbito de las identidades culturales". "En la época de la hipercomunicación, la sociedad se parte en grupos particulares que se desentienden del conjunto. Si la sociedad de masas peligra, la comunicación de masas está en una crisis que no es coyuntural. Los problemas de fondo de los medios de la comunicación de masas vienen, sobre todo, de la fragmentación imparable de la sociedad. Internet es la metáfora".

Visto así,"el problema que tienen los medios de comunicación de masas sería de concepto. La prensa escrita, la radio y la televisión destinadas al gran público tendrían que adelgazar muchísimo, y se multiplicarían hasta hacerse incontables los medios de entretenimiento y de información destinados a redes sectoriales. Los diarios de información general y de debate político y cultural, tanto de papel como digitales, se dirigirían a un target preciso, acostumbrado a leer las largas cartas de los autores de libros, hábil en el dominio de la argumentación racional. En papel, estos diarios serían de tirada más corta y, por lo tanto, bastantes más caros, pero tendrían un cierto prestigio, en la medida de su elitismo. Porque los medios de comunicación más numerosos serían de pantalla y especializados".

Para Tresserras,"la crisis económica ha hecho evidentes, cuando menos, dos constataciones que se imponen a todo el mundo, políticos, comunicadores y ciudadanos en general: 1ra., que los intereses particulares de la gente se juegan en el mundo global; y 2ª., que las indispensables reglas de juego globales tienen que ser racionales. Por eso, tan sólo los medios de comunicación generalistas (en cualquier soporte: papel, radio, televisión, internet), por adelgazados que sean, podrán ejercer de hilos de cohesión social. Es lo que harán. Eso sí, con unos profesionales que tienen que ser mucho más que aquellos meros gacetilleros de que hablaba Eugeni d'Ors".

Volvamos, pues, a la pregunta: ¿Quién se ocupará del bien común? Correspondería, al menos, a los medios de comunicación generalistas, especialmente los de papel. No vamos, por tanto, hacia “el fin de los medios de comunicación de masas”, pero estos, tras adelgazar, acortar tiradas y encarecerse, sufrirán una reorientación y una reubicación en la nueva sociedad del futuro.

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Wifredo Espina es comentarista político y ex director del Centre d’Investigació de la Comunicació.

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