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Replanteando la F1
Daniel Sanabria
Volvía el domingo de correr el Trofeo San Lorenzo en el madrileño barrio de Lavapiés cuando decido encender la televisión. Lo primero que veo es a Fernando Alonso por delante de Hamilton haciendo honor a la Pole lograda el día anterior. No recuerdo bien si llevaban doce o trece vueltas, cuando Alonso se ve obligado a parar en boxes y sus mecánicos le cambian las ruedas. Recuerdo un comentario que salió de la televisión: “la parada ha sido rapidísima, unos seis segundos”. Demasiado rápida, pensé yo, un perfecto ignorante en Fórmula1, para mis adentros.
El caso es que a mi me fallan muchos conocimientos deportivos pero, intuiciones, pocas. A escasos segundos de salir de boxes Alonso perdía un neumático que fue a parar Dios sabe donde. El error del mecánico de Renault que atornilló la rueda derecha delantera hizo planear el espíritu del ‘Tuercas’ sobre Hungría. Para un Gran Premio que Alonso aspiraba a ganar, un nuevo error de equipo le dejaba sin opción alguna.
Reitero que la Fórmula 1 es un mundo que para mí puede ser tan conocido como el de la reproducción del escorpión africano, pero si la Fórmula 1, como todas las disciplinas de motor, está considerada deporte, hay algo que no encaja. Digo yo que una competición deportiva debe tener como primera normativa la equidad de los participantes, es decir, la igualdad de condiciones antes de iniciarse el campeonato.
Los campeonatos de los deportes punteros suelen decidirse por el talento: fútbol, tenis, baloncesto, balonmano, atletismo…, las condiciones físicas de un deportista se unen a las condiciones técnicas y su puesta en práctica. Pero la Fórmula 1 es un deporte que está montado de una forma curiosa: los pilotos son los que ganan o pierden las carreras, eso sí, dependen totalmente del coche que conducen. Es decir, que dependiendo de la máquina que lleven debajo del culo su talento aumenta hasta cotas insospechadas o hace “chas” y desaparece de su lado.
No es un secreto para nadie que la Fórmula 1 no mide el nivel de los pilotos que hay sobre la pista, sino la tecnología punta de los motores y demás accesorios que llevan los monoplazas. Si es así, ¿por qué en la prensa no se habla de los ingenieros, los mecánicos, los entrenadores, los técnicos… de cada escudería? Pero con nombres propios, igual que con los pilotos. Porque todo el mundo sabemos cuáles son los pilotos que conducen los Braun, Ferrari o McLaren, pero nadie sabe nada de esa gente que trabaja en la trastienda y que construye los coches ganadores. O los perdedores.
La Fórmula 1 es más una competición entre laboratorios de ingeniería que una carrera de coches. Las clasificación final del Mundial no verifica quién es el mejor piloto del mundo sino qué piloto, en unas condiciones más favorables que sus rivales, ha tenido un equipo que ha cometido menos errores que los demás. La figura del piloto en el planteamiento actual de la F1 está sobrevalorada. Nadie es nada sin un buen monoplaza, de la misma forma que un mediocre puede ser campeón si parte con el mejor coche.
Para rematar mi juicio, ayer miro el periódico y leo que en el GP de Valencia Alonso podría competir con Ferrari… Sin palabras. Piénsenlo, ¿Realmente está bien planteado este deporte tal y como está montado ahora mismo?
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