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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

A vueltas con la violencia

Mario López
Mario López
lunes, 27 de julio de 2009, 06:33 h (CET)
Las ganas de vivir es algo con lo que se nace. Durante los primeros años de vida se mantiene prácticamente incólume, pero muy pronto se pone a prueba ante el acoso de los demás. Los otros, por comisión u omisión, te van cercenando ese inicial deseo por mantenerte en este estado que no aciertas a comprender muy bien a qué obedece y por qué se produce, al que llamamos vida.

Aún a sabiendas de que más pronto que tarde acabarás volviendo a la nada, la presión ambiental te lleva en numerosas ocasiones a plantearte la posibilidad de adelantar el susodicho retorno. Como cuando, al cabo de la semana de estar en la playa, te das cuenta de que aquello es un infierno y que no hay nada como estar en casita. Las muchas cosas que de continuo se anteponen a tu voluntad, haciéndote imposible el llevar a cabo todo aquello por lo que te merecería la pena seguir viviendo, son casi todo lo que puedes sacar en limpio de tu relación con los otros. No nos engañemos, la mayoría de los demás son nuestros enemigos. Y cuanto más próximos, más enemigos. El caso es que esta hostilidad intrahumana habitualmente nos pasa desapercibida. Tan sólo percibimos sus nefastas consecuencias y, de vez en cuando, el desagradable golpe de alguna de sus más torpes manifestaciones, como cuando alguien te pisa en el metro. Y nos pasa desapercibida porque, por lo general, se encuentra soterrada bajo el tupido velo de nuestra inconmensurable hipocresía. Esa descomunal hipocresía que caracteriza al ser humano y que le hace parecer sorprendido por conductas supuestamente atípicas y que, en realidad, lleva repitiendo reiteradamente y con implacable perseverancia durante siglos. La afición por soterrar su beligerancia es tal que ya acaba por contagiarlo todo. El ser humano soterra todo lo soterrable. Lo cierto es que si fuéramos conscientes de esta hostilidad que contiene toda relación con los demás y tomáramos las medidas oportunas para eludirla, quizá podríamos empezar a plantearnos vivir tranquilos. Todo cuanto se afirma, con injustificados aspavientos, sobre los hechos violentos que saltan a las primeras páginas de los periódicos es puro teatro. Antes de criminalizar al vecino deberíamos empezar a calibrar la cantidad de mala leche que acumulamos cada uno de nosotros. Que no es poca.

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