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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Cuando el futuro nos alcance

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
lunes, 27 de julio de 2009, 06:10 h (CET)
Parece ser que algunos países ya están saliendo de esta crisis inventada, y otros comienzan a ver seriamente el final del túnel. Una buena noticia, aunque sólo en cierta forma, porque si bien la cosa vuelve a cierta normalidad, la tal anormalidad es idéntica a la de antes que estallara la crisis de los golfos; es decir, que todo queda exactamente igual, con la única diferencia de que se les ha regalado a los riquísimos ingentes cantidades de millones. Pero, en fin, todo regresa a la anormalidad. Pagará Juan Pueblo, como siempre, por esta crisis que jamás fue otra cosa que el negocio de los muy vivos. No hemos aprendido nada: hasta la próxima.

En España, sin embargo, aún nos queda un buen trecho de caída libre no para los riquísimos ni para los banqueros, sino para ese Juan Pueblo que traga con todo y abona en sangre cualquier exceso de sus gobernantes. Por delante nos queda mucho más desempleo, mucho más sufrimiento, muchos más pactos entre los sindicatos verticales de los funcionarios, los empresarios y el gobierno de los poderosos, que atarán todavía más el porvenir de los pocos que trabajan en España y la sostienen. Son los lodos que han traído los polvos de los incompetentes, los pillos, los tramposos y los políticos que más han buscado el propio beneficio y el aparente mal del partido adversario que el bienestar del país y sus ciudadanos. Es la consecuencia lógica de la institucionalización de la corrupción como forma natural de hacer negocios y fortunas, aunque se hable y hable de trajes, bolsos y maniobras de diversión semejantes, entretanto se ha saqueado la caja para que los que tenían mucho, tengan más, y que los que menos tenían, puedan hacer relaciones sociales en las colas del INEM.

Superaremos la crisis, sin embargo, no porque aquí haya nadie capaz de hacer lo más mínimo por la ciudadanía ni por el mismo país al que teóricamente sirven, sino porque nos sacarán nuestros vecinos de las orejas de este pozo de incompetencia, pero nada habrá cambiado, al igual en todos los demás países. Saldremos todos, sí, y continuaremos atávicamente en nuestra senda de despropósitos sin haber aprovechado esta trascendente oportunidad de regenerarnos como sociedad, prosiguiendo nuestra errática andadura hasta que el futuro nos alcance.

Nada ha cambiado, de nada ha aprovechado el sufrimiento, sino para que hayan sufrido más los más débiles. La constatación de que pasar ciertas pruebas es del todo inútil, sólo dice de nosotros y nuestros gobernantes lo chato que es nuestra capacidad de respuesta y rebeldía y lo nulo de nuestros falsos propósitos de enmienda. Después de las negras nubes del dolor saldrá el sol de la dicha y calentará los cuerpos (almas no quedan), y podremos ver que nada, nada ha cambiado: los freakys seguirán en sus puestos de predominancia social, los incompetentes al frente de Instituciones y Ministerios, la aberración en su solio de domino y la estupidez anegando todos los rincones patrios. Nos sometimos a examen... y suspendimos.

Todo volverá a ser como antes. Pedro se habrá equivocado una vez más, porque no ha venido el lobo; pero el lobo acecha. El futuro es una bestia muy lenta, pero que sin embargo siempre alcanza a la liebre, y un día, más pronto que tarde, nos alcanzará a todos. No llegaremos muy lejos sin aprender las lecciones saturnianas, y precisamente por no aprender estaremos condenados a repetir una vez y otra la misma lección, tal y como viene sucediendo desde los años sesenta, sólo que cada vez las lecciones son más duras.

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